Elecciones panameñistas
Cuatro miembros del Partido Panameñista, ninguno de ellos en la edad provecta, aspiran a la Presidencia del colectivo en elecciones próximas a efectuarse.
A cada uno de ellos se les ha presentado, como en bandeja de plata, la oportunidad de demostrar sus conocimientos y programas de trabajo que comprueben su capacidad de acción y de servir.
La circunstancia de que todos los actuales candidatos del panameñismo para lograr su presidencia, son jóvenes, hace oportuno traer a colación el diálogo del filósofo Sócrates con un vanidoso joven ateniense que intentaba incursionar en política.
Sócrates le dice a Glaucón que para dedicarse a la política se requiere conocerla y tener otros conocimientos y vocación de servirle al país. Acto seguido, le pregunta cuál es el primer servicio que piensa él prestarle a la República. Glaucón calla. Le pregunta entonces si desea enriquecerla. Le contesta que sí. Sócrates le dice que la forma de obtenerlo es procurándole muchas rentas, y si ello es así, le pregunta de donde salen los ingresos del Estado y a cuánto ascienden. Glaucón responde que nunca se enteró de eso.
Siguieron otras preguntas que el joven no pudo contestar.
En esa forma Sócrates hizo evidente, con su mordacidad y profunda ironía, que Glaucón no estaba preparado con los conocimientos necesarios para servirle a la República y por tanto no podría ser un buen político.
Sería ideal que el electorado pudiera apreciar, por percepción propia, de quienes podría esperarse lo mejor para el país de entre aquellos que aspiran a ostentar cargos públicos mediante elección. El votante escogería entonces a los más merecedores por ser los más capaces y se disminuiría el número de aventureros, demagogos, mediocres e incapaces, pescando en río revuelto.
A cada uno de ellos se les ha presentado, como en bandeja de plata, la oportunidad de demostrar sus conocimientos y programas de trabajo que comprueben su capacidad de acción y de servir.
La circunstancia de que todos los actuales candidatos del panameñismo para lograr su presidencia, son jóvenes, hace oportuno traer a colación el diálogo del filósofo Sócrates con un vanidoso joven ateniense que intentaba incursionar en política.
Sócrates le dice a Glaucón que para dedicarse a la política se requiere conocerla y tener otros conocimientos y vocación de servirle al país. Acto seguido, le pregunta cuál es el primer servicio que piensa él prestarle a la República. Glaucón calla. Le pregunta entonces si desea enriquecerla. Le contesta que sí. Sócrates le dice que la forma de obtenerlo es procurándole muchas rentas, y si ello es así, le pregunta de donde salen los ingresos del Estado y a cuánto ascienden. Glaucón responde que nunca se enteró de eso.
Siguieron otras preguntas que el joven no pudo contestar.
En esa forma Sócrates hizo evidente, con su mordacidad y profunda ironía, que Glaucón no estaba preparado con los conocimientos necesarios para servirle a la República y por tanto no podría ser un buen político.
Sería ideal que el electorado pudiera apreciar, por percepción propia, de quienes podría esperarse lo mejor para el país de entre aquellos que aspiran a ostentar cargos públicos mediante elección. El votante escogería entonces a los más merecedores por ser los más capaces y se disminuiría el número de aventureros, demagogos, mediocres e incapaces, pescando en río revuelto.