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¿Elecciones para qué?


¿De qué manera la participación electoral de la gente que quiere hacer algo bueno por los pobres ha servido para defender los intereses de éstos y sustentar la democracia del país? Hay quienes pretenden hacer creer que participar en las elecciones y votar por tal o cual candidato es necesario para avanzar en la lucha contra el hambre, la miseria, la desocupación y otras lacras sociales. La realidad es diferente, y esto se puede ver en 180 años de procesos electorales en América Latina.
Al contrario de lo que se dice sobre las elecciones, el hambre y la miseria han crecido paralelos a los falsos ofrecimientos de los políticos, que en cada proceso electoral han llenado la cabeza de los electores con ilusiones de bienestar social. Si para algo han servido las elecciones, ha sido para engañar a las masas y profundizar la desigualdad entre pobres y ricos.
Mantener y ampliar la pobreza conviene a los gobernantes, y una de las razones sería que los pobres son fácilmente manipulables a la hora de las elecciones. Si tomamos como punto de referencia las últimas dos décadas (1,980-2,003), se podrá observar que los discursos y ofrecimientos electorales no han tenido otro objetivo que estafar a los electores, y en lo concreto no han aportado nada para resolver los graves problemas como el hambre y la miseria en el seno de la mayoría de la población.
Según la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), en 1980 los pobres extremos en América Latina eran de 112 millones. Esta cifra en 1986 aumentó a 164 millones. Este drama creció en 1989, y el número de hambrientos llegó a cerca de 200 millones, y hasta el 2003 se contaron nada menos que 220 millones de personas (43.4% de la población latinoamericana), que, como dice la CEPAL, "viven por debajo de la línea de pobreza; es decir, que no cuentan con recursos para acceder a una canasta básica de bienes y servicios" (CEPAL, Informe 2,002-2,003).
El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), por su parte, afirma que en el 2003 eran 150 millones (más de la mitad de 1980) de personas en Latinoamérica que tenían un ingreso de sólo dos dólares por día, y que 95 millones de las personas consideradas en las cifras de la pobreza son indigentes; o sea, gente que no tiene nada cotidianamente.
La curva ascendente del hambre y la miseria en América Latina es una de las pruebas que muestran que las elecciones no sirven para "defender los intereses de los pobres" y la democracia, como propagan falsamente los políticos en cada proceso electoral. Si cada día hay más hambre, como muestra la realidad, habría que preguntarse ¿para qué entonces sirven las elecciones?
(pastord@hotmail.com)
El corregidor de Río Abajo, Omar Ahumada, admite que había un problema, pero se había fijado una fianza de paz y buena conducta entre las partes, y el acusado estuvo detenido por breve tiempo.
Como consecuencia del siniestro quedaron sin hogar 17 adultos y menores que en total integran 7 familias. El mayor Humberto Cruz, del Cuerpo de Bomberos de Panamá, dijo que la alarma se recibió a las 2:44 p.m. y lograron controlar el incendio en un tiempo aproximado de 30 minutos.
En una de las primeras acciones, el alcalde Juan Carlos Navarro dispuso suministrar la alimentación necesaria para todos los damnificados durante los próximos cuatro días, así como reponerle parte de los enseres más importantes que perdieron.
Hoy, en horas de la mañana, personal y equipo de la Dirección Metropolitana de Aseo Urbano y Domiciliario (DIMAUD) procederá a remover los escombros para que el ministerio de Vivienda levante las barracas para alojar a los afectados.

101 años de Panamá América

 
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