Elecciones y pobreza
Reflexionamos sobre la pobreza en uno de sus muchos aspectos. Hoy la relacionamos con una realidad inescapable: las elecciones. Muchas elecciones han llevado a algunos a la pobreza por lo que tuvieron que gastar y no consiguieron nada. Otros, por el contrario, con las elecciones se volvieron ricos y salieron de la pobreza. También existe el hecho que con el voto de los pobres, que han seguido peores en su pobreza, muchos han salido de la pobreza. Son vueltas de estas dos realidades. Es cierto que la democracia no sólo es escoger por elecciones a los que van a manejar los destinos de la patria y de la comunidad no con discursos sino con decisiones sobre dónde destinar los fondos que supuestamente son de todos. ¿Qué hacer? Nada de vender tu voto, ni regalarlo sino darle valor, el valor de tu persona que se aprecia.
Como parte de la actualización e inserción en la realidad nacional de la comunidad creyente activa católica se tuvo este año la Jornada Pastoral del 13 al 15 de enero, pasado con la acostumbrada participación de miembros del clero y, sobre todo, de delegados de las 90 parroquias de la Arquidiócesis y conducida la jornada por Monseñor Jorge Jiménez Carvajal, el Obispo de Zipaquirá, Cundinamarca, Colombia. La actividad era una continuación de la Misión 2003, en la que se buscaba promover una participación política responsable como expresión de una fe adulta.
La Jornada consideró los ocho grandes desafíos de la sociedad panameña, tomados de la Casta Pastoral No.16 y la jornada pastoral del 2003 en la que se invitó al cardenal Rodríguez Madariaga de Tegucigalpa, Honduras.
No sé qué más falta. Antes no se podía hablar de política. Y nos divorciábamos de la política y teníamos nuestras simpatías ocultas como todo el mundo aunque hablábamos de principios, de la sociedad, de teorías vaporosas, de los grandes principios del bien común siempre tratando de respetar las decisiones de cada uno de los creyentes a diferencia de cómo se ha hecho en otros países centroamericanos en que se ha dicho expresamente por quién hay que votar.
Hoy, se impone hacer algo para que un asunto tan serio como es elegir a los que han de dirigir la cosa pública se haga con conciencia. Concienciar. Ya está bueno el lamentarse por cinco años de la elección que hicimos, hay que convencer a la masa creyente que la política no es mala, la que la hacen mala son los malos políticos. Ya es hora que tomemos parte en algo que es del interés de todos, no de los más vivos. Otra vez cabe el dicho: La política es tan importante que no hay que dejársela a los políticos.
Dada la situación concreta nuestra, se ha avanzado bastante en el diálogo. Me comentaba un sacerdote no panameño, que daba gusto ver cómo se ventilan los problemas al aire y casi con un aire de jocosidad, pues la sangre no llega al río. Como dándome a entender la curiosa idiosincrasia del panameño.
Los ocho desafíos: 1) el desafío de la consolidación nacional, 2) el desafío de la democratización, 3) el desafío de la preservación del medio ambiente, 4) el desafío de la generación de empleo, 5) el desafío de una educación de calidad, 6) el desafío de combatir la pobreza, 7) el desafío de la seguridad ciudadana, 8) el desafío de las transformaciones estructurales.
Se les preguntó a los candidatos sobre el desafío que le correspondía a cada grupo y la impresión fue de satisfacción de la obra emprendida. Hubo mucho respeto y los candidatos se dieron gusto ofreciendo sus soluciones. Por algo son candidatos. Los temas eran sus temas preferidos que, incluso, había que cortarles su espacio designado y limitado. Me comentaba uno: hablan tan bien de los temas de lo que van a hacer y deshacer que por lo visto habría que votar por todos, y que habría que decirles: repártanse el país y gobiérnenlo según lo bien que hablaron y respondieron. Sin embargo sabemos que el país no se gobierna sólo con hablar y presentar propuestas. Del dicho al hecho hay un gran trecho. Y en el trecho está el busilis.
Un sociólogo de la comunicación comentaba que es difícil predecir con quién va a votar el pueblo que decidirá quién va a ser el presidente, por tanto las encuestas con todas sus ecuaciones y sus tomas y su seriedad tienen valor relativo como un indicador, pero no como algo infalible. Una percepción somera de la actitud crítica de los delegados parroquiales y pastorales respecto de las respuestas dadas a las preguntas confirmó la afirmación del sociólogo de que en lo interior ya tienen hecha su decisión, pero por ahora es incomunicable por eso se dan otras respuestas.
Porque, sin lugar a dudas, existe el voto de castigo. No queremos más de lo mismo. Lo que quieren los pobres es ver aliviada la lucha diaria por la supervivencia, por tanto no importa qué ideología o qué partido o qué color le presentes; el pobre vota por la persona que lo saludó y le prometió que le conseguiría la beca para la niña, el cupo para el taxi para el "pela"o", o un trabajo de secretaria, o algo que signifique algún ingreso extra. Vota porque el vecino se lo pidió. Vota porque es pariente, porque es de allá donde uno. Eso no debe ser así y hacia la corrección de esa actitud se dirigió la jornada. Al menos se ha dado un paso en la maduración política que tomará tiempo.
Anécdota: una señora que trabajaba en el mantenimiento y aseo de un templo me contaba preocupada que ella había ido a las distintas concentraciones y en una consiguió una olla, en otra unos sweters, en otra unas gorras y en otra, otras dádivas y qué hacía ahora, ¿las devolvía? ¿A quién? ¿Por qué? Porque no pensaba votar por ninguno.
Como parte de la actualización e inserción en la realidad nacional de la comunidad creyente activa católica se tuvo este año la Jornada Pastoral del 13 al 15 de enero, pasado con la acostumbrada participación de miembros del clero y, sobre todo, de delegados de las 90 parroquias de la Arquidiócesis y conducida la jornada por Monseñor Jorge Jiménez Carvajal, el Obispo de Zipaquirá, Cundinamarca, Colombia. La actividad era una continuación de la Misión 2003, en la que se buscaba promover una participación política responsable como expresión de una fe adulta.
La Jornada consideró los ocho grandes desafíos de la sociedad panameña, tomados de la Casta Pastoral No.16 y la jornada pastoral del 2003 en la que se invitó al cardenal Rodríguez Madariaga de Tegucigalpa, Honduras.
No sé qué más falta. Antes no se podía hablar de política. Y nos divorciábamos de la política y teníamos nuestras simpatías ocultas como todo el mundo aunque hablábamos de principios, de la sociedad, de teorías vaporosas, de los grandes principios del bien común siempre tratando de respetar las decisiones de cada uno de los creyentes a diferencia de cómo se ha hecho en otros países centroamericanos en que se ha dicho expresamente por quién hay que votar.
Hoy, se impone hacer algo para que un asunto tan serio como es elegir a los que han de dirigir la cosa pública se haga con conciencia. Concienciar. Ya está bueno el lamentarse por cinco años de la elección que hicimos, hay que convencer a la masa creyente que la política no es mala, la que la hacen mala son los malos políticos. Ya es hora que tomemos parte en algo que es del interés de todos, no de los más vivos. Otra vez cabe el dicho: La política es tan importante que no hay que dejársela a los políticos.
Dada la situación concreta nuestra, se ha avanzado bastante en el diálogo. Me comentaba un sacerdote no panameño, que daba gusto ver cómo se ventilan los problemas al aire y casi con un aire de jocosidad, pues la sangre no llega al río. Como dándome a entender la curiosa idiosincrasia del panameño.
Los ocho desafíos: 1) el desafío de la consolidación nacional, 2) el desafío de la democratización, 3) el desafío de la preservación del medio ambiente, 4) el desafío de la generación de empleo, 5) el desafío de una educación de calidad, 6) el desafío de combatir la pobreza, 7) el desafío de la seguridad ciudadana, 8) el desafío de las transformaciones estructurales.
Se les preguntó a los candidatos sobre el desafío que le correspondía a cada grupo y la impresión fue de satisfacción de la obra emprendida. Hubo mucho respeto y los candidatos se dieron gusto ofreciendo sus soluciones. Por algo son candidatos. Los temas eran sus temas preferidos que, incluso, había que cortarles su espacio designado y limitado. Me comentaba uno: hablan tan bien de los temas de lo que van a hacer y deshacer que por lo visto habría que votar por todos, y que habría que decirles: repártanse el país y gobiérnenlo según lo bien que hablaron y respondieron. Sin embargo sabemos que el país no se gobierna sólo con hablar y presentar propuestas. Del dicho al hecho hay un gran trecho. Y en el trecho está el busilis.
Un sociólogo de la comunicación comentaba que es difícil predecir con quién va a votar el pueblo que decidirá quién va a ser el presidente, por tanto las encuestas con todas sus ecuaciones y sus tomas y su seriedad tienen valor relativo como un indicador, pero no como algo infalible. Una percepción somera de la actitud crítica de los delegados parroquiales y pastorales respecto de las respuestas dadas a las preguntas confirmó la afirmación del sociólogo de que en lo interior ya tienen hecha su decisión, pero por ahora es incomunicable por eso se dan otras respuestas.
Porque, sin lugar a dudas, existe el voto de castigo. No queremos más de lo mismo. Lo que quieren los pobres es ver aliviada la lucha diaria por la supervivencia, por tanto no importa qué ideología o qué partido o qué color le presentes; el pobre vota por la persona que lo saludó y le prometió que le conseguiría la beca para la niña, el cupo para el taxi para el "pela"o", o un trabajo de secretaria, o algo que signifique algún ingreso extra. Vota porque el vecino se lo pidió. Vota porque es pariente, porque es de allá donde uno. Eso no debe ser así y hacia la corrección de esa actitud se dirigió la jornada. Al menos se ha dado un paso en la maduración política que tomará tiempo.
Anécdota: una señora que trabajaba en el mantenimiento y aseo de un templo me contaba preocupada que ella había ido a las distintas concentraciones y en una consiguió una olla, en otra unos sweters, en otra unas gorras y en otra, otras dádivas y qué hacía ahora, ¿las devolvía? ¿A quién? ¿Por qué? Porque no pensaba votar por ninguno.