Elegancia
Algunas veces debemos seguir criterios de conducta elementales para el comportamiento general de nuestra sociedad; sin embargo en esta cultura moderna de igualdad, las reglas de cortesía parecen cosas del pasado.
La elegancia definida por el diccionario de nuestra Academia de la Lengua Española, se muestra como la forma bella de expresar los pensamientos, además de significar gracia, nobleza y sencillez.
Pero para algunos, en especial de aquellos que dicen ser representantes del pueblo, la cortesía y elegancia hacia sus semejantes han quedado al margen por situaciones económicas y políticas.
Los movimientos hechos últimamente por la actual Asamblea Nacional de reformar su reglamento interno y otorgar poderes extraordinarios al presidente Ernesto Pérez Balladares, de manera que pueda legislar por decretos-leyes, constituyen sin duda un golpe bajo que se propina al gobierno de la presidenta electa Doña Mireya Moscoso.
Modificar el reglamento interno de la Asamblea Legislativa para complacer el deseo del Presidente de no asistir a la toma de posesión de la Presidenta Electa, no sólo es un ridículo, sino una falta elemental de cortesía y elegancia.
Estas modificaciones representan un golpe bajo, por la forma apresurada y retardada que utiliza el PRD para acordarse de una modernización legislativa argumentando estabilidad y autonomía financiera.
Somos del criterio que nuestro órgano legislativo merece una independencia en sus decisiones, sean políticas, sociales o económicas; pero sin afectar el funcionamiento y trabajo del ejecutivo.
Por eso considero que las acciones emprendidas por la aplanadora legislativa oficialista, merecen una especial atención de la opinión pública, debido a la poca elegancia política que asumieron los PRD y sus aliados al aprobar estas leyes, en víspera de una transición presidencial.
La mala fe que está demostrando el partido de Gobierno hacia la primera mujer que ocupará la Presidencia de la República en nuestro país, requiere de un análisis profundo por parte de nosotros; ya que diariamente vemos cómo las esferas del poder juegan con la decisión ampliamente mayoritaria del pueblo panameño.
La elegancia como sinónimo de prestigio y respeto debe ser asimilada de manera intelectual por la actual cúpula; la cual últimamente está haciendo gala de mezquindad y poca altura.
La elegancia definida por el diccionario de nuestra Academia de la Lengua Española, se muestra como la forma bella de expresar los pensamientos, además de significar gracia, nobleza y sencillez.
Pero para algunos, en especial de aquellos que dicen ser representantes del pueblo, la cortesía y elegancia hacia sus semejantes han quedado al margen por situaciones económicas y políticas.
Los movimientos hechos últimamente por la actual Asamblea Nacional de reformar su reglamento interno y otorgar poderes extraordinarios al presidente Ernesto Pérez Balladares, de manera que pueda legislar por decretos-leyes, constituyen sin duda un golpe bajo que se propina al gobierno de la presidenta electa Doña Mireya Moscoso.
Modificar el reglamento interno de la Asamblea Legislativa para complacer el deseo del Presidente de no asistir a la toma de posesión de la Presidenta Electa, no sólo es un ridículo, sino una falta elemental de cortesía y elegancia.
Estas modificaciones representan un golpe bajo, por la forma apresurada y retardada que utiliza el PRD para acordarse de una modernización legislativa argumentando estabilidad y autonomía financiera.
Somos del criterio que nuestro órgano legislativo merece una independencia en sus decisiones, sean políticas, sociales o económicas; pero sin afectar el funcionamiento y trabajo del ejecutivo.
Por eso considero que las acciones emprendidas por la aplanadora legislativa oficialista, merecen una especial atención de la opinión pública, debido a la poca elegancia política que asumieron los PRD y sus aliados al aprobar estas leyes, en víspera de una transición presidencial.
La mala fe que está demostrando el partido de Gobierno hacia la primera mujer que ocupará la Presidencia de la República en nuestro país, requiere de un análisis profundo por parte de nosotros; ya que diariamente vemos cómo las esferas del poder juegan con la decisión ampliamente mayoritaria del pueblo panameño.
La elegancia como sinónimo de prestigio y respeto debe ser asimilada de manera intelectual por la actual cúpula; la cual últimamente está haciendo gala de mezquindad y poca altura.