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Elián: estoy enfurecida, no lo puedo evitar


No puedo evitar preguntarme ¿para qué murió Elisabeth Brotons Rodríguez, la madre de Elián? Ni evitar detenerme a pensar en la abogada Hillary Rodham Clinton, con su discurso destinado a captar el voto de incautas mujeres en Nueva York. Igual que la madre de Elián, estas mujeres perderán sus sueños, sus deseos y hasta la vida creyendo el slogan de Libertad que tanto repite y restriega el actual gobierno del esposo de Hillary, Bill Clinton, ofreciendo que defenderá sus luchas, garantizará un futuro en libertad a sus hijos y enfrentará con valor a un tirano que por más de 40 años ha esclavizado, amordazado y sojuzgado a todo un pueblo a través del terror, la privación de las más elementales libertades y la manipulación de masas formadas en el sistemático adoctrinamiento comunista.
Al igual que otros periodistas, debo ser más serena -al no ser cubana- y sopesar este hecho con cordura y la moderación. Hasta el 22 de abril lo había logrado. Pero ante los sucesos de esa madrugada, estoy enfurecida. Sucesos que han clarificado descarnadamente una realidad, la verdad de saber que los latinoamericanos debemos enfrentar solos a la barbarie y que esa barbarie puede venir de los tiranos como también de los seudo-demócratas.
Al gobierno de Estados Unidos poco importan nuestras realidades y sólo actúa por sus propios intereses. La actitud complaciente y rastrera de Clinton y su gobierno, la frialdad y complicidad de Janet Reno, una mujer sin entrañas. Y esos medios de comunicación norteamericanos que califican a la población cubana en el exilio como "fanáticos que han creado una "república bananera" en la Florida" y de una manera groseramente parcial y complaciente se prestan a bailar con Castro esta guaracha desastrosa de un tirano que se niega a morir con discreción, devolviéndole a Cuba el derecho a ser libre. Esa prensa alcahueta que en 1994 no se inmutó por los 63 cubanos asesinados, incluyendo 12 niños, cuando en una embarcación intentaban huir del "Paraíso Comunista".
Deseo no pensar más en las imágenes de Elián, en ese clóset, abrazado al pescador que lo rescató del mar y de los tiburones para tenerlo que devolver a una bestia más feroz aún. Y no quiero imaginarme cómo lo manipularon, lo utilizaron hasta lograr una fotografía publicitaria con la cual tratar de tapar la bestialidad de la que es capaz el gobierno de Clinton.
¿Nadie levantará la voz por Elisabeth Brotons Rodríguez? Nadie dirá que no es justo que no sea tomada en cuenta, no sea nombrada, no sea enarbolada para impedir esta brutal hipocresía del actual gobierno norteamericano, ese que pretende continuar por cuatro años más con un Al Gore que vivarachamente se trata de distanciar, pero que ha demostrado que para él los cubanos que huyen del infierno comunista son menos importantes que "otras especies en peligro de extinción".
Lo único que me tranquiliza es una imagen comparativa: Elián y los Rehenes de Teherán. Elián costándole al Partido Demócrata las elecciones, igual que en 1979, los rehenes se llevaron los sueños reeleccionistas del Sr. Carter, que por supuesto, tampoco le importa un comino la suerte del balserito.
Nadie levantará una voz para decir que Elisabeth, donde esté, debe sentirse violada, estafada, traicionada, que un gobierno débil, insensible, cómplice y cobarde prefirió entregarle a su pequeño niño a quien gracias a la propaganda comunista aparece ahora como un amante y desolado padre, cumpliendo las ordenes que le imparte su despótico y enfermo jefe, ese actor que cuenta con "Apuntadores" tan buenos como Bob Herbert, columnista del New York Times, quien cínicamente se refiere a los cubanos de Miami como "odiadores fanáticos", pero nada dice de cientos de madres y padres cubanos que han pasado años separados de sus hijos porque el tiranosaurio no le da la gana de dejarles moverse en libertad.
¿Y qué dirá Ted Turner? Le parecerá maravilloso que Elián vuelva a Cuba a ser, como lo contempla el artículo 38 de la Constitución cubana, educado bajo la doctrina comunista, "pionero" en espiar a sus familiares y amigos, y adorador sin voz ni voto del verdugo de su madre y de su pueblo.
¿Qué dirán todas esas feministas del mundo que ahora callan cobardemente, mientras permiten este crimen y este irrespeto a la condición de mujer y de madre de una muerta?
Elisabeth no tiene voz. Igual como vivió 28 años amordazada, en un país donde impera el terror y la brutalidad, ahora en su muerte pretenden que tampoco se tome en cuenta esa voz que desde las profundas aguas del estrecho de Florida pide que se tenga en cuenta su deseo, su gesta, su sacrificio y su muerte, en aras de que Elián viva y crezca en libertad.
Elisabeth, donde te encuentres, ojalá llegue a ti mi rabia, mi dolor, mi solidaridad y mi compromiso de no permitir que tus esfuerzos, tus imaginaciones y tu hijo sean devorados por el monstruo que aplasta los sueños de libertad de un pueblo noble.
Editora, "Mujeres del Tercer Milenio" Web Magazine.

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