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Elogios para un referéndum histórico


La apertura de Panamá va más allá de los países de la región latinoamericana y del Caribe, y su influjo económico, turístico y cultural tampoco termina en las riberas de los océanos Atlántico y Pacífico. Este influjo se hace sentir en todo el mundo, especialmente en el sector del comercio internacional.
Sobre el desarrollo económico de Panamá, tal como está avanzando con la puesta en vigor de los Tratados Torrijos-Carter, no debieran descuidarse los aspectos culturales y político-culturales de un nuevo Panamá concebido en el "campo feliz de la unión". "Muchos ven en Panamá solamente una comunidad económica, una comunidad protectora para asegurar la estabilidad económica y el progreso social", lo cual lamentamos. El Estado panameño, según establece la Constitución Nacional vigente, debe realizar asimismo, en todas sus actividades y realizaciones básicas, un aporte significativo para desplegar la cultura nacional y el concepto de nacionalidad, fortaleciendo a la vez la herencia cultural común.
Durante casi un siglo de lucha incesante, la causa que "siempre unió a los panameños" fue precisamente la recuperación de su soberanía en todo el territorio nacional, incluyendo la transferencia del Canal a sus verdaderos dueños: los panameños y panameñas. Ese esfuerzo "generacional" se concretó, como queda dicho, mediante los Tratados Torrijos-Carter en 1977. Desde el 31 de diciembre de 1999, Panamá asumió por derecho natural, soberano y jurídico la administración de su Canal.
Los informes oficiales y la opinión nacional e internacional, después de un sexenio de administración de la vía por profesionales panameños, han resultado favorables a Panamá, por cuanto se ha comprobado mejor manejo y eficiencia en el servicio que se presta a nivel mundial, comparado con las administraciones estadounidenses ejecutadas durante casi una centuria (1914-1999). Los beneficios económicos y el prestigio internacional de que goza la República hoy, con proyecciones de futuro y hasta de mayores beneficios en el decurso del presente siglo, es en buena parte, el resultado de la avanzada y dinámica política exterior del gobierno del presidente Martín Torrijos.
Por todo lo antes dicho, los panameños y panameñas debemos apostar por la "ampliación del Canal", con responsabilidad ciudadana en esta nueva "cita con la patria", a la que nos ha convocado el Órgano Ejecutivo Nacional, para concurrir masivamente a votar en el referéndum. Quien se proponga proteger la herencia cultural y conservarla para el futuro, deberá mantener lo antiguo y renovarlo en el sentido material y espiritual.
A nuestro juicio, votar SÍ a la propuesta de ampliación del Canal debiera obtener máxima preferencia de la ciudadanía, si bien no ha de quedar restringido a algunos expertos y representantes supremos de la ciencia, de la tecnología, de la cultura y de la vida intelectual, sino que ha de incluir a jóvenes ciudadanos de todos los niveles educativos y gremios profesionales y sindicales.
Debe posibilitarse a todo joven panameño la oportunidad de aprender a ser responsable en el cumplimiento de sus deberes ciudadanos: esto es, con la patria, con la democracia, con el futuro de ellos mismos y de las generaciones subsiguientes. ¡La suerte está echada!
En 20 años el país ha subido de 15 a 120 pisos sus edificios.

101 años de Panamá América

 
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