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Embarazos de adolescentes


Según un estudio de las Naciones Unidas, el 20% del total de nacimientos en el país, correspondientes al año pasado, fue de jóvenes madres con edades entre 10 y 19 años. Esto es, que uno de cada cinco niños que nace tiene una mamá adolescente. Lo expuesto es un desastre y explica en parte la precaria situación social en que se encuentra sumido el país, con su cuadro de creciente delincuencia juvenil, abandono y pobreza.
Una madre de 19 años no está preparada para nada. Por su edad, apenas debe estar saliendo de secundaria, con lo que sus posibilidades de conseguir empleo es muy reducida, agravando su situación por el hecho de cargar ahora con un recién nacido en brazos.
Si ese es el cuadro para una joven mujer de 19 años, podemos imaginar lo trágico que es para una niña de 10 años. Es un crimen. Sus órganos reproductivos son frágiles y su físico igual. Si gracias a los avances de la medicina moderna sobrevive, quedaría en tal mal estado que el trauma marcaría el resto de su vida.
Hay otras repercusiones. La familia queda también traumatizada, sobre todo los abuelos de los bebés que terminan cargando con parte de la obligación. El nuevo nacimiento implica hacinamiento, compartir alimentos precarios, recargar los servicios públicos de salud.
Otro aspecto son los padres de esos recién nacidos. ¿Qué tipo de engendro embarazó a una niña de 10 años? Las señales de abandono, miseria y sus secuelas son más que obvias. Lo más probable es que los niños terminen siendo carne de presidio, drogadictos y limitados mentales, producto de la desnutrición y carencia de atención adecuada. ¿Y sus jóvenes madres? Muy probablemente, viéndose condenadas y marginadas, iniciadas en el papel de adultas prematuras, iniciarán una cadena de nuevos embarazos, prostitución, delincuencia e ignorancia (por interrupción del proceso educativo), lo cual agravará su situación.
¿Qué hacemos frente al problema? Reforzar los programas de educación sexual a nivel de las escuelas y las familias, a través de las juntas comunales; coordinar esfuerzos con las iglesias, grupos cívicos y medios de comunicación. Crear y reforzar programas de apoyo a las madres adolescentes; y castigar a los desalmados que no asumen su responsabilidad.
El temor de lo que puede ocurrir en la Frontera Este puede llevarnos a extremos, como crear un nuevo ejército o permitir que un ejército de afuera nos defienda, pero además nos involucre en el conflicto colombiano como país beligerante. El tratamiento al tema de la frontera pasa por retomar el concepto de seguridad democrática a través de priorizar el desarrollo económico y social incluyente y sostenible de la provincia de Darién y las comarcas indígenas de esa zona; conformar una zona de paz en esa región; mantener la neutralidad del istmo y reforzar una fuerza policial guardafrontera equipada y respetuosa de los derechos humanos de la población. Esto sí nos acercaría al cumplimiento de la Visión 2020.
(raulleisr @hotmail.com)

101 años de Panamá América

 
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