Empecemos todo de nuevo
Hace unas semanas atrás publiqué en este prestigioso medio las columnas Ingeniería de Estado I y II. Ante el contenido de las mismas, han sido varios y muy nutridos los comentarios y opiniones que he recibido, no obstante, ahora que tanto se habla de Asamblea Constituyente, de reformas constitucionales, de recolección de firmas y de quinta papeleta, creo propicia la oportunidad para enfatizar lo antes aportado por mí, adicionando componentes que permitan ampliar este concepto que, para fortuna nuestra, se concatena mucho con nuestra realidad.
Es necesario que empecemos todo de nuevo, que construyamos la nación de nuevo; que actuemos tomando como base la imperiosa necesidad de construir un nuevo país. No hay mejor manera de atacar los problemas que tanto nos agobian, que cortando las raíces que les brindan el sustento, y esas raíces están aferradas en cada uno de nosotros, en lo poco o lo mucho que hacemos o dejamos de hacer por salvaguardar nuestra identidad nacional y nuestra dignidad humana.
Un proceso de Ingeniería de Estado es más que política y derecho, ya que no se trata de mera ingeniería gubernamental o administrativa, se trata del Estado, y el Estado somos todos. A partir de esta premisa debemos ubicar el inicio de un proceso que involucra la proclamación del soberano e innato Poder Constituyente, aquel poder que representa la competencia y capacidad de construir o dar constitución al Estado; ese poder originario que tiene la potestad de "originar el Estado", de establecer su estructura social, política y jurídica. Ese poder es el único que, en medio de sus virtudes y defectos, puede generar los cambios que permitan lograr la tan aplazada y prometida nueva República de Panamá.
Mi propuesta de Ingeniería de Estado -y esto lo reitero- consiste en empezar todo de nuevo, en instaurar una nueva nación, en dejar en el pasado las normas que nos regulan e iniciar un proceso de estructuración social, política y jurídica similar al de una nación que acaba de independizarse. Pero, ¿de qué depende eso?. En mi escrito Ingeniería de Estado I señalé "habiendo el país reconocido su realidad y decidido optar por el cambio, no hay mejor mecanismo que el de un proceso constituyente"; sin embargo, aquí hay que hacer una importante salvedad: el liderazgo juega un papel fundamental en este proceso.
Sí los ciudadanos no encuentran un líder o grupo de líderes que, valga la redundancia, lideren la ofensiva que impulse el arranque de este proceso, los resultados no serían los adecuados. En primera instancia, estos líderes -ya sea desde fuera o desde dentro del gobierno- deben estar dispuestos a generar con acción y ejemplo, en las mentes de los panameños y panameñas, la necesidad de cambiar, de darle paso a una mentalidad nueva, encaminada a dar lo mejor por un país mejor. No podemos aspirar a hacer Ingeniería de Estado sin antes haber logrado que la mayoría de los panameños y panameñas realicen un autoexamen de conciencia que los impulse a seguir nuevas directrices sociales, políticas y, más que todo, humanas.
Hay que lograr la construcción de una sociedad más justa y humana, una sociedad que vele por si misma, en donde la mayoría de sus componentes -personas- sean capaces de reconocer que lo que ocurre fuera de sus casas, donde quiera que ocurra, les afecta directa o indirectamente.
Un proceso real de Ingeniería de Estado requiere del Poder Constituyente real, no ha medias; así lograremos construir todo de nuevo, empezar desde cero, abriendo la trocha que nos guíe a la consecución de una nación digna y orgullosa de si misma; ejemplo para el mundo. ¿Es un sueño utópico?, tal vez para muchos así lo sea, pero es la única salida. Depende de muchas cosas, en especial de voluntad y decisión, pero representa realmente lo que necesitamos. El Estado somos todos, si la mayoría somos injustos, así mismo será la imagen de nuestra nación, si la mayoría optamos por ser justos, por cambiar nuestro actuar, por mirar hacia atrás y aprender de nuestros errores, entonces generaremos la nación con la que realmente soñaron nuestros antepasados.
Ahora, sé que una pregunta queda en el aire después de todo lo anterior, ¿por qué apoyo la iniciativa de una Asamblea Constituyente Paralela, que en ningún momento responderá a los deseos de construir un nuevo país? Pues por eso mismo, la Constituyente Paralela, de darse, puede convertirse en la burla más grande de la historia patria, conociendo a quienes aspiran a gobernar nuestra nación. Ante ese escenario, la aparición de líderes dispuestos a hacer realidad lo antes expuesto, será un hecho. Allí nos encontraremos a un paso del llamamiento del verdadero Poder Constituyente: "el originario". Ojalá y esos líderes respondan a la justicia y no a la vanidad.
Es necesario que empecemos todo de nuevo, que construyamos la nación de nuevo; que actuemos tomando como base la imperiosa necesidad de construir un nuevo país. No hay mejor manera de atacar los problemas que tanto nos agobian, que cortando las raíces que les brindan el sustento, y esas raíces están aferradas en cada uno de nosotros, en lo poco o lo mucho que hacemos o dejamos de hacer por salvaguardar nuestra identidad nacional y nuestra dignidad humana.
Un proceso de Ingeniería de Estado es más que política y derecho, ya que no se trata de mera ingeniería gubernamental o administrativa, se trata del Estado, y el Estado somos todos. A partir de esta premisa debemos ubicar el inicio de un proceso que involucra la proclamación del soberano e innato Poder Constituyente, aquel poder que representa la competencia y capacidad de construir o dar constitución al Estado; ese poder originario que tiene la potestad de "originar el Estado", de establecer su estructura social, política y jurídica. Ese poder es el único que, en medio de sus virtudes y defectos, puede generar los cambios que permitan lograr la tan aplazada y prometida nueva República de Panamá.
Mi propuesta de Ingeniería de Estado -y esto lo reitero- consiste en empezar todo de nuevo, en instaurar una nueva nación, en dejar en el pasado las normas que nos regulan e iniciar un proceso de estructuración social, política y jurídica similar al de una nación que acaba de independizarse. Pero, ¿de qué depende eso?. En mi escrito Ingeniería de Estado I señalé "habiendo el país reconocido su realidad y decidido optar por el cambio, no hay mejor mecanismo que el de un proceso constituyente"; sin embargo, aquí hay que hacer una importante salvedad: el liderazgo juega un papel fundamental en este proceso.
Sí los ciudadanos no encuentran un líder o grupo de líderes que, valga la redundancia, lideren la ofensiva que impulse el arranque de este proceso, los resultados no serían los adecuados. En primera instancia, estos líderes -ya sea desde fuera o desde dentro del gobierno- deben estar dispuestos a generar con acción y ejemplo, en las mentes de los panameños y panameñas, la necesidad de cambiar, de darle paso a una mentalidad nueva, encaminada a dar lo mejor por un país mejor. No podemos aspirar a hacer Ingeniería de Estado sin antes haber logrado que la mayoría de los panameños y panameñas realicen un autoexamen de conciencia que los impulse a seguir nuevas directrices sociales, políticas y, más que todo, humanas.
Hay que lograr la construcción de una sociedad más justa y humana, una sociedad que vele por si misma, en donde la mayoría de sus componentes -personas- sean capaces de reconocer que lo que ocurre fuera de sus casas, donde quiera que ocurra, les afecta directa o indirectamente.
Un proceso real de Ingeniería de Estado requiere del Poder Constituyente real, no ha medias; así lograremos construir todo de nuevo, empezar desde cero, abriendo la trocha que nos guíe a la consecución de una nación digna y orgullosa de si misma; ejemplo para el mundo. ¿Es un sueño utópico?, tal vez para muchos así lo sea, pero es la única salida. Depende de muchas cosas, en especial de voluntad y decisión, pero representa realmente lo que necesitamos. El Estado somos todos, si la mayoría somos injustos, así mismo será la imagen de nuestra nación, si la mayoría optamos por ser justos, por cambiar nuestro actuar, por mirar hacia atrás y aprender de nuestros errores, entonces generaremos la nación con la que realmente soñaron nuestros antepasados.
Ahora, sé que una pregunta queda en el aire después de todo lo anterior, ¿por qué apoyo la iniciativa de una Asamblea Constituyente Paralela, que en ningún momento responderá a los deseos de construir un nuevo país? Pues por eso mismo, la Constituyente Paralela, de darse, puede convertirse en la burla más grande de la historia patria, conociendo a quienes aspiran a gobernar nuestra nación. Ante ese escenario, la aparición de líderes dispuestos a hacer realidad lo antes expuesto, será un hecho. Allí nos encontraremos a un paso del llamamiento del verdadero Poder Constituyente: "el originario". Ojalá y esos líderes respondan a la justicia y no a la vanidad.