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Empleo digno y educación


Estamos inmersos en la tormenta perfecta producto del gran desorden global, así la caracterizó recientemente Joseph Stiglitz y esa tormenta está compuesta, según Ignacio Ramonet, por tres crisis de gran amplitud: financiera, energética, alimentaria que están "coincidiendo, confluyendo y combinándose. Cada una de ellas interactúa sobre las demás. Agravando así, de modo exponencial, el deterioro de la economía real. En el contexto antes explicado, el empleo se convierte en un hilo conductor, pues el sistema actual transformó profundamente las categorías laborales.

El trabajo remunerado fijo está en crisis, pues en la actualidad prácticamente, ninguna persona tiene empleo de largo plazo garantizado y el que existe cada vez más está orientado a tareas o proyectos de duración limitada.

El informe 2007 sobre Tendencias Sociales y Educativas es claro en ubicar factores que hacen obstáculos a la universalización de la educación y el acceso al conocimiento al afirmar que una parte importante de los recursos que se movilizan en los procesos de enseñanza y aprendizaje la ponen las instituciones educativas, pero otra parte muy significativa la aportan las familias; es una especie de pacto histórico sobre el cual se cimientan las prácticas educativas. Pero en la actualidad, pesan los límites de un modelo de desarrollo basado en mercados excluyentes y competitivos que dejan fuera a cerca de un tercio de las familias de América Latina, lo que genera incompatibilidad con la estrategia de desarrollo social y económico que se adoptaron en las últimas décadas. Es decir, la tercera parte de la fuerza de trabajo adulta no consigue ubicarse en el sector formal de la economía, teniendo como alternativa la desocupación o la informalidad. Desprovista de las adecuadas oportunidades se produce una cruel competencia por los espacios laborales, y la educación se establece como uno de los recursos que más marca la diferencia entre ganadores y perdedores: aquellos con menos educación son los que seguramente quedarán excluidos. De este modo se configuran las condiciones sociales sobre las que reposa la expectativa de una educación para todos. Las familias con los recursos suficientes poseen un nivel adecuado de vida, que propician la base material para que sus hijos puedan educarse, contrario a las familias con bajo nivel educativo son marginadas del trabajo digno y reproducen en la educación de sus hijos las condiciones de exclusión.

Según el informe se suman nuevos indicios que apuntan a que en esta década puede detenerse la expansión educativa, y de ser así, nuevamente serían los sectores más postergados quienes quedarían fuera de la posibilidad de ingresar al sistema educativo, lo que afirma la constatación de que es imposible sostener una meta de inclusión educativa sobre la base de la exclusión social y que la meta de universalización del conocimiento en AL presupone una base de bienestar que no está garantizada.

Esta base de bienestar se edifica sobre el mercado de trabajo, por lo que es necesario orientarse hacia un modelo de desarrollo que logre mercados de trabajo provistos de oportunidades para todos y no mercados excluyentes solo abiertos a los sectores mejor posicionados; y construir políticas públicas dirigidas a fortalecer la capacidad de las familias para vincularse al empleo digno, al tiempo que la educación con calidad y equidad sea prioridad, y en ella tenga un lugar relevante la formación de jóvenes y adultos.

101 años de Panamá América

 
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