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Emular


Las sociedades democráticas al Norte, consolidaron sus instituciones en organizaciones pragmáticas, para responder a las necesidades vitales de los sectores económico, social y cultural. Orientadas por los instrumentos de investigación, planificación y la evaluación de resultados, fueron ajustando sus cuadros administrativos a través de los años, en respuesta a un proceso natural de evolución y cambios. Objetivo central de las proyecciones nacionales fue, y sigue siendo, el mejoramiento de las condiciones de vida de sus poblaciones, para mantenerse a la vanguardia en un mundo en progreso permanente.
Hoy día, esos países representan los de mayor desarrollo relativo en el concierto mundial de naciones. Compiten entre sí, por lo que la actualización de sus capacidades es un proceso dinámico que descansa fundamentalmente en aquellos instrumentos para orientar el diseño de sus estrategias. Es la brújula que señala los rumbos en el corto, mediano y largo plazo. Los gobernantes de administraciones sucesivas, aún cuando llegasen a modificar las orientaciones políticas, por ideología o por las condiciones cambiantes que registran los tiempos, mantienen esa conducta operativa. Con disciplina aplican los insumos de desarrollo en programas y proyectos coherentes, a todos los niveles, a través de mecanismos de coordinación y control rigurosos, para asegurar el cumplimiento de los objetivos delineados. Es una cuestión de disciplina, convicción, lealtad y celo por hacer grande la Patria.
Panamá, como país joven en proceso de desarrollo, con serios problemas socioeconómicos, frente a un mundo ahora más interdependiente y más competitivo que en el pasado, debería EMULAR ("Imitar las acciones de otro, procurando igualarlas, incluso excederlas. Generalmente se le da sentido favorable" Real Academia) aquellas experiencias -disciplinas y éticas- en los esfuerzos por superar los obstáculos que interfieren con la gestión de mejorar la calidad de vida de su población.
Lo anterior supone la decisión firme de superar las improvisaciones, cuando se trata de confrontar situaciones y problemas complejos, que demandan mayor ponderación y mejores estudios, para llegar a conclusiones razonadas. Esta conducta en la cultura panameña es la que ha justificado la demagogia y la politiquería, que margina a profesionales serios y muchos otros de la población civil con capacidad y disposición de aportar. Apura soluciones que en realidad se conviertan en futuros problemas potenciales que atrasan y cuestan.
La era actual de tecnología y conocimiento requiere de instituciones sólidas para mejorar la calidad de la gestión. La coyuntura favorece la programación del futuro con visión de país. Por el interés nacional, es impostergable una administración pública que supere los prejuicios, los intereses de grupos y gremios, así como también las deficientes experiencias del pasado. En aras del progreso nacional, la diversidad debe conformar la unidad, en momentos que el mundo vuelca su mirada hacia Panamá.
Hay que punir la incapacidad y exterminar los vicios y la corrupción, porque son conductas que desmoralizan y pugnan con la ética; interfieren con la productividad, ahuyentan las fuentes de inversiones de capital y postergan el desarrollo anhelado para superar las injusticias, el desempleo, la pobreza, y los crueles y denigrantes efectos socio culturales que conllevan.

101 años de Panamá América

 
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