En apoyo de Ricardo Arias Calderón
La demanda interpuesta por el Dr. Ricardo Arias Calderón contra el Diario La Prensa debe servir de ejemplo para los que, arropados con la trillada "libertad de expresión" se aprovechan para destruir reputaciones, desinformar y sobre todo, desviar la atención sobre los problemas reales que enfrenta el país. El hacer responsable a los miembros de la Junta Directiva -aunque sé de por lo menos tres que no están de acuerdo con la dirección que ha llevado el periódico de unos años para acá- es saludable, toda vez que corresponde a ellos hacer los correctivos.
Ese periódico tiene muchos accionistas y seguramente que la mayoría no estará muy satisfecha de que su inversión esté siendo utilizada para ensañarse en personalismos, como ha sido la tónica de ese diario desde, más o menos, hace seis años.
La Prensa ha venido sufriendo, aproximadamente desde el tiempo antes señalado, un marcado deterioro: su odio acérrimo al PRD no le permite informar con objetividad, y del mismo no han escapado aquellos que, en su momento, aceptaron una posición por parte del gobierno anterior, aunque el mismo haya sido democráticamente elegido y en un gran acto de conciliación se atrevió a invitar en su conformación a profesionales de otros partidos, incluyendo a la Democracia Cristiana, otro de los odiados por La Prensa. Desde que asumió la Presidencia del país la señora Moscoso, ese periódico se ha convertido en el gacetillero oficial del gobierno, aún cuando a veces le da plomo, me imagino por la enorme división que existe dentro de su administración.
La inquina personal del anterior director contra el Dr. Pérez Balladares, el control y manipulación de las noticias por parte del periodista peruano que tiene dividido y desanimados al personal de redacción y otros departamentos y, sobre todo, el abuso del fundador que, tras bastidores mueve los hilos de más de cuatro, aunque se rasgue las vestiduras y proclame que ya no tiene nada que ver con el periódico, han superado la cuota de transparencia y credibilidad que tuviera en un tiempo ese diario. Hace unos años escribí un artículo titulado Adicción, donde explicaba por qué me gustaba tanto La Prensa. Hoy no puedo decir lo mismo, porque veo a diario el sesgo maligno por hacer daño, el ensañamiento caprichoso en temas y personas, el abuso en la manipulación de las noticias y lo peor, el silencio cómplice para no divulgar temas que afecten el área donde su fundador supuestamente asesora a la mandataria de turno.
Si se evalúa objetivamente lo que se escribe y se reporta, y la forma en que se hacen las noticias -y hasta las encuestas-- en el Diario La Prensa, el que se hacía llamar el diario libre de Panamá, es libre solamente de desinformar y violar la libertad de información que tenemos todos los panameños. Realmente no se encuentra ninguna diferencia con la basura que publica un medio tabloide amarillista, que destruye honras a diestra y siniestra y que circula diariamente, a pesar de que tiene serios problemas económicos y que recientemente tuvo que aceptar que todo lo que vertieron sobre la familia Pérez Balladares era mentira y pedir disculpas públicas por una semana. Si seguimos así, La Prensa se va a convertir en el Siglo de los rabis.
Ese periódico tiene muchos accionistas y seguramente que la mayoría no estará muy satisfecha de que su inversión esté siendo utilizada para ensañarse en personalismos, como ha sido la tónica de ese diario desde, más o menos, hace seis años.
La Prensa ha venido sufriendo, aproximadamente desde el tiempo antes señalado, un marcado deterioro: su odio acérrimo al PRD no le permite informar con objetividad, y del mismo no han escapado aquellos que, en su momento, aceptaron una posición por parte del gobierno anterior, aunque el mismo haya sido democráticamente elegido y en un gran acto de conciliación se atrevió a invitar en su conformación a profesionales de otros partidos, incluyendo a la Democracia Cristiana, otro de los odiados por La Prensa. Desde que asumió la Presidencia del país la señora Moscoso, ese periódico se ha convertido en el gacetillero oficial del gobierno, aún cuando a veces le da plomo, me imagino por la enorme división que existe dentro de su administración.
La inquina personal del anterior director contra el Dr. Pérez Balladares, el control y manipulación de las noticias por parte del periodista peruano que tiene dividido y desanimados al personal de redacción y otros departamentos y, sobre todo, el abuso del fundador que, tras bastidores mueve los hilos de más de cuatro, aunque se rasgue las vestiduras y proclame que ya no tiene nada que ver con el periódico, han superado la cuota de transparencia y credibilidad que tuviera en un tiempo ese diario. Hace unos años escribí un artículo titulado Adicción, donde explicaba por qué me gustaba tanto La Prensa. Hoy no puedo decir lo mismo, porque veo a diario el sesgo maligno por hacer daño, el ensañamiento caprichoso en temas y personas, el abuso en la manipulación de las noticias y lo peor, el silencio cómplice para no divulgar temas que afecten el área donde su fundador supuestamente asesora a la mandataria de turno.
Si se evalúa objetivamente lo que se escribe y se reporta, y la forma en que se hacen las noticias -y hasta las encuestas-- en el Diario La Prensa, el que se hacía llamar el diario libre de Panamá, es libre solamente de desinformar y violar la libertad de información que tenemos todos los panameños. Realmente no se encuentra ninguna diferencia con la basura que publica un medio tabloide amarillista, que destruye honras a diestra y siniestra y que circula diariamente, a pesar de que tiene serios problemas económicos y que recientemente tuvo que aceptar que todo lo que vertieron sobre la familia Pérez Balladares era mentira y pedir disculpas públicas por una semana. Si seguimos así, La Prensa se va a convertir en el Siglo de los rabis.