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En busca de otra cultura política


¿Tiene sentido repetir las mismas actitudes cuando las circunstancias ya cambiaron? En realidad -tanto en la política como en los demás aspectos de la vida-, si las condiciones han variado, reincidir en anteriores conductas sólo condena a la ineficacia. Las más de las veces, este error se comete por ignorancia u obcecación: ambas motivan incompetencia para reconocer las nuevas realidades y rehacer objetivos, comportamientos y lenguajes.
Ello tiene importantes efectos sobre todos nuestros quehaceres y decisiones, pues en el último decenio tanto el mundo como el país en el que actuamos han transitado por grandes transformaciones. La Unión Soviética colapsó hace 10 años; los militares panameños desaparecieron hace más de 11. Donde antes predominó la Guerra Fría ahora campean la apertura y la globalización; donde hubo un enclave colonial hoy tenemos un canal panameño. En el último decenio, Panamá consolidó nuevas formas de convivencia democrática y reconvirtió su estructura económica; si bien en el próximo futuro aún deberá cambiar, el país no volverá a ser lo que fue, puesto que el pasado ya pasó y en la historia real la máquina del tiempo no existe.
Sin embargo, nada de esto implica que nuestros principios morales, patrióticos y sociales -ni la imperiosa necesidad de trabajar y luchar para materializarlos- puedan darse por concluidos o sustituidos. Al contrario, significa que esos principios conservan plena vigencia, pero que las condiciones en que ahora debemos cumplirlos, y los métodos para hacerlo exitosamente, ya no son los de antaño. Lo que igualmente significa que los protagonistas sociales y políticos de este esfuerzo, sus formas de organización y sus aliados, también pueden haber variado.
Negarse a reconocerlo sería negar la historia y marginarse de la evolución de la cultura y la práctica políticas que necesariamente corresponde a los cambios de la realidad. Si nuestro país y el mundo se han modificado, los panameños requerimos darnos una nueva cultura política, más eficaz para superar las actuales y futuras circunstancias. Por lo tanto, en primer término debemos ser capaces de avizorar y discutir los objetivos de nuestra nación en esta nueva etapa, y de articular grandes consensos sobre las formas de realizarlos.
Lo contrario sería condenarnos a purgar condena como "prisioneros del pasado", como gráficamente apuntó hace algunos meses Ricardo Arias Calderón. Ese peligro -el de empantanarnos en tiempos y querellas que pertenecían a otras décadas- es un peligro real, por cuanto Panamá aún padece una rosca de personajes e intereses que se afanan en retenernos en esa prisión; esto es, que se obsesionan en reciclar, tergiversar y agravar los enfrentamientos que en el pasado dividieron a los panameños: así como hay quienes no se adaptan a vivir sin el amparo y tutela de tropas extranjeras, igualmente hay quienes tampoco soportan privarse de viejos rencores.
Dicho afán es apenas una hoja de parra. Detrás suyo hay una visible incapacidad para comprender la actualidad y, sobre todo, para construir propuestas abarcadoras y viables para el presente y el futuro que todos los panameños merecemos darnos. No obstante, quienes -de buena o de mala fe- todavía insisten en extraviarnos en sus añejas limitaciones y resentimientos pierden de vista que la población de nuestro país ha cambiado irreversiblemente. Hay decenas de miles de jóvenes ciudadanos que no vivieron aquellos tiempos ni tienen motivos para retroceder a sus redes, así como centenas de miles de otros panameños que hoy prefieren discutir su mañana que autoflagelarse en su ayer.
En este sentido, el Congreso Extraordinario que el PRD completará en la segunda mitad de este año tiene un amplio interés general: con el concurso de reconocidos expertos, durante varios meses se desarrollarán mesas redondas especializadas sobre los principales temas concernientes a la realidad y el futuro nacionales, para generar proyectos -entre los cuales una nueva Declaración de Principios y un nuevo Programa del PRD- que se discutirán en las distintas áreas sociales y profesionales de ese partido en toda la República. A lo largo del año ello contribuirá a despercudir y renovar la cultura política panameña, hasta culminar en la consulta de esos proyectos con las demás organizaciones sociales, laborales y económicas del país, para articular un nuevo proyecto nacional.
Este es otro modo de encarar la actualidad y el provenir. Un modo incluyente y moderno de hacer las cosas que, desde luego, será de mayor beneficio para la generalidad de los panameños. Ojalá otras organizaciones políticas y sociales del país se propusieran esfuerzos similares.

101 años de Panamá América

 
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