En busca de un buen gobierno
Nada hay como un buen gobierno para paliar los efectos de las grandes crisis. Franklin D. Roosevelt, quien superó la Gran Depresión en los años 1929 y 1932, cimentó su éxito en un gran acuerdo nacional que denominó "New Deal". En esencia, volcó todo el poder y gasto del Estado en obras públicas que tuvieron su efecto inmediato en la estimulación del sector privado y la generación de millones de empleos.
En América Latina, las administraciones democráticas que sucedieron a la dictadura de Pinochet, si bien pusieron fin a la represión de las libertades, dieron continuidad al proceso que, iniciado por el tirano, hizo posible el milagro económico que tiene a Chile en el pináculo del progreso económico en América Latina. Sus gobernantes se hicieron de los servicios de lo más granado del talento de la época, que incluyó desde el prominente economista criollo, Hernán Buchi hasta el Premio Nobel, Paul Samuelson.
En nuestro suelo, es posible destacar la administración de Belisario Porras, que sumó diez años, en los cuales dio a Panamá su perfil definitivo en el siglo XX. A partir de su ascensión al poder por primera vez en 1912, dotó al país de casi todos sus códigos nacionales, la mayoría de los cuales aún nos rigen. Fundó los Archivos Oficiales y el Registro Público, construyó las primeras carreteras nacionales, fue artífice de la obra urbanística de La Exposición, construyó el Hospital Santo Tomás y desarrolló ambiciosos programas de salud y educación. Sobre él comentó Harmodio Arias Madrid: "su labor se adelantó en muchos años a la edad de la República".
Otra buena gestión fue precisamente, la de Harmodio Arias, quien asumió la presidencia en 1932, en medio de la más profunda crisis económica, cuando el Estado adeudaba a sus trabajadores tres meses de salario. Hizo dictar su "ley de hierro" que posibilitó pagar sueldos con bonos, decretó una rebaja general de sueldos, prohibió devengar más de un salario por familia y controló rigurosamente los gastos. Su ley 18 de 1932 desarmó la bomba inquilinaria, permitiendo canalizar hacia una junta de caseros, arrendatarios y gobierno, la problemática del sector. En dos años, dotó de habitaciones a 700 familias. Enfrentó el problema agrario mediante un programa de adquisición y reparto de tierras. En cuatro años, había otorgado mil parcelas, estableció colonias agrícolas y fundó cuatro granjas experimentales a cargo de técnicos extranjeros. Creó un "fondo del obrero y agricultor" que permitió la creación de empleos. Creó la Caja de Ahorros, reorganizó la cobranza de impuestos, facilitó arreglos de pago, propició una rebaja de intereses, promulgó una ley de jubilaciones (60 años de edad, 20 de servicio y 66% del salario), fundó la Universidad de Panamá, gestó el convenio del Canal de 1936 y ejecutó innumerables obras nacionales.
El Panamá de hoy no puede permitirse menos de eso en las próximas elecciones. Desde ya, todos debemos interesarnos en descubrir y exigir un perfil adecuado para quienes aspiren a la Presidencia de la República. El compromiso de la modernización del Canal, la crisis del Seguro Social, la compleja problemática de la economía nacional, la carencia de una visión de país de cara al nuevo siglo exigen una pronta definición. Todos son aspectos que sólo un buen Presidente, con el auxilio de su pueblo, puede enfrentar con igual o mayor éxito.
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.
En América Latina, las administraciones democráticas que sucedieron a la dictadura de Pinochet, si bien pusieron fin a la represión de las libertades, dieron continuidad al proceso que, iniciado por el tirano, hizo posible el milagro económico que tiene a Chile en el pináculo del progreso económico en América Latina. Sus gobernantes se hicieron de los servicios de lo más granado del talento de la época, que incluyó desde el prominente economista criollo, Hernán Buchi hasta el Premio Nobel, Paul Samuelson.
En nuestro suelo, es posible destacar la administración de Belisario Porras, que sumó diez años, en los cuales dio a Panamá su perfil definitivo en el siglo XX. A partir de su ascensión al poder por primera vez en 1912, dotó al país de casi todos sus códigos nacionales, la mayoría de los cuales aún nos rigen. Fundó los Archivos Oficiales y el Registro Público, construyó las primeras carreteras nacionales, fue artífice de la obra urbanística de La Exposición, construyó el Hospital Santo Tomás y desarrolló ambiciosos programas de salud y educación. Sobre él comentó Harmodio Arias Madrid: "su labor se adelantó en muchos años a la edad de la República".
Otra buena gestión fue precisamente, la de Harmodio Arias, quien asumió la presidencia en 1932, en medio de la más profunda crisis económica, cuando el Estado adeudaba a sus trabajadores tres meses de salario. Hizo dictar su "ley de hierro" que posibilitó pagar sueldos con bonos, decretó una rebaja general de sueldos, prohibió devengar más de un salario por familia y controló rigurosamente los gastos. Su ley 18 de 1932 desarmó la bomba inquilinaria, permitiendo canalizar hacia una junta de caseros, arrendatarios y gobierno, la problemática del sector. En dos años, dotó de habitaciones a 700 familias. Enfrentó el problema agrario mediante un programa de adquisición y reparto de tierras. En cuatro años, había otorgado mil parcelas, estableció colonias agrícolas y fundó cuatro granjas experimentales a cargo de técnicos extranjeros. Creó un "fondo del obrero y agricultor" que permitió la creación de empleos. Creó la Caja de Ahorros, reorganizó la cobranza de impuestos, facilitó arreglos de pago, propició una rebaja de intereses, promulgó una ley de jubilaciones (60 años de edad, 20 de servicio y 66% del salario), fundó la Universidad de Panamá, gestó el convenio del Canal de 1936 y ejecutó innumerables obras nacionales.
El Panamá de hoy no puede permitirse menos de eso en las próximas elecciones. Desde ya, todos debemos interesarnos en descubrir y exigir un perfil adecuado para quienes aspiren a la Presidencia de la República. El compromiso de la modernización del Canal, la crisis del Seguro Social, la compleja problemática de la economía nacional, la carencia de una visión de país de cara al nuevo siglo exigen una pronta definición. Todos son aspectos que sólo un buen Presidente, con el auxilio de su pueblo, puede enfrentar con igual o mayor éxito.
La memoria la traicionó. Pero en los archivos de la Cancillería fue donde se obtuvo la respuesta. La Jefa de la Oficina Institucional de Recursos Humanos de la Cancillería, Manuelita de Smith, envió dos documentos que certifican que la señorita Elvia Mojica fue nombrada por el presidente Belisario Porras, el 4 de abril de 1925 como Oficial Archivero del Consulado General de Nueva York.
Sus servicios a la administración pública trascendieron al tiempo de la gestión de Porras. Doña Elvia trabajó en el Tribunal Tutelar de Menores (hoy Dirección de Corrección del Ministerio de la Familia). Allí laboró junto a Clara González, la primera mujer abogada de Panamá, de quien fue muy amiga. Comenta Doña Mary Comando que su tía era una mujer apegada a la política y a la vida del campo. A la muerte de Porras se involucró en la política, pero ya no en las toldas liberales.
La inclinación por la política también estaba presente en su esposo, Don Domingo Díaz, que por los años 50 fue concejal del distrito de Panamá. "El Dr. Porras y mi tía fueron mis tutores", dice Doña Mary. Ellos la matricularon en la Escuela Profesional Isabel Herrera Obaldía, donde estudió bachillerato, de 1935 a 1940.
Una hermosa abuelita del Hogar, Doña Rosaura Zanetti, dio fe de la calidad humana de Porras. Adolfo de León, su abuelo y partidario de Porras, fue quien lo llevó en hombros a la Presidencia.
Doña Rosaura, al escuchar durante la entrevista el nombre de Porras, dijo: "¡Ah!.. Porras. El fue quien enterró a mi abuelito. "Mi abuelito era alto y fuerte. Mi abuelito era jefe del muelle en el Mercado Público. Era fuerte, fuerte. Lo cargó - a Porras- y lo llevó a la Presidencia".
Doña Rosaura recuerda que en esa época tendría unos 8 años. De ser así, se refiere al primer periodo presidencial del Dr. Belisario Porras que fue de 1912 a 1916. "El se murió del corazón. Murió tiempo después que Porras asumió la presidencia. "Iba mucho a Aguadulce de donde era mi abuelito", relató.
Porras dirigió la revolución Liberal en el Istmo de Panamá, que en esos tiempos era un Departamento colombiano. Fue uno de los líderes principales del Partido Liberal Colombiano durante la guerra, llevando a cabo una campaña militar que llegó hasta las puertas de la Ciudad de Panamá. Aproximadamente 5,000 panameños murieron en este conflicto armado que duró tres años, de 1899 a 1902.
Porras continuó como miembro del Partido Liberal, pero ya como un Partido Liberal panameño. En 1912, después de haber incrementado su popularidad en el istmo, es elegido presidente de la república por una amplia mayoría. Ejerce el puesto durante tres períodos: de 1912 a 1916; de 1918 a 1920 y de 1920 a 1924.
Durante tres periodos ejecuta importantes obras como la creación de los Códigos Nacionales y la redacción de un cuerpo de leyes. Construye carreteras y otras facilidades de transporte y comunicación que unifican al país, como el Ferrocarril de Chiriquí en 1916.
Da mucha importancia a la salud y al progreso económico del país. Funda el Hospital Santo Tomás en la Ciudad de Panamá y mejora la higiene del país en general. Nacionaliza la Lotería Nacional de Beneficencia para financiar la expansión de la salud pública.
Entre otros logros se destacan la reconstrucción del telégrafo, la apertura del Canal interoceánico en 1915; la organización de la instrucción pública; el barrio de La Exposición y la Plaza Porras; la creación del Archivo Nacional y el Registro Civil y el establecimiento de la Isla Penal de Coiba.
En materia legal, por la Ley 1 de 22 de agosto de 1916, se adopta el Código Administrativo que contiene un título en el cual se reglamenta toda la materia electoral. El Consejo Electoral de la República pasa a ser el Jurado Nacional de Elecciones y los Ayuntamientos Electorales se denominan Jurados Provinciales. Falleció el 28 de agosto de 1942. Porras creía en los méritos personales, en la libre expresión del pensamiento y en la prensa como medio de combate.