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En camino hacia la Pascua


Estando ya en la Segunda Semana de Cuaresma luego del triunfal inicio con la multitudinaria participación masiva de la procesión de los católicos devotos de nuestro Señor del Nazareno de la Atalaya entramos en un silencio apropiado para la reflexión individual y colectiva como es la práctica de la Cuaresma.
Durante toda esta semana, la liturgia de la Eucaristía tanto en su oración colecta como en el Prefacio se esfuerza por recordarnos, lo cual es bastante difícil si no nos acondicionamos nosotros mismos, ya desde el mismo miércoles de ceniza cuando nos dice que se digne el Señor bendecir con su gracia las cenizas que vamos a recibir sobre nuestras cabezas en señal de penitencia.
Señor que te inclinas ante el que se humilla y encuentras agrado en quien expía sus pecados: escucha benigno las suplicas nuestras y derrama la gracia de tu bendición sobre estos siervos tuyos que reciben la ceniza para que fieles a las prácticas cuaresmales, puedan llegar con el corazón limpio, a la celebración del misterio pascual de tu Hijo. Dios que no quiere la muerte del pecador, sino su arrepentimiento, porque sabemos que somos polvo y al polvo hemos de volver por las prácticas cuaresmales perdonanos nuestros pecados y así alcanzar la vida nueva de tu reino.
Avanzando en la liturgia cuaresmal, le pedimos que las celebraciones y penitencias cuaresmales nos lleven a la verdadera conversión. Un prefacio que contiene las enseñanzas del sentido cuaresmal, reza así porque Cristo, al abstenerse durante cuarenta dias de tomar alimento, inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, y al rechazar las tentaciones del enemigo nos enseño a sofocar la fuerzas del pecado, de ese modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua, podremos pasar un día a la Pascua que no se acaba.
El Domingo Primero, la Iglesia, es decir, nosotros le pedimos al Dios Todopoderoso que las celebraciones y penitencias cuaresmales nos lleven a la verdadera conversión. Le pedimos al Señor que nos convierta a El iluminándonos con la luz de tu palabra, para que la celebración de esta Cuaresma produzca en nosotros sus mejores frutos. Le pedimos a Dios que alimentó en nosotros el deseo de poseerlo como premio de nuestras penitencias corporales. Más aún le pedimos al Señor que mire complacido a su pueblo que desea entregarse en una vida sana, y a los que moderan su cuerpo con la penitencia transformarles interiormente mediante el fruto de las buenas obras.
En Cuaresma le pedimos al Señor la gracia de pensar y practicar siempre el bien, y pues sin ti no podemos ni existir ni ser buenos, y que ojalá vivamos siempre según tu voluntad.
En Cuaresma seguimos orando para que tu pueblo, se prepare a las fiestas de Pascua mediante las penitencis cuaresmales, y que nuestra austeridad comunitaria sirva para la renovación espiritual de la Iglesia. Y al termina la semana, la liturgia concluye orando al Dios Padre Eterno para que vuelva hacia El nuestros corazones, para que , consagrados, a su servicio, no busquemos sino a El, lo único necesario y nos entreguemos a la práctica de las obras de misericordia.
En este Domingo le pedimos al Señor que ya que nos ha mandado a escuchar a su Hijo, el predilecto, nos alegre con el gozo interior de su palabra y purificados por ella, contemplaremos con mirada limpia la gloria de sus obras. Así nos enseña a orar la liturgia, pidiendo para todos gracias concretas que tanto necesitamos en estos tiempos de dobles discursos, de falsificaciones y perjurios y de ambiciones desmedidas de puestos públicos ojalá para el bien que decimos que queremos fomentar para las grandes mayorías.
Mientras no hagamos esto, el resultado de cualquier TLC será como lo que acusa El Pulso del Panamá América, refiriéndose al desbalance comercial que ha empeorado para Panamá en favor de El Salvador.

101 años de Panamá América

 
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