En defensa de Cuba. Aquí y ahora
En las últimas semanas se ha producido un amplio debate sobre los recientes acontecimientos ocurridos en Cuba. El mismo se ha instalado, en lo que importa, en el seno de lo que podríamos llamar, la izquierda mundial. Ello nos obliga a fijar una posición frente al problema, cualquiera sea las consecuencias que eso implique. En primer lugar podemos reconocer un doble debate, con destinatarios distintos que merecen tratamiento distinto. Por un lado, la confrontación contra los enemigos de la revolución, el gobierno y el pueblo de Cuba y, por el otro, el debate franco con los amigos de la revolución. Como puede deducirse, se trata de una confrontación atravesada por la lucha de clases a escala mundial y no un debate en abstracto o filosófico para deleite intelectual. El debate se produce en un momento particular de la lucha mundial.
Con un imperialismo estadounidense que intenta imponer militarmente su hegemonía en el mundo, envalentonado por su victoria en Irak, lo que lo ha llevado a incrementar sus amenazas a Cuba. Se produce, además, con un incremento de las provocaciones de la mafia cubana de Miami, dirigida por Otto Reich y Roger Noriega, ejecutada por la oficina de intereses estadounidenses en Cuba y aplaudida, hasta el delirio, por sus amanuenses nacionales. En ese contexto se produce el acto defensivo de la revolución cubana, duro pero absolutamente necesario. Los enemigos de la revolución y del pueblo cubano no tienen la autoridad moral para exigirle a Cuba que no se defienda, al igual que carecen de ella los que han sido cómplices de 44 años de agresión contra Cuba. Ni aquellos que han callado los crímenes del imperialismo contra los pueblos, incluyendo a Panamá en 1989. Otra cosa muy distinta es el debate con los amigos de la revolución, con los que la han defendido cualquiera sean las circunstancias, aún a riesgo de sus propias vidas.
Percibimos con claridad que no se trata de un análisis teórico de la pena de muerte o de las libertades democráticas, sino de un elemento también signado por la lucha de clases. Parece claro que los temas coyunturales no agotan este debate, que es mucho más profundo que lo que imaginamos en el seno de la izquierda plural actual.
Lo que no puede romper el debate es la unidad y la solidaridad con la revolución y el pueblo de Cuba, que debe preservarse por sobre todas las cosas. Ya es suficiente con los intentos que hace el imperialismo por dividirnos para que nosotros hagamos el juego desde nuestras propias filas. Aunque parezca una utopía, es el momento adecuado para convocar, en La Habana, una Conferencia de toda la izquierda, por la defensa y solidaridad con Cuba. Esa es también una batalla de ideas para los que la revolución cubana debe estar preparada y consciente.
Con un imperialismo estadounidense que intenta imponer militarmente su hegemonía en el mundo, envalentonado por su victoria en Irak, lo que lo ha llevado a incrementar sus amenazas a Cuba. Se produce, además, con un incremento de las provocaciones de la mafia cubana de Miami, dirigida por Otto Reich y Roger Noriega, ejecutada por la oficina de intereses estadounidenses en Cuba y aplaudida, hasta el delirio, por sus amanuenses nacionales. En ese contexto se produce el acto defensivo de la revolución cubana, duro pero absolutamente necesario. Los enemigos de la revolución y del pueblo cubano no tienen la autoridad moral para exigirle a Cuba que no se defienda, al igual que carecen de ella los que han sido cómplices de 44 años de agresión contra Cuba. Ni aquellos que han callado los crímenes del imperialismo contra los pueblos, incluyendo a Panamá en 1989. Otra cosa muy distinta es el debate con los amigos de la revolución, con los que la han defendido cualquiera sean las circunstancias, aún a riesgo de sus propias vidas.
Percibimos con claridad que no se trata de un análisis teórico de la pena de muerte o de las libertades democráticas, sino de un elemento también signado por la lucha de clases. Parece claro que los temas coyunturales no agotan este debate, que es mucho más profundo que lo que imaginamos en el seno de la izquierda plural actual.
Lo que no puede romper el debate es la unidad y la solidaridad con la revolución y el pueblo de Cuba, que debe preservarse por sobre todas las cosas. Ya es suficiente con los intentos que hace el imperialismo por dividirnos para que nosotros hagamos el juego desde nuestras propias filas. Aunque parezca una utopía, es el momento adecuado para convocar, en La Habana, una Conferencia de toda la izquierda, por la defensa y solidaridad con Cuba. Esa es también una batalla de ideas para los que la revolución cubana debe estar preparada y consciente.