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En defensa de la Defensoría


La semana pasada, una televisora me solicitó una entrevista como sociólogo con relación a una polémica cuña que promociona a la Defensoría del Pueblo. Con la mayor mesura opiné lo que siempre he dicho y pensado: que la publicidad gubernamental debería centrarse más en los servicios o acciones que brinde la entidad a la ciudadanía, que resaltar la figura del funcionario encargado en ese momento de la entidad.
La verdad es que esta afirmación le he verbalizado muchas veces a través de los años, refiriéndome a otras entidades y personas, es decir no expresaba con mi opinión ningún tipo de antagonismo ni animadversión especial con relación a la Defensoría o Defensor del Pueblo. Más bien es todo lo contrario, pues la última vez que escribí algo el Dr. Antinori en este diario fue para felicitarlo.
En otras palabras, el sentido de mi opinión sobre este tema se centra en la concepción ética de que el Estado debe estar al servicio del bien común, y el funcionario es un servidor público que no debe beneficiarse o autopromoverse, lo que no excluye el reconocimiento a su labor. Por ello, no concuerdo con las fotos presidenciales en las oficinas públicas o la publicidad de legisladores personalizando las partidas circuitales y cosas por el estilo.
El viernes en la mañana, me enteré que el Dr. Antinori había reaccionado a mi opinión a través de una emisora de la localidad, denostando más que contra mí, en contra de mi hijo mayor, Yahir Eduardo Leis Alvarado, graduando de la Facultad de Derecho de la UP y actual funcionario del Tribunal Electoral. El Defensor del Pueblo propagó, públicamente, datos personales de dirección, trabajo y teléfono de mi hijo y planteó que era profesionalmente incapaz. Su tesis era que yo le había pedido trabajo para Yahir y que despechado por no haberlo obtenido, lo "atacaba".
Planteamiento equivocado, pues nunca me he reunido con él y tampoco he realizado ninguna solicitud de trabajo para nadie. Alguna vez Yahir hace más de un año buscó trabajo en esa oficina atraído por el campo de defensa y promoción de derechos humanos que sustenta la Defensoría, lo que no creo que constituya un pecado ni un delito. Por otra parte, la ciudadanía es testigo del tono y actitud de mis opiniones siempre basadas en el respeto a la dignidad de las personas.
Me parece que la reacción del Dr. Antinori fue desmedida y fuera de lugar, pues no creo que bajo ninguna circunstancia, debe admitirse involucrar a los familiares -que no tienen arte ni parte en esos menesteres- ni los aspectos personales de las personas que se den diferencias que puedan suscitarse con relación a temas de carácter público o privado.
Admiro la capacidad, inteligencia y tenacidad de Yahir Leis, y muchas personas sin parentesco con él puedan dar fe de lo que afirmo. La reacción del Dr. Antinori fue desproporcionada y ofensiva a todas luces y siento que erosiona su imagen como funcionario y los aspectos positivos de la actividad que realiza.
No podemos demandar al Defensor pues posee inmunidad, pero si estoy en el deber de solicitarle una disculpa pública por las palabras que profirió como cabe a la figura de un funcionario probo que se dedica a combatir los atropellos e injusticias. Me preocupa que su actuación contribuya a afectar la imagen de la Defensoría del Pueblo, institución de vital importancia para la gente de nuestro país, y más aún, cuando en conjunto con muchos otras personas nos tocó participar en la creación de la figura del Ombudsman. Exabruptos como estos pueden dañar una institución tan necesaria e importante como la Defensoría del Pueblo, la cual todos debemos defender, a pesar de pronunciamientos tan desafortunados de su portavoz. La mejor manera de defender a la Defensoría es señalar constructivamente sus errores sin temer ser agredidos -uno o sus familiares- por ello. Lo cierto es que no puedo acudir al Defensor para que me defienda del Defensor, entonces, en esta incómoda situación no puede dejar de recordar el aforismo latino "Quid qustodiet ipso qustodiet", que pregunta:"¿Quién custodia a los custodios?".

101 años de Panamá América

 
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