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En defensa de la Madre Tierra


P ese a no recibir la misma publicidad que la Gran Recesión que afecta la economía mundial, la crisis ambiental constituye un enorme peligro para el futuro de la humanidad, sobre todo si se tienen en cuenta los posibles impactos del calentamiento global. Desde la perspectiva de la alimentación se puede observar, como ejemplo, que el deshielo de los glaciares del Himalaya generaría una importante merma en el suministro de agua de la China y la India, que agravaría la inseguridad alimentaria en los dos países más poblados del planeta. Por otra parte según el Panel Intergubernamental de Expertos sobre Cambio Climático, el calentamiento global puede llevar a que en el 2020 la producción de alimentos en África sea apenas el 50% del nivel observado actualmente. Asimismo James Livelock concluye que de desatarse los mecanismos de retroalimentación del calentamiento global, una vez que la temperatura de la tierra supere en 6 Co a la observada en el período previo a la Revolución Industrial, desaparecerían el 90% de las especies vegetales y animales, mientras que la población humana se vería reducida en un 80%. El hecho prácticamente cierto de que no será factible lograr un acuerdo escrito sobre la emisión de carbón en la próxima conferencia de Copenhague sobre Cambio Climático resulta una pésima noticia de fin de año.

En términos de las posiciones oficiales esta ausencia de acuerdo se explica por la renuencia de los países más desarrollados a comprometerse en una reducción significativa de la emisión de carbono a la atmósfera si los países en vías de desarrollo, como China e India, no se comprometen a reducir las suyas, mientras que los países en vías de desarrollo señalan que la actual problemática fue generada por los más desarrollados, en condiciones que ellos necesitan elevar sus emisiones para asegurar su desarrollo. De acuerdo a Michael Spence, premio Nobel de Economía del 2009, existe una solución racional para este dilema. De acuerdo a esta el costo de la mitigación debería recaer sobre los países más desarrollados como reconocimiento a su responsabilidad en el estado actual del problema, en condiciones tales de que estos países, en cumplimiento de sus compromisos de mitigación, financien formas sostenibles de producción en los países menos desarrollados, asegurando por esta vía la limitación de las emisiones de carbón en los mismos, así como el avance de su nivel de vida.

Que este tipo de soluciones ni siquiera sean consideradas en las discusiones oficiales muestran que la causa profunda de la falta de compromiso está en la existencia de un sistema basado en la búsqueda creciente e incesante de la ganancia y la acumulación, el que además externaliza sus costos ambientales afectando al conjunto de la humanidad. La solución pasa, entonces, por la superación del mismo y el desarrollo de una nueva forma de economía centrada en el desarrollo humano y el respeto a la vida en todas sus formas. La defensa de la Madre Tierra constituye en estas circunstancias un compromiso ineludible de nuestros tiempos.

101 años de Panamá América

 
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