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En el 2003 no temas descender


El año 2003 está iniciando y, sin duda, cada uno de nosotros se ha establecido metas y propósitos. Junto a ellos acariciamos sueños, anhelos del corazón -personales, familiares-, que sumados a los problemas propios de la sociedad en que vivimos, caracterizada por riesgos de enfermedad, dificultades financieras, afectivas y otras, nos plantean desafíos que, en ocasiones, nos van a desanimar, angustiar y hasta nos generarán temor e inseguridad por la posibilidad del fracaso.
Sin embargo, cuando en este año nos asalte la incertidumbre y el temor no debemos desesperar, sino lejos de eso, recordemos que tenemos motivos suficientes para albergar grandes esperanzas de que nos irá bien.
La Santa Biblia nos relata que cuando Jacob, el patriarca del pueblo de Israel, recibió la noticia de que su hijo aún vivía y era señor de toda la tierra de Egipto, se sintió abrumado e incluso, al principio, no podía creer lo que había escuchado. En medio de la felicidad que la buena noticia causó, Jacob dijo: "iré, y le veré antes que yo muera".
Jacob, sin embargo no actuó de manera precipitada, sino que se detuvo en Berseba y allí ofreció sacrificio a Dios, sacrificios de agradecimiento y de solicitud de orientación y ayuda. Sí, Jacob se detuvo a conversar con Dios, con ese Dios con el que muchos años antes había luchado en Bethel para obtener su bendición. Ahora, no sólo le agradecía sino que además, buscaba su aprobación y bendición.
Dios responde la oración de Jacob y le dice: "Yo soy tu Dios...no temas descender a Egipto, porque allí haré de ti una gran nación". El temor puede entenderse como cierto tipo de angustia por algo que está por suceder. Jacob temía. Era un hombre viejo -para entonces contaba con 130 años de edad- y un viaje desde Canaán hasta Egipto, no obstante las comodidades que José le brindaba para tan largo trayecto, representaba un riesgo inmenso para su salud, sumado al impacto que causaría volver a ver a su hijo, supuestamente muerto. Ante tal incertidumbre Dios le dice: "...no temas descender a Egipto".
222 En este 2003, que apenas inicia, no temas encarar con optimismo y confianza en el éxito los retos y desafíos que para este período nos impone la vida ...
Cada uno de nosotros, como Jacob, tiene hoy su propio Egipto. Tal vez es un sueño por lago tiempo acariciado, o una petición que deseas hacer a un superior; tal vez es la elección de tu pareja o pedir perdón por una falta cometida; iniciar una nueva empresa; quizá sea decidir entre permanecer en tu actual empleo o aceptar uno que trae muchos beneficios, pero que al mismo tiempo, implica cambios considerables para ti y para tu familia; o, tal vez, Dios está tocando tu corazón, diciéndote ven a mí.
Tu situación puede ser otra, tu Egipto puede ser más o menos complicada, más o menos desesperada. No importa, ve a Dios en oración, coloca tu angustia, tu preocupación en sus manos, consúltalo y "no temas descender a Egipto..."
Jacob descendió a Egipto, y en su primer saludo a José, habló como si con esa conclusión jubilosa de su largo dolor y ansiedad, estuviese listo para morir. Pero todavía se le otorgaron diecisiete años en el quieto retiro de Gosén. Estos años fueron un feliz contraste con los que les habían precedido: vio a su familia rodeada de todas las condiciones necesarias para convertirse en una gran nación.
En este 2003, que apenas inicia, no temas encarar con optimismo y confianza en el éxito los retos y desafíos que para este período nos impone la vida y nosotros mismos; siempre, siempre con la certeza de que Dios nos guía. Y no olvidemos el consejo inspirado: "Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo... porque Jehová, tu Dios, es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará."

101 años de Panamá América

 
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