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En el corazón de la memoria


De Mario Benedetti aprendí a "quitar los escombros dentro de lo posible, porque también habrá escombros que nadie podrá quitar del corazón y de la memoria". Por eso, ayer 19 de diciembre, al igual que cada uno de los veintidos años anteriores, me fue imposible evitar que el recuerdo de aquella golpiza se apoderará de mi memoria, de mi corazón, de mi cuerpo.
Era un miércoles. En compañía de Milciades Ortiz y Betito Quirós Guardia había almorzado en el Interchina. A las cuatro de la tarde de ese día, 19 de diciembre de 1979, varias decenas de personas se reunían ya en el atrio de la entonces Iglesia Don Bosco (hoy Basílica Menor ), atendiendo el llamado que habíamos hecho para protestar contra la llegada del denominado "Rey de Reyes" a Panamá. El gobierno de Carter no sabía qué hacer con el Sha de Irán, así es que, Panamá fue entonces lo que sigue siendo hoy sin dictadura militar: vertedero de los desechos políticos no reciclables.
El día anterior, el 18 de diciembre, con el Sha ya en Panamá, al cuidado de Noriega, secuestraron (los del G-2) a Betito Quirós Guardia durante una protesta -contra el Sha de Irán- frente al Ministerio de Relaciones Exteriores. Se lo llevaron al Cerro Ancón y lo iban a lanzar desde allá y hacerlo aparecer como un suicidio, si no fue por la rápida movilización radial que se produjo exigiendo su liberación. Pero él mejor que nadie puede narrar lo ocurrido.
Ese 19 de diciembre de 1979, en compañía de más de tres centenares de ciudadanos nos reunimos frente a las escalinatas de la Iglesia Don Bosco, para expresar nuestro repudio a la presencia del Sha en Panamá. No tardaron en aparecer dos oficiales de la Guardia Nacional, Julián Melo y Roberto Armijo a amenazar que no podía haber marcha "por órdenes superiores". Los presentes decidimos iniciar la protesta pacífica agrupándonos en la calle. En cuestión de minutos decenas de guardias uniformados, motorizados y en civil aparecieron de todas las calles aledañas. Más de cuarenta motorizados del tránsito se colocaron a unos veinte metros de donde estábamos para iniciar la protesta. Caminé hacia ellos, solo, megáfono en mano, Pensé que querían condicionar la marcha a otra "orden superior". No había terminado de llegar cuando el jefe de los motorizados (que después supe se llama Tomás Herron De Diego), se abalanzó y me entró a golpes. Puñetazos y puntapiés cayeron sobre mí, al tiempo que gritaba junto al tenebroso G-2, Fritz Gibson Parrish, alias Sangre: "Aquí está Bernal". Una mancha de palos, manguerazos, golpes de todas clases y de todos lados llovió sobre mi cuerpo de parte de uniformados, de G-2, y también de los motorizados. Me resistí. Me arrastraban. Me tiraban al piso y pateaban. Doña Elvia Lefevre, Víctor Navas King y una dama desconocida, se metieron en medio de la golpiza en desesperado esfuerzo por impedir la salvaje tortura pública a la que estaba yo siendo sometido. También les golpearon y nunca he dejado de saber que esos golpes, que ellos recibieron, a mí me salvaron la vida.
La salvaje golpiza pública duró una eternidad. Por ello el recuerdo persiste. Primero me llevaron al Cuartel Central, cuando vieron que me moría me llevaron al Hospital Santo Tomás... convulsionando. En forma agravada, intencional, premeditada fui maltratado físicamente, en un acto cruel, inhumano y degradante. Poco les importó a los autores intelectuales y menos aún a los autores materiales dado que sabían, ya para entonces, que su acto encontraba justificación en la corrupción que imperaba y que el manto de impunidad los arroparía siempre, como ya entonces los arropaba y hoy arropa a otros. Nunca el caso fue debidamente examinado por las autoridades competentes del Estado. Ni entonces, ni después. Las autoridades competentes del entonces Ejecutivo, Judicial y Legislativo no procedieron a una investigación.
Pasada la invasión, ilusamente pedí se iniciara un proceso penal contra el supuesto culpable o culpables de conformidad con la legislación vigente. La entonces Juez Octava del Circuito de lo Penal del Primer Circuito Judicial de Panamá, mediante auto calendado 29 de abril de 1993, decretó la prescripción de la acción penal por los delitos contra las libertades públicas, libertad individual, abuso de autoridad e infracción de los deberes de los funcionarios públicos, de asociación de malhechores y de lesiones personales.
Ahora que se han descubierto las fosas clandestinas que albergan decenas de cadáveres de los "desaparecidos" por la dictadura y que el jefe del Ministerio Público intenta ocultar, recordemos también que la represión violenta no fue, lamentablemente, un hecho aislado que pueda archivarse en la memoria por indiferente que se quiera ser. Fue un capítulo que años más tarde -especialmente de 1987 a 1989- se repetiría, con igual o mayor crueldad, contra numerosas víctimas y que todavía hoy se practica, como lo muestran las agresiones a la Universidad (1998), a los pobladores de Mocambo Abajo y hace unos días, la golpiza propinada a un joven cantautor por más de diez policías y que ha sido justificada por el Director de la Policía.
A veintitrés años de la golpiza, debo recordarles a todos los, que por acción u omisión, material o mentalmente participaron y celebraron aquella golpiza y, también a aquellos que hoy ordenan golpizas a los compatriotas que expresan o manifiestan su derecho a disentir, que, ante la tortura practicada por funcionarios, cuando hay ciudadanos con dignidad, ¡¡¡jamás puede, ni debe haber olvido!!! [mabernal@sinfo.net]
*Director de la Ciudadela Jesús y María
Según la dirigente no había necesidad de una invasión para sacar a Noriega del poder y culpa al procurador Rogelio Cruz de ser el responsable de que muchos de la camarilla de Noriega quedaran en libertad o salieran del país.
Para Koster la invasión norteamericana de Estados Unidos a Panamá fue un acto programado en el que participaron sectores políticos y económicos de los Estados Unidos y Panamá.
De acuerdo con Edna Gioconda Davis la lucha emprendida por los panameños contra la dictadura de Noriega fue "justa" , aunque siempre ella estuvo de acuerdo con una transición democrática del poder sin llegar a la violencia. "La invasión fue un final muy triste que nos causó mucho dolor", indica la ex activista.
Destaca que el pueblo sí aprendió la lección de lo que fue la dictadura y posteriormente la invasión, pero no así los políticos que como no participaron en la lucha no valoran el costo que tuvo la democracia para Panamá.
Según Davis, los políticos vivieron en el exilio y llegaron después de la invasión a beneficiarse de la lucha del pueblo, lo que ha ocasionado que muchos de ellos no tengan conciencia de lo costó la democracia y aprueban acciones que han hecho que el sistema democrático retroceda en Panamá.
"el pueblo sí aprendió la lección, pero los políticos parecen que no", asegura Davis, quien no descarta que los panameños tengan que volver a las calles a defender la democracia.

101 años de Panamá América

 
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