En el Día de la Madre
Siempre se ha dicho que amamos en la madre al ser que más se acerca a la bondad divina. Amamos en ella el espíritu de sacrificio, la consagración al bienestar de los demás, la dedicación constante a la formación y orientación de las nuevas generaciones y a la protección de ese sagrado núcleo social que es el hogar, que es la familia. Amamos en la madre al origen de todos nosotros y la esperanza de un mundo mejor para las generaciones venideras.
Ese amor, sin duda, ha de manifestarse en forma permanente y constante; ha de expresarse, en una u otra forma, en cada uno de los días de nuestra vida. Pero es en la fecha de hoy cuando adquiere celebración especial, cuando florece en el perfume y se ilumina con el color de las flores, para rodear, como cálida oleada de emoción profunda, al más noble y digno de todos los seres humanos.
Y así como los hombres tenemos una madre, también la tienen los pueblos. La madre de los pueblos es la patria, que adquiere dimensiones sagradas al simbolizar la entraña de donde todos procedemos.
Es ella la que recibe en forma permanente el tributo de los buenos ciudadanos y la que ennoblece y dignifica todos los sacrificios, todas las luchas que, en forma constante, debemos hacer por llevarla a la perfección, por mantenerla en la integridad que le corresponde.
A la madre de cada uno de nosotros, y a la Patria, madre común del pueblo, rendimos hoy el homenaje de cariño, el tributo fervoroso, el juramento solemne de protegerla, de engrandecerla, y de hacernos nosotros, por nuestra conducta y nuestra nobleza, dignos de llamarnos sus hijos.
Ese amor, sin duda, ha de manifestarse en forma permanente y constante; ha de expresarse, en una u otra forma, en cada uno de los días de nuestra vida. Pero es en la fecha de hoy cuando adquiere celebración especial, cuando florece en el perfume y se ilumina con el color de las flores, para rodear, como cálida oleada de emoción profunda, al más noble y digno de todos los seres humanos.
Y así como los hombres tenemos una madre, también la tienen los pueblos. La madre de los pueblos es la patria, que adquiere dimensiones sagradas al simbolizar la entraña de donde todos procedemos.
Es ella la que recibe en forma permanente el tributo de los buenos ciudadanos y la que ennoblece y dignifica todos los sacrificios, todas las luchas que, en forma constante, debemos hacer por llevarla a la perfección, por mantenerla en la integridad que le corresponde.
A la madre de cada uno de nosotros, y a la Patria, madre común del pueblo, rendimos hoy el homenaje de cariño, el tributo fervoroso, el juramento solemne de protegerla, de engrandecerla, y de hacernos nosotros, por nuestra conducta y nuestra nobleza, dignos de llamarnos sus hijos.