En el Día de los Abogados
Hacen falta abogados, buenos y valientes abogados. Brillantes abogados. Abogados que sean fogosos en el verbo, que demuestren destreza en el uso de la palabra y que se apasionen por la causa que atienden. Abogados que no se dobleguen ante el poder del dinero o que se arrastren ante la presencia del fuerte a los extremos de demostrar cobardía y pusilanimidad. Abogados que se apasionen y sientan el dolor y el sufrimiento ajeno como si fuera el propio.
Abogados que, simple y sencillamente, no tengan miedo a nada ni a nadie. Que no se dejen vislumbrar por el oropel del cliente que cree que por tener dinero su causa está ganada o que por la sencillez y humildad del pobre rechace la defensa de su caso. Se requieren abogados que quieran el cambio, que luchen por el cambio de las viejas estructuras y del estado de cosas que mancilla y perturba a una sociedad. Abogados que hagan la crítica objetiva y pulcra sin que medie un interés egoísta o de ciertos intereses sectoriales; abogados que griten, que se rebelen, que se llenen de ansiedad y de un hervor especial que los impulse a la acción. ¡Que caigan los abogados cobardes! La Patria necesita de abogados que denuncien, que delaten las injusticias y que defiendan el imperio del Derecho por encima de las atrocidades y perversiones de los que en nombre de la justicia, del derecho o de la política, cometen los grandes desafueros de la ley y los terribles equívocos de la justicia. Se necesitan abogados atrevidos, audaces, no tímidos ni temerosos, que sean circunspectos sólo ante el altar de la justicia en cuyo nombre siempre deben actuar, pensar y proyectar sus acciones.
Los abogados que se requieren deben enlistarse en el agotador trabajo de la lectura permanente, incursionar en el reducido ejército de hombres y mujeres de leyes que parten del profundo conocimiento de los clásicos de la filosofía política, social, jurídica y que pasan revista al curso de las ideas del derecho a través de la historia; abogados que sean filólogos, lingüistas, académicos, cultos, intelectuales, retóricos, oradores, filósofos, juristas de mucho fuste, entregados al apostolado de la verdad y de la justicia. Necesitamos abogados que sepan hablar, discernir las ideas, coordinar y construir el argumento, y que, ante los tribunales o los despachos públicos, sepan blandir la espada de la razón como arma que ostentando doble filo, es capaz de partir en pedazos toda perversión, cualquier mentira; que tiene el poder de desbaratar las ardides o las tramas y diluir las componendas disfrazadas de nobles causas. ¡Feliz Día del Abogado! a todos los que creen en el Derecho y que no pierden el sentido de la justicia en sus acciones. Se busca, en fin, abogados que no distorsionen la razón del Derecho con tal de favorecer un interés claramente crematístico, pusilánime, sectorial o partidista.