En el día del educador
Los humildes maestros rurales hundidos en la montaña, los afanosos maestros de pueblos y ciudades, los profesores que en los colegios secundarios y en las aulas universitarias despiertan inquietudes y encienden ideales en la mente y en el corazón de los niños, adolescentes y jóvenes, celebran hoy su fecha clásica.
Se ha dicho que el educador es un segundo padre para los estudiantes. En realidad, la tarea que a ellos se asigna no solamente se acerca, en sublimidad a la misma que corresponde a los que dieron vida a los niños, sino que alcanza, en algunos aspectos, mayor trascendencia social. Solamente en los casos en que la madre o el padre pueden adoptar la misión de educar directamente a sus hijos, puede prescindirse de la labor del maestro. La mayoría de los miembros de las nuevas generaciones han recibido de maestros y profesores ese nuevo aliento vital, esa esencia de la personalidad que es la educación, sin la cual la vida no es completa ni tiene cabal significación social.
De allí la veneración respetuosa y el cariño fervoroso que los buenos estudiantes dispensan a sus educadores. Ellos sienten en el fondo de su corazón, en la claridad de su mente, que la vida que le dieron sus padres ha sido desarrollada completamente, en alta proporción, por la acción orientadora de los maestros y profesores. Ellos saben que en las aulas escolares han encontrado también el calor de hogar, cariño familiar, comprensión y estímulo para entender la vida y para adquirir los instrumentos en los cuales conquistarla.
De allí que tanto los niños de los grados elementales como los adolescentes de secundaria y los jóvenes de las universidades, así como los padres de familia, encuentren en esta fecha la oportunidad propicia para rendir manifestación de cariño, agradecimiento y admiración a los hombres y mujeres que han consagrado su existencia al sublime apostolado del magisterio. Igualmente deben los maestros y profesores de hoy día seguir los pasos que en su momento dieron figuras como Guillermo Andreve, Jeptha B. Duncan, José D. Moscote, Rubén D. Carles, Richard Newman, José D. Crespo, Melchor Lasso de la Vega, Simeón Conte, Diana Morán, y muchos otros, para que sirvan de ejemplo y línea conceptual para las futuras generaciones de panameños.
Se ha dicho que el educador es un segundo padre para los estudiantes. En realidad, la tarea que a ellos se asigna no solamente se acerca, en sublimidad a la misma que corresponde a los que dieron vida a los niños, sino que alcanza, en algunos aspectos, mayor trascendencia social. Solamente en los casos en que la madre o el padre pueden adoptar la misión de educar directamente a sus hijos, puede prescindirse de la labor del maestro. La mayoría de los miembros de las nuevas generaciones han recibido de maestros y profesores ese nuevo aliento vital, esa esencia de la personalidad que es la educación, sin la cual la vida no es completa ni tiene cabal significación social.
De allí la veneración respetuosa y el cariño fervoroso que los buenos estudiantes dispensan a sus educadores. Ellos sienten en el fondo de su corazón, en la claridad de su mente, que la vida que le dieron sus padres ha sido desarrollada completamente, en alta proporción, por la acción orientadora de los maestros y profesores. Ellos saben que en las aulas escolares han encontrado también el calor de hogar, cariño familiar, comprensión y estímulo para entender la vida y para adquirir los instrumentos en los cuales conquistarla.
De allí que tanto los niños de los grados elementales como los adolescentes de secundaria y los jóvenes de las universidades, así como los padres de familia, encuentren en esta fecha la oportunidad propicia para rendir manifestación de cariño, agradecimiento y admiración a los hombres y mujeres que han consagrado su existencia al sublime apostolado del magisterio. Igualmente deben los maestros y profesores de hoy día seguir los pasos que en su momento dieron figuras como Guillermo Andreve, Jeptha B. Duncan, José D. Moscote, Rubén D. Carles, Richard Newman, José D. Crespo, Melchor Lasso de la Vega, Simeón Conte, Diana Morán, y muchos otros, para que sirvan de ejemplo y línea conceptual para las futuras generaciones de panameños.