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En el medio de encuestas y sapos


Hoy voy a hacer algunas reflexiones propias de un país singular como Panamá. No tengo antecedentes que en otro lugar de este planeta, un líder de un partido poderoso haya renunciado a su candidatura presidencial por seguir los resultados de una encuesta electoral.

Si se hubiese tomado esta decisión, producto de una primaria ampliada en donde se le hubiese permitido participar a todos los miembros de los partidos aliados y a los independientes para escoger un solo candidato, como lo hacen en algunas naciones inclusive de nuestra América, otra cosa sería.

Pero es que en este bello istmo, las encuestas han venido adquiriendo más importancia, a tal grado que modulan las simpatías y las decisiones electorales, porque en esta particular sociedad donde todo el mundo juega vivo, es mejor un pájaro en mano que cien volando. Los prominentes políticos antes se cambiaban de bando el día después del conteo, por el bien de la patria. Ahora, cualquier momento de la campaña es bueno para renegar de sus ideologías, amigos y principios, claro está, por el bienestar de sus negocios.

Cada semana veo el programa de televisión "El Cartel de los Sapos". Ingenuamente creía que los aposentos reales de los convictos sólo era cuestión de las películas. La realidad ha superado la ficción. No me explico, cómo un sindicado internacional tiene la libertad de dar entrevistas, sentado en un mullido sofá y acicalado como un artista. Creo que los medios de comunicación, en la búsqueda de la verdad, han olvidado que existen límites que el sentido común nos indica, que se deberán considerar para no hacer daño a la República en su conjunto.

Es tiempo de detenernos y hacer un alto para reflexionar sobre los valores que como sociedad estamos prohijando.

No recuerdo que ninguna de las decenas de clubes, bancos y cientos de empresas de exitosos personajes del patio, le hayan negado una reunión, inversión o negocio a alguno de los tres últimos sapos que han estado bañándose en nuestras charcas, o a los ahora olvidados poderosos coroneles y generales de nuestra historia reciente. Lamentablemente el poseer costosos carros europeos, yates, aviones y helicópteros, lo mismo que tener mansiones y familias paralelas, son signos valorados por esta hipócrita sociedad civil para testimoniar ante el resto de nosotros, fracasados mortales, que ellos sí poseen poder, prestigio y riquezas.

La cacareada rendición de cuentas no sólo debe aplicarse para la gestión pública sino también para la empresarial, familiar y personal. Es menester que todos conozcamos de dónde vienen los ingresos, qué hacemos con ellos y en beneficio de quiénes se consumen. Los dineros del Estado deberán ser custodiados con la misma transparencia que los fondos privados. Lamentablemente, ambos procesos dejan mucho que desear a nivel de la mayoría de los 200 países del planeta.

101 años de Panamá América

 
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