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En el mes de los periodistas


La batalla entre los gremios periodísticos está desangrando la profesión, y nos convierte en más de lo mismo en un país donde la falta de claridad en las actuaciones públicas, y las mezquindades, nos cierran los caminos.
Aquí se aplican muy bien las palabras de David Brother, encargado por el Washington Post durante muchos años de la cobertura en la Casa Blanca, quien dijo que los periodistas destronan gobiernos, cierran empresas defraudadoras, descubren la identidad de asesinos en serie, develan oscuros secretos que revierten el orden mundial, pero son incapaces de ponerse de acuerdo para elegir el color de los manteles para su cena anual., Panamá América
En Panamá no es diferente. Las pasadas elecciones en el Sindicato dejaron un amargo sabor por el tono de la pugna y lo sucias que fueron las mañas de bando y bando. Hoy no es diferente en el Colegio. Las nóminas en revancha se han hecho de todo para descalificarse. Ellos, periodistas que se suponen manejan como su principal materia prima la verdad, se valen de trucos y argucias variopintas para destruirse.
En medio de esa guerra se ha sabido que la actual junta directiva del Colegio nunca se inscribió en el Registro Público, lo que tiñe de ilegalidad toda su actuación, que fue poca y magra. Los jerarcas que vengan no serán mejores, y perdonen la sinceridad.
Todo esto me hace pensar que durante mucho tiempo los periodistas panameños seguiremos teniendo menguada la cultura y el lenguaje, y tullida la imaginación.
Habrá colegas que me criticarán por estas palabras. Son aquellos que creen en el mito de que "los trapos sucios se lavan en casa". Eso aplicará para otros, creyentes del secreto como sustento de la buena imagen. Pero para los periodistas no se vale, pues a nosotros nos debe mover la transparencia y la franqueza sin atavíos. De eso vivimos.

101 años de Panamá América

 
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