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En el Punto Cero


Hace unas semanas, de viaje por Kazajstán, tuve la conmovedora experiencia de poner pie en el punto cero, el infame polígono de ensayos de Semipalatinsk, donde la Unión Soviética hizo estallar 456 armas nucleares entre 1947 y 1989.

Aparte de un círculo de sólidos plintos de hormigón, instalados para medir el poder destructor de las explosiones, poco había en esta estepa vasta y monótona que permitiera distinguir este lugar, que fue durante decenios el epicentro de la guerra fría y, como lugares similares en los Estados Unidos, una amenaza a la vida misma en la Tierra. Su triste legado perdura: ríos y lagos emponzoñados, niños afectados de cáncer y defectos genéticos.

Hoy, Semipalatinsk se ha convertido en un símbolo elocuente de la esperanza. El 29 de agosto de 1991, poco después de la independencia, el Presidente Nursultan Nazarbayev clausuró el sitio y prohibió las armas nucleares en Kazajstán, con lo que dio una expresión tangible a un sueño que no hemos podido hacer realidad, el de un mundo libre de armas nucleares. Ahora, por primera vez en toda una generación, hay razones para abrigar optimismo.

El mismo día en que acudí al punto cero, el Presidente Barack Obama anunció una revisión de la posición nuclear de los Estados Unidos. Predicando con el ejemplo, los Estados Unidos renunciaron como se prevé en el Tratado sobre la no proliferación o TNP, al desarrollo de nuevas armas nucleares y a ser el primero en utilizarlas contra las naciones.

En todo el mundo se observa un nuevo impulso. Los gobiernos y los grupos de la sociedad civil, que a menudo discrepan, han empezado a trabajar juntos por una causa común.

Desde el pasado 3 de mayo los dirigentes se reúnen en las Naciones Unidas para la Conferencia de examen periódica del Tratado sobre la no proliferación. La última reunión, celebrada hace cinco años, fue un fracaso reconocido. En cambio, este año podemos prever avances respecto de diversos asuntos. No debemos concebir expectativas alejadas de la realidad, pero tampoco podemos desperdiciar esta oportunidad de progresar en el desarme, el cumplimiento de los compromisos sobre la no proliferación, incluido el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en el Oriente Medio, y la utilización de la energía nuclear con fines pacíficos.

Las Naciones Unidas se encuentran hoy en un nuevo punto cero, el punto cero del desarme mundial, no un lugar temible sino un lugar esperanzador. Los que nos acompañan comparten la visión de un mundo libre de armas nucleares. Hoy, como nunca antes, los pueblos del mundo deben exigir cambios, exigir actos que vayan más allá de las medidas tibias del pasado.

101 años de Panamá América

 
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