En Estados Unidos llueve y aquí no escampa
En realidad no creo que toma mucho convencernos que la decisión de invadir Iraq por parte de Estados Unidos (EE.UU.) fue un error. Caer en el medio de países tales como Irán, Siria, Líbano, Israel, Arabia Saudita, no es cosa fácil. Se está probando en los hechos y eso que no hemos mencionado Afganistán y Corea del Norte.
Hago mención de lo anterior porque resta una buena cantidad de años en los que las acciones de EE.UU. afectarán de manera tremenda al resto del mundo. Panamá no se queda atrás. Creo que el actual mandatario estadounidense es sin lugar a dudas uno de los peores presidentes elegidos (¿?) en EU. El elegido en Panamá no deja de ser harto controvertido y paradójico. Según una encuesta, Martín es admirado por un alto porcentaje de la población, a pesar de todos los desbarajustes que vive el país. Todo el mundo puede ser culpable de los caóticos problemas que sufrimos, menos Martín. Sin embargo, insisto en que Martín es producto de la politiquería desenfrenada que ha existido a pesar de que fuimos invadidos por EE.UU., país que apoyó la narcodictadura, sea en tiempos de Omar o del MAN. Esta actitud, en extremo conveniente, es de esperarse de EE.UU., no es nada nuevo. Pero, ¿por qué cariño nosotros no hacemos lo indecible por lograr el adecentamiento, aunque sea progresivo, de nuestras acciones y actitudes?
Sin duda la razón se afirma en la total ausencia de líderes esforzados que estén dispuestos a virar la hoja de la corrupción y la politiquería rampante. Nada más tenemos que observar los que desde ya suenan como presidenciables. Primero, no debería haber reelección de ningún ex presidente.
Bien sé que en EE.UU., país al que calcamos cuando nos sale del forro, se permite una sola reelección, pero no podemos darnos el lujo de calcar a los gringos en esto. Después de todo, la corrupción norteña no se aproxima a la nuestra. Esta produce rascacielos muy impresionantes y, a la vez, una miseria extrema muy superior a la pobreza que existe en EE.UU.
Ahí lo dejo, porque comparar EE.UU. con Panamá crearía un debate de nunca acabar.
Lo medular, lo importante para Panamá, que es nuestra patria y a la cual nos debemos después de Dios, es que se acabe de tajo con la caricatura de democracia que hemos vivido la mayoría del tiempo en la cual dominan los politiqueros, los poderes económicos, la chusma que echa desechos en todas partes, sin excepción, y que juega vivo para aprovecharse y succionar hasta el último centavo en beneficio propio. Aclaro, el juega vivo y la lujuria por el dinero existe en todas las capas sociales. Sí, hay excepciones, pero se cuentan con los dedos de una mano, y restan dedos.
Hasta cuándo los tres poderes del Estado van a regodearse con los dineros que contribuye, principalmente el pueblo, puro pueblo. Es imperativo que se acabe con la impunidad: magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que la comunidad percibe como fariseos y que pueden juzgar los delitos de los diputados; legisladores también fariseicos que pueden juzgar los delitos de los magistrados de la CSJ; y un presidencialismo con poder omnímodo (que lo abraza y comprende todo) pero que hace nada significativo, heroico, para corregir decidida y certeramente el rumbo inmoral que vive Panamá, que es inmortal.
La solución la tienen los nuevos líderes que sabrán actuar de tal forma que desarrollen el carisma necesario para que los sigan las grandes mayorías. Entre los supuestos líderes existentes destaca nadie.
Pareciera que nuestras democracias trabajan para que surjan líderes estrafalarios como los que han surgido y están surgiendo en otras latitudes... pero sin remedio. ¡Pobre Panamá!
Hago mención de lo anterior porque resta una buena cantidad de años en los que las acciones de EE.UU. afectarán de manera tremenda al resto del mundo. Panamá no se queda atrás. Creo que el actual mandatario estadounidense es sin lugar a dudas uno de los peores presidentes elegidos (¿?) en EU. El elegido en Panamá no deja de ser harto controvertido y paradójico. Según una encuesta, Martín es admirado por un alto porcentaje de la población, a pesar de todos los desbarajustes que vive el país. Todo el mundo puede ser culpable de los caóticos problemas que sufrimos, menos Martín. Sin embargo, insisto en que Martín es producto de la politiquería desenfrenada que ha existido a pesar de que fuimos invadidos por EE.UU., país que apoyó la narcodictadura, sea en tiempos de Omar o del MAN. Esta actitud, en extremo conveniente, es de esperarse de EE.UU., no es nada nuevo. Pero, ¿por qué cariño nosotros no hacemos lo indecible por lograr el adecentamiento, aunque sea progresivo, de nuestras acciones y actitudes?
Sin duda la razón se afirma en la total ausencia de líderes esforzados que estén dispuestos a virar la hoja de la corrupción y la politiquería rampante. Nada más tenemos que observar los que desde ya suenan como presidenciables. Primero, no debería haber reelección de ningún ex presidente.
Bien sé que en EE.UU., país al que calcamos cuando nos sale del forro, se permite una sola reelección, pero no podemos darnos el lujo de calcar a los gringos en esto. Después de todo, la corrupción norteña no se aproxima a la nuestra. Esta produce rascacielos muy impresionantes y, a la vez, una miseria extrema muy superior a la pobreza que existe en EE.UU.
Ahí lo dejo, porque comparar EE.UU. con Panamá crearía un debate de nunca acabar.
Lo medular, lo importante para Panamá, que es nuestra patria y a la cual nos debemos después de Dios, es que se acabe de tajo con la caricatura de democracia que hemos vivido la mayoría del tiempo en la cual dominan los politiqueros, los poderes económicos, la chusma que echa desechos en todas partes, sin excepción, y que juega vivo para aprovecharse y succionar hasta el último centavo en beneficio propio. Aclaro, el juega vivo y la lujuria por el dinero existe en todas las capas sociales. Sí, hay excepciones, pero se cuentan con los dedos de una mano, y restan dedos.
Hasta cuándo los tres poderes del Estado van a regodearse con los dineros que contribuye, principalmente el pueblo, puro pueblo. Es imperativo que se acabe con la impunidad: magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) que la comunidad percibe como fariseos y que pueden juzgar los delitos de los diputados; legisladores también fariseicos que pueden juzgar los delitos de los magistrados de la CSJ; y un presidencialismo con poder omnímodo (que lo abraza y comprende todo) pero que hace nada significativo, heroico, para corregir decidida y certeramente el rumbo inmoral que vive Panamá, que es inmortal.
La solución la tienen los nuevos líderes que sabrán actuar de tal forma que desarrollen el carisma necesario para que los sigan las grandes mayorías. Entre los supuestos líderes existentes destaca nadie.
Pareciera que nuestras democracias trabajan para que surjan líderes estrafalarios como los que han surgido y están surgiendo en otras latitudes... pero sin remedio. ¡Pobre Panamá!