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En la danza de los millones, los monos lloran


La mayor?a de la gente hemos tenido la oportunidad de ver a otras personas llorar por razones distintas. Desde luego, llorar es la manifestaci?n humana del sentimiento, que bien puede ser por tristeza, por alegr?a, o por alg?n dolor corporal. ?Pero cu?ntas veces hemos escuchado a los animales llorar en su propio habitad? En efecto, los animales tambi?n lloran, pero a diferencia de los humanos, su llanto en ocasiones es el preludio de algo que va acontecer. Esto, generalmente, ocurre con todos los seres vivos de la selva; su traslado velozmente de un lugar a otro termina por evidenciar el acercamiento de una cat?strofe.

Eso es lo que a diario ocurre con las cientos de especies animales tropicales, amenazadas por el uso inadecuado de nuestros bosques. Miles de hect?reas de manglares secos y h?medos est?n siendo eliminadas en el sector atl?ntico, a pocos kil?metros del Canal de Panam?, para construir en esos espacios, gigantescos complejos habitacionales de alta exclusividad.

O sea, lo que ayer fue para los norteamericanos una barrera natural de protecci?n al buen funcionamiento de la ruta interoce?nica, al tiempo que permit?a el desarrollo, transformaci?n y evoluci?n de nuestra flora y fauna tropical en un extraordinario funcionamiento de su ecosistema, hoy para algunos inescrupuloso es sencillamente la oportunidad de poner a bailar algunos millones de d?lares, sin importar el da?o que se le ocasione al pulm?n de la ciudad de Col?n.

En las ?reas revertidas de Mind?, Davis, Brazos, Espinar y Margarita, corregimiento de Crist?bal en Col?n, a las 4:30 a.m, se produce un movimiento ?nico en su especie, la fauna empieza su exploraci?n cotidiana, mientras la flora perfuma el ambiente, acompa?ado del estruendoso grito del mono aullador, respondido por cientos de monos ara?as y peque?os monos Tit?; el aullido es interpretado como un llanto por la tierra que los vio nacer y que poco a poco, en complicidad con la autoridad, se va perdiendo. Llanto al un?sono que se repite al atardecer, como dando la se?al de guerra de que morir por la tierra es vivir. Ya les queda muy poco bosques a estas bellezas de nuestra naturaleza, es muy probable que los hijos de nuestros hijos no lleguen a conocer de las especies que vivieron en nuestro bosques si no se frena a tiempo la compra y venta de esas tierras revertidas que son el patrimonio de todos los paname?os, porque por ellas se escribieron las p?ginas del patriotismo con la sangre derramada de nuestros m?rtires.

Todos, nacionales y extranjeros tienen el derecho de vivir en paz, pero en igualdad de armon?a con nuestro entorno, con el respeto que se merecen nuestros bosques y animales. Y que no sea el poder del d?lar el que nos imponga un pa?s sin flora y sin fauna.

101 años de Panamá América

 
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