En la gran fecha venezolana
En esta fecha conmemorativa de la independencia venezolana, enaltezco a esa gran nación en el recuerdo fervoroso de sus figuras más ilustres: Simón Bolívar, Francisco de Miranda y Antonio José de Sucre, cuyas actuaciones en los fastos más gloriosos les convirtieron en héroes epónimos de América.
Miranda nació para destacar en la historia, no sólo de su tierra natal. Esa historia nos cuenta de sus hazañas como general francés, de sus andanzas por España, de su acercamiento a Catalina de Rusia. Como precursor de la Libertad Americana, abrió amplio cauce en el campo del destino histórico de todo un continente; pero, ese mismo destino le llevó a morir en una celda solitaria, donde rumiaba en silencio los recuersos acumulados en su mente de idealista.
Antonio José de Sucre, el inmolado de Barruecos, sintetiza en su persona toda la grandeza humana llevada a la cúspide de las más nobles cualidades. Sucre fue generoso hasta la exageración. Su espíritu nunca dio albergue a los oscuros sentimientos de la envidia, ni de la traición al amigo que depositó en él toda su confianza. Al igual que Bolívar alcanzó la cima para permanecer perennemente en los anales de la historia.
Simón Bolívar, campeón de la libertad americana. Todo lo sacrificó en el altar de la Patria. Poseedor de un apellido blasonado, heredero de cuantiosa fortuna, prefirió morir en la pobreza antes que rendir el bastión de sus ideales. Dio libertad a los esclavos, aun contra la oposición de sus allegados, albergó bajo su protección a los humildes, contrario al abuso de los prepotentes. Concibió la unidad del todo latinoamericano al prever el gigantismo del Coloso ubicado al Norte.
Idealizó en el Istmo un nuevo Corintio, donde todas las naciones de la América Hispana se unirían para alcanzar la mayor grandeza. Sus sueños, aún irrealizados, persisten en el alma de quienes no conciben que más de veinte naciones, unidas por una misma cultura y una historia común no hayan todavía erigido el muro de la igualdad que los separará del atraso y la pobreza.
Miranda nació para destacar en la historia, no sólo de su tierra natal. Esa historia nos cuenta de sus hazañas como general francés, de sus andanzas por España, de su acercamiento a Catalina de Rusia. Como precursor de la Libertad Americana, abrió amplio cauce en el campo del destino histórico de todo un continente; pero, ese mismo destino le llevó a morir en una celda solitaria, donde rumiaba en silencio los recuersos acumulados en su mente de idealista.
Antonio José de Sucre, el inmolado de Barruecos, sintetiza en su persona toda la grandeza humana llevada a la cúspide de las más nobles cualidades. Sucre fue generoso hasta la exageración. Su espíritu nunca dio albergue a los oscuros sentimientos de la envidia, ni de la traición al amigo que depositó en él toda su confianza. Al igual que Bolívar alcanzó la cima para permanecer perennemente en los anales de la historia.
Simón Bolívar, campeón de la libertad americana. Todo lo sacrificó en el altar de la Patria. Poseedor de un apellido blasonado, heredero de cuantiosa fortuna, prefirió morir en la pobreza antes que rendir el bastión de sus ideales. Dio libertad a los esclavos, aun contra la oposición de sus allegados, albergó bajo su protección a los humildes, contrario al abuso de los prepotentes. Concibió la unidad del todo latinoamericano al prever el gigantismo del Coloso ubicado al Norte.
Idealizó en el Istmo un nuevo Corintio, donde todas las naciones de la América Hispana se unirían para alcanzar la mayor grandeza. Sus sueños, aún irrealizados, persisten en el alma de quienes no conciben que más de veinte naciones, unidas por una misma cultura y una historia común no hayan todavía erigido el muro de la igualdad que los separará del atraso y la pobreza.