En manos de Washington: pierde la democracia
Con la reculada que dio Washington ante el fraude perpetrado por Fujimori en Perú vemos otro ejemplo de cómo Estados Unidos sacrifica la democracia en nuestros países en aras de sus propios intereses. Una organización que no tiene pelos en la lengua, el Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA), ha revelado que Washington se echó para atrás por dos razones. Por una parte, Fujimori abrió las puertas a comercios de Estados Unidos que el año pasado exportaron al Perú productos por mil seiscientos millones de dólares. Por otra parte, Fujimori desempeña un papel central en la "guerra" contra los estupefacientes.
Los panameños nos acordamos que durante la dictadura de Torrijos, Washington sabía que personas allegadas al dictador y funcionarios de su gobierno traficaban en estupefacientes. Inclusive, cuando un pariente de Torrijos iba a ser arrestado, el embajador de Estados Unidos en Panamá le sopló la información, evitando que su dictador favorito quedara mal parado.
En la dictadura de Noriega, el tráfico de drogas fue más intenso, así como el lavado del dinero producto de aquel negocio infernal. Pero, hasta que Estados Unidos invadió a Panamá en 1989, nada hizo Washington para detener al traficante en jefe, porque Noriega le pasaba información sobre Fidel Castro y Cuba. Es decir por la labor de espionaje de Noriega, Washington cerró los ojos a su papel en el tráfico de drogas y el lavado de dinero, y apoyó su dictadura, inclusive avalando el fraude electoral de 1984.
Al cerrar los ojos a lo que hacía Noriega, Washington sentenció al pueblo panameño a seguir viviendo bajo la dictadura de un criminal. Pero ahora, porque Fujimori ayuda a Estados Unidos en la guerra contra la droga, Washington ha sentenciado al pueblo peruano a vivir, igualmente, bajo la dictadura de un criminal. ¡Qué ironía!
Quienes culpan a los latinoamericanos de ser incapaces de forjar una democracia, y aseguran que nuestros desvaríos políticos se deben a la cultura hispana, tienen que reconocer que en América Latina, los políticos y militares usurpadores y abusadores del poder en sus países siempre han encontrado el apoyo decidido de Estados Unidos cuando han seguido los dictados de Washington.
Es cierto que las dictaduras no han sido eternas, aún cuando lo han parecido. Pero el arresto, exilio, tortura y asesinato de los que defienden la democracia, la censura de los medios de comunicación y la eliminación de la libertad de expresión individual, la burla de la ley mediante el control del órgano judicial, la imposición de marcos constitucionales que dan visos de legalidad a la usurpación del poder, la corrupción, y el fraude electoral que los dictadores usan para mantenerse en el poder, en todas partes han tenido el mismo resultado. Ha surgido una clase corrupta compuesta de mediocres, mentirosos, ladrones y pelechadores inmorales, acostumbrados al "hacer lo que sea" con tal de lograr sus objetivos.
Cuando el dictador es desplazado, esa clase queda en el país con enorme influencia debido a las riquezas acumuladas durante la dictadura. Quedan también las mentiras del aparato de propaganda del dictador, un sistema de valores trastocado por la experiencia de vivir bajo una dictadura, deudas astronómicas, y un pueblo que la dictadura ha mantenido pobre e ignorante.
He aquí la explicación de poco éxito que han tenido las débiles democracias que surgen al caer los dictadores. Un puñado de hombres y mujeres con conciencia cívica y amor por la patria, poco pueden hacer a corto alcance frente a una estructura legal diseñada para permitir el abuso del poder, la influencia de los corruptos, la cultura de "juega vivo" que rige en los partidos políticos y las presiones de Washington para proteger sus intereses.
Pero, ante esos males, hay remedios que tendrán el efecto deseado a largo alcance: defender la libertad expresión en los medios de comunicación, protestar altivamente contra el abuso del poder, conscientizar a la ciudadanía para combatir el cáncer de la corrupción, y luchar por el establecimiento de un nuevo marco constitucional verdaderamente democrático para regir los destinos de la Nación. Los hombres y mujeres de buena fe, ¡jamás debemos claudicar!
Los panameños nos acordamos que durante la dictadura de Torrijos, Washington sabía que personas allegadas al dictador y funcionarios de su gobierno traficaban en estupefacientes. Inclusive, cuando un pariente de Torrijos iba a ser arrestado, el embajador de Estados Unidos en Panamá le sopló la información, evitando que su dictador favorito quedara mal parado.
En la dictadura de Noriega, el tráfico de drogas fue más intenso, así como el lavado del dinero producto de aquel negocio infernal. Pero, hasta que Estados Unidos invadió a Panamá en 1989, nada hizo Washington para detener al traficante en jefe, porque Noriega le pasaba información sobre Fidel Castro y Cuba. Es decir por la labor de espionaje de Noriega, Washington cerró los ojos a su papel en el tráfico de drogas y el lavado de dinero, y apoyó su dictadura, inclusive avalando el fraude electoral de 1984.
Al cerrar los ojos a lo que hacía Noriega, Washington sentenció al pueblo panameño a seguir viviendo bajo la dictadura de un criminal. Pero ahora, porque Fujimori ayuda a Estados Unidos en la guerra contra la droga, Washington ha sentenciado al pueblo peruano a vivir, igualmente, bajo la dictadura de un criminal. ¡Qué ironía!
Quienes culpan a los latinoamericanos de ser incapaces de forjar una democracia, y aseguran que nuestros desvaríos políticos se deben a la cultura hispana, tienen que reconocer que en América Latina, los políticos y militares usurpadores y abusadores del poder en sus países siempre han encontrado el apoyo decidido de Estados Unidos cuando han seguido los dictados de Washington.
Es cierto que las dictaduras no han sido eternas, aún cuando lo han parecido. Pero el arresto, exilio, tortura y asesinato de los que defienden la democracia, la censura de los medios de comunicación y la eliminación de la libertad de expresión individual, la burla de la ley mediante el control del órgano judicial, la imposición de marcos constitucionales que dan visos de legalidad a la usurpación del poder, la corrupción, y el fraude electoral que los dictadores usan para mantenerse en el poder, en todas partes han tenido el mismo resultado. Ha surgido una clase corrupta compuesta de mediocres, mentirosos, ladrones y pelechadores inmorales, acostumbrados al "hacer lo que sea" con tal de lograr sus objetivos.
Cuando el dictador es desplazado, esa clase queda en el país con enorme influencia debido a las riquezas acumuladas durante la dictadura. Quedan también las mentiras del aparato de propaganda del dictador, un sistema de valores trastocado por la experiencia de vivir bajo una dictadura, deudas astronómicas, y un pueblo que la dictadura ha mantenido pobre e ignorante.
He aquí la explicación de poco éxito que han tenido las débiles democracias que surgen al caer los dictadores. Un puñado de hombres y mujeres con conciencia cívica y amor por la patria, poco pueden hacer a corto alcance frente a una estructura legal diseñada para permitir el abuso del poder, la influencia de los corruptos, la cultura de "juega vivo" que rige en los partidos políticos y las presiones de Washington para proteger sus intereses.
Pero, ante esos males, hay remedios que tendrán el efecto deseado a largo alcance: defender la libertad expresión en los medios de comunicación, protestar altivamente contra el abuso del poder, conscientizar a la ciudadanía para combatir el cáncer de la corrupción, y luchar por el establecimiento de un nuevo marco constitucional verdaderamente democrático para regir los destinos de la Nación. Los hombres y mujeres de buena fe, ¡jamás debemos claudicar!