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En memoria de César A. De León


Su trayectoria fue limpia, brillante, heroica, dramática, caracterizada por una tenacidad espartana, de convicciones ideológicas firmes, inclinado al sacrificio, hasta llegar al estoicismo.
El fue, pues, un excelente educador que enseñó a varias generaciones, y como decía Sócrates: "Hacer parir las mentes", él, desde su cátedra de Filosofía, iluminó el entendimiento de muchos discípulos, les pertrechó de un sentido crítico para ingresar a la lucha por la recuperación de nuestra soberanía mancillada por un poder extranjero.
Esas reflexiones se me agolpan en mi mente cuando supe del fallecimiento de mi querido profesor. La conocí en 1953 cuando ejercía la cátedra de Filosofía en las aulas del Instituto Nacional, fragua de patriotas y defensores incansables de la soberanía.
A ambos nos tocó vivir en la década del "50, cuando el país era constantemente sacudido por convulsiones sociales, producto de las acciones de gobiernos prepotentes.
En ese tiempo, Panamá y toda América Latina estaba ensombrecida por una corriente siniestra representa en el Markartismo, tendencia de extrema derecha que veía comunistas detrás de cada árbol, de cada esquina.
Los movimientos populares encabezados por al FEP, la UEU, sindicados y gente de las capas medias, eran reprimidos con el pretexto que eran instigados por ideologías exóticas.
Todos sufrimos persecuciones. El profesor De León fue acusado de impartir lecciones de marxismo en la Universidad y, después de un vergonzoso juicio, fue despojado de su cátedra, tanto en la Colina de la Universidad de Panamá como en el Instituto Nacional. Se elevaron al cielo protestas por todos los sectores sociales, pero se impuso la intolerancia, el fanatismo.
Recuerdo haber visto al profesor De León vendiendo empanadas para sobrevivir. El cerco de hambre que se le tendió fue implacable. Tuvo que emigrar a Chile, que lo acogió con simpatía, ya que conocían de su gran sabiduría. El profesor De León era un hombre sencillo, no gozaba de la jactancia. El investigaba, sus clases eran conferencias doctorales, bien documentadas.
Recuerdo que una vez dijo a la clase que él era la única persona en América que más conocía el pensamiento del filósofo de la historia, el inglés Arnold Toynbee, quien sostenía que las civilizaciones que han existido sufren un proceso igual a la vida de un hombre: nacen, se desarrollan, llegan a la cúspide y luego mueren. Toynbee había estudiado 39 civilizaciones y en todas ellas habían observado el mismo proceso.
El profesor De León no sólo se dedicó a servir su cátedra, también fue un distinguido dirigente de la Asociación de Profesores, destacamento de vanguardia que libró importantes batallas por las reivindicaciones populares, la soberanía, la democracia, el mejoramiento de la Educación.
En el capítulo de la Asociación de Profesores, del Instituto Nacional, él y el profesor Hugo Víctor constituyen sólidos pilares. El profesor De León era un sembrador de ideas. Creo que en parte él dio su aporte para que se dieran episodios memorables para impulsar el progreso socio-económico de Panamá.
Las conmociones sociales que constituyeron jornadas antiimperialistas y antioligárquicas como: Mayo de 1958, donde fueron asesinados 18 estudiantes; el 9 de enero de 1964, donde Ascanio Arosemena se conviertió en el mártir de la soberanía. Aunque la Patria queda desgarrada, ese hecho luctuoso nos proyecta a la recuperación de todo nuestro territorio y al perfeccionamiento de nuestra total independencia.
La última comparecencia del profesor De León ante sus alumnos fue hace unos meses, gracias a la feliz iniciativa del Lic. Miguel Angel Moreno Góngora, quien lo invitó para que dictara una charla a sus ex alumnos del Instituto Nacional con motivo del 50 aniversario de la graduación de este grupo en 1953. Necesitamos en este país más hombres íntegros como César A. De León. Su ejemplo tutelar nos obliga a imitar sus virtudes para ser mejores ciudadanos.
El era un hombre de una sola pieza. Militó en el Partido del Pueblo durante más de 50 años. Hemos avanzado profesor César A. De León. La lucha continúa, la Patria agradecida te rinde un homenaje póstumo. ¡Descansa en paz!

101 años de Panamá América

 
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