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En Panamá todos somos responsables


Hace tiempo que me pareció muy atinado escribir sobre el tema de la corrupción en nuestro país versus la poca participación del pueblo en los asuntos que a todos nos atañen: Nuestro Panamá.
Leí recientemente otra noticia de corrupción, esta vez acerca del repudiable tema de la planilla de familiares de un magistrado del Tribunal Electoral, en la institución que dirige, la cual debe ser una de las entidades más puras y transparente de este país por su vinculada acción de fiscalizar el ejercicio democrático del voto, por medio del cual una determinada persona llega por voluntad popular a tomar las riendas del país y ocupar el codiciado sillón presidencial.
Entonces, me pregunto, ante esta noticia, ¿qué ha dicho el pueblo o cuál ha sido su reacción?
Seguramente nos enteramos todos de esa vergonzosa noticia, pero lo dejamos simplemente pasar porque siempre hay algo más importante en qué enfocarnos, por ejemplo: los carnavales.
Por otro lado, no quiero dejar por fuera el tema de la corrupción vs. el gigantesco motor de desarrollo que está impulsando, a lo largo y ancho de nuestro país, importantes cuestiones que definirán un futuro cercano, posiblemente promisorio para nuestro país. (Digo posiblemente, porque dependerá de esa participación y fiscalización por parte de todos los ciudadanos de este país).
Basta con sólo dar un paseo por Amador y ver la transformación desmesurada sin verdaderos estudios o planes de impacto ambiental, etc., que está ocurriendo, especialmente en el Causeway y sus islas, al igual que en muchas otras áreas de nuestra gran ciudad.
Pero yo voy más allá todavía. Vemos construcciones millonarias en estas tierras, movimientos de tierra masivos, pero nadie se pregunta cómo se "negociaron" esos terrenos del Estado, ni tampoco quiénes fueron los cuatro gatos que se beneficiaron de dichas negociaciones, ni mucho menos cómo es posible que la Autoridad Marítima gire órdenes de suspender ciertos trabajos de movimiento de tierras en algunas de estas áreas, y nadie les hace caso a dichas órdenes, ¿es que acaso esas tierras no le pertenecen al Estado, o sea a todos nosotros?
Al menos nuestros medios de comunicación sí intervienen directamente en esa misión ciudadana, que tanto les menciono, y de hecho dichas negociaciones han sido noticias de los medios, pero los panameños, ¿qué hicimos al respecto? Nada. Seguro que lo leímos y luego lo olvidamos, por estar centrando nuestra atención en cosas como, por ejemplo, algún concierto, casualmente en el Figali Convention Center, en Amador, que dicho sea de paso la adquisición de dichas tierras se dio en la gestión anterior de gobierno, y también los medios lo anunciaron.
Señores y señoras ciudadanos, el punto que quiero resaltar en este artículo es que tenemos que estar con los ojos muy abiertos y velar por Panamá, así como cuidamos y defendemos nuestro hogar y todo lo que nos pertenece.
Moral y cívicamente todos somos responsables por lo que ocurre en este país.
Nuestro país es una mina de oro y nos pertenece a todos, no a unos cuántos bandidos que lo que quieren es manejarlo como una finca privada. Esto se tiene que acabar y ruego a Dios que no sea demasiado tarde.
Si verdaderamente todos los panameños empezamos a participar y fiscalizar mucho más la gestión pública, otro gallo cantaría a favor del pueblo panameño y de nuestras reales necesidades como país.
Empecemos ya a caminar todos en pro del país y combatamos el funesto crimen de la corrupción, que tanto daño nos hace.
En nuestras manos está cambiar y mejorar al país, para que quede en manos de gente honesta y trabajadora, como ustedes.

101 años de Panamá América

 
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