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¿En paz el Seguro?


Pareciera que la problemática de la Caja de Seguro Social hubiera caído "en santa paz". Ya es como un caso sin nada nuevo, desde cuando "expertos" foráneos vinieron para hacernos olvidar lo terrible del abismo abierto en los pilares de la Caja. El anestésico parece haber sido bastante eficaz. Porque incluso el pueblo recibió su dosis de silenciamiento, como si se hubiera convencido de algo, ya que no pocas personas y sectores guardaron silencio. La política que entre pecho y espalda adoptaron los altos mandos de la Caja, para los oyentes poco conocedores de los aspectos de mayor calado en cuanto al Seguro Social panameño, tuvieron un público meramente receptivo de la conocida realidad.
Sin embargo, esa propaganda de la plana mayor de la Caja no tenía gran fuerza, por venir de quienes emanó, porque nuestro pueblo no es tan ciego como algunos creen, y por lo menos no olvida lo que han sido los desfalcos millonarios (200 millones en una sola jugada con un supuesto "programa de viviendas") y muchas otras situaciones parecidas que sería largo enumerar, como las "inversiones" de millones o préstamos que en su triste historia ha hecho la Caja para darles "aires económicos" a los Gobiernos nacionales, como es público y notorio.
A pesar de todos los pesares, esa plana mayor, apoyada por "expertos" extranjeros, en sus "explicaciones al pueblo" sólo ha sido una confirmación de lo que inveteradamente ha venido sucediendo en la Caja, porque se ha hecho uso de fondos de la misma Caja, que son excedentes en ciertos programas, para pasarlos a los programas deficitarios, práctica que no se presenta como muy legal.
En los últimos tiempos, esos "traslados de fondos" han contribuido a disimular aquellas situaciones críticas de los programas que cubren sus déficits "con la otra mano" o programas donde todavía hubo algo de dinero. Pero tal situación no podía durar mucho, y ahora el derrumbe económico amenaza por todos los costados del rancho ardiendo.
¿Qué hicieron todos los gobiernos, de años a esta parte? Parapetar la gravísima situación económica de la Caja con medidas de emergencia, que no podían ni pueden sanear los déficits, sino, al fin y al cabo, postergar el día del hundimiento catastrófico.
Incluso la plana mayor de la Caja alentó al pueblo, en semanas pasadas, para que "propusiera soluciones", lo cual es algo irreal, porque las organizaciones (no muchas) que oyeron la propaganda orquestada oficialmente, carecían del conocimiento técnico indispensable en materia de seguridad social, para proponer las soluciones inmediatas, a mediano y largo plazo que pueden garantizar el "milagro" de la salvación de la Caja, pregonado propagandísticamente como si se tratara sólo de "quedar bien" (la realidad sería de desastre retardado o a plazos que no pueden ser muy largos). Tal actitud demagógica y suicida sería un engaño más, pero también podría ser el último, dada la gravedad aplastante en que actualmente se encuentra nuestra Caja de Seguro Social.
Se requiere, sí, que la Institución se reorganice a profundidad, orgánica y económicamente; se requiere que se suprima su sistema actual de Caja Menuda de los gobiernos oligárquicos y partidocrácticos de los turnos electoreros; se requiere que se reemplace la burocracia que ha venido carcomiéndola como botín politiquero. Se requiere que la administración de la Caja, pase a manos de un Patronato honesto a toda prueba, seleccionado por los sectores humanos que integran la Caja (sindicatos, asegurados, jubilados, gobierno, personal del Seguro, empleadores), organizado por la nueva Ley y sus reglamentos. Dicha ley requiere la consulta seria de la experiencia aleccionadora de los sistemas de seguridad de los países latinoamericanos, que nos son más próximos y más cónsonos con nuestra vida nacional.
Amanecerá y veremos.

101 años de Panamá América

 
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