En peleas de marido y mujer….¿nadie se debe meter?
Fui testigo de un hecho de violencia en un supermercado de la localidad, y me pareció que no debería dejar pasar desapercibida esta situación y traerlo a la atención ciudadana porque, de lo contrario, cada día que pasa nos estaríamos insensibilizando frente a estas muestras de agresión y violencia, y estaríamos siendo testigos y víctimas en todos los escenarios de la vida pública. A lo mejor, muchos ciudadanos que han sido testigos de lo mismo optan por darse la vuelta, miran hacia otra parte y pretenden creer que no les incumbe, que no pasa nada, cuando miles de mujeres en el país y millones de ellas en el mundo entero pasan por situaciones como éstas que parecieran peleas, pero que en el fondo son las más vivas expresiones de la violencia doméstica que ya ha traspasado los escenarios de lo privado para situarse en el de la cotidianidad sin que hagamos algo por evitar un hecho que cada vez más produce agresiones fatales, lesiones, pérdida de la autoestima y hasta de la propia vida.
Estaba en el supermercado cuando de pronto, unos cinco metros de distancia de donde me hallaba, escuché a un hombre que le gritaba a una mujer una palabra de grueso calibre que involucraba a nuestras madres, pero no en la forma respetuosa en la que nos dirigimos a ellas. Me di la vuelta y le indique al señor que no podía hablar así en un sitio público. En principio me miró y luego me pidió disculpas. A continuación, siguió dirigiéndose a la señora de manera violenta culpándola por una compra que ella estaba haciendo. Las palabras, los gestos, el trato implicaban las características de la violencia doméstica, solo que esta vez en un sitio público.
Nuevamente me volteé a mirar a la pareja y el señor me increpó diciéndome: "Ah, no, ya no, esta es mi esposa y es un asunto privado entre los dos". Yo le respondí: "Puede ser un asunto privado, pero lo está discutiendo en un escenario público; por lo tanto, no puedo ser testigo de violencia sin llamar la atención, no sólo a usted sino a la persona que está recibiendo el maltrato, en este caso verbal". El hombre se dio la vuelta gritando, "yo no sé qué le pasa a esta señora", y la señora se volteó hacia mí y dijo no entender qué me pasaba y porqué yo me metía en su vida. Ese hecho me hizo reflexionar y coincidir con las muchas investigaciones de las que disponemos en violencia doméstica.
Muchas mujeres que son víctimas de violencia no son conscientes de ello. Desconocen sus derechos y, lo que es mas penoso, desconocen que son las víctimas. Muchas han crecido en escenarios violentos y piensan que ellas deben aguantar estos tratos como naturales o parte de la relación de pareja. Lo que ocurre debajo de la superficie es que no han construido una autoestima adecuada y creen que se merecen lo que les ocurre, o que es su culpa.
En la mayor parte de los casos de violencia, la víctima se identifica con el agresor de forma tal que justifica su comportamiento y se cree culpable por lo que hace y esto es lo que perpetúa el ciclo de violencia. La agresión va seguida de culpa de la víctima que se siente responsable por el episodio de violencia, luego viene una fase de perdón, reconciliación y vuelta a la agresión. Este círculo se incrementa en ocasiones frente a nuestros ojos, pero seguimos creyendo un estribillo antiguo que nos enseñaban las abuelas: "en pelea de marido y mujer nadie se debe meter". Y no es cierto, ser testigo de violencia doméstica y no denunciarlo significa complicidad y conlleva responsabilidades legales.
Me gustaría poner de manifiesto que me preocupa la violencia doméstica en nuestro país, que todos los años mueren cientos de mujeres en manos de sus agresores, particularmente, sus cónyuges o parejas. Que la sociedad se hace de la vista gorda y "nadie se quiere meter" con el consabido cuento de que es mi pareja y yo puedo hacer lo que quiera. Existen leyes que protegen a las mujeres, sus familias y sus hijos; la sociedad no puede vivir a espaldas de las regulaciones sociales y para ser ciudadanos de un país debemos ser responsables y cumplidores de las leyes si queremos llevar una convivencia sana y pacífica. Que no nos escondamos a través de supuestos derechos para lastimar a otros y para no asumir responsablemente nuestra vida ciudadana.
Ojalá que este artículo sirva para despertar la conciencia de algunas mujeres víctimas de violencia y de sus agresores, lo mismo que sus familias y amigos, quienes a veces no hacen nada para evitar estos hechos, cada día más habituales y pasan de los espacios privados a los espacios públicos sin que la sociedad haga nada.