En picada
La crisis hipotecaria y bancaria que afecta a Estados Unidos y varios países del mundo, no es más que la especulación en los precios de las viviendas. La excesiva liquidez de los bancos y los bajos intereses llevaron a la banca a realizar préstamos hipotecarios sobre valores inflados.
Aunque existía un interés conveniente de los bancos sobre los préstamos, el valor de la casa no era real, y con el tiempo quienes adquirieron un préstamo no pudieron cumplir con tasas.
Los bancos flexibilizaron sus políticas bancarias permitiendo préstamos que en otras circunstancias eran inotorgables.
Al cesar la especulación, los precios inmobiliarios bajaron, pero no así las cuotas de los adquirientes que, en la mayoría de los casos, se vieron obligados a entregar al banco sus residencias con todo e intereses. Así las cosas, los bancos se quedaron con los bienes, pero sin compradores, pues se espera una caída aún mayor a la que se le piensa sacar provecho.
Los efectos norteamericanos ya se sienten en Europa; en España, por ejemplo, el sector inmobiliario empieza a decaer.
Ante la colectiva histeria financiera, la Superintendencia de Bancos en nuestro país indicó que el sistema sigue vivo, estable, y no se verá perturbado ante la crisis internacional. Aunque algunos expertos opinan que en Panamá también hay especulación en el mercado inmobiliario, también consideran que la banca panameña es más saludable que la estadounidense, pues otorga préstamos en base al avalúo de la banca, y no del mercado.
El descuido costará a Estados Unidos más de 180 mil millones de dólares, que asumirá la reserva federal para contener el pánico de los inversores. También busca inyectar liquidez a Fannie Mae y Freddie Mac, instituciones garantes de colaterales hipotecarios.
El fin no parece estar cerca. La quiebra de Lehman, con 158 años de trayectoria, puso en evidencia la fragilidad de estas empresas y el efecto dominó que produce la situación en la Bolsa de Valores de Nueva York y el mundo.