En política El saludo generoso, virtud del buen político
El saludo o el apretón de manos se remonta a las tribus primitivas y su uso evoluciona con gran simbolismo en todas las culturas hasta la sociedad moderna y el mundo occidental como demostración de buenas intenciones, reconocimiento, cortesía o aprecio y también para validar la palabra de honor empeñada. Negar u omitir un saludo es despreciativo y revela falta de gentileza y mala educación, o una forma intencional de ofender o expresar enfado o irritación.
El saludo cordial o apretón de manos en la actividad política es de gran importancia, ya que el candidato que no salude o lo hace a medias sufrirá una disminución significativa en su capacidad de convocatoria y arriesga el rechazo a su candidatura.
Hace poco pregunté a un joven que trabaja en mi oficina por quién votó para diputado en las elecciones pasadas. Me contestó que por una candidata cuyo partido él y su familia han adversado siempre. Durante la campaña política, en la esquina de una calle de la capital ella se le presentó, le estrechó la mano y cortésmente le pidió su voto. El votó por ella simplemente porque lo saludó y porque ningún otro candidato le pidió su voto. Sí, el voto debe ir a quien ofrece las mejores perspectivas según diversos y serios criterios, pero ningún político puede darse el lujo de ignorar el elemento emocional y su papel en el voto de los electores y debe esforzarse en intentar, desde su retórica y trato, en llegar a cada votante de manera tan inclusiva y personal como le sea posible.
Cuando se participa en política el saludo y la presentación personal genera simpatías, inclusive cuando se trata de adversarios o indecisos, ya que logra disminuir o al menos neutralizar su rechazo o apatía. Un buen político, entre otras cosas, busca el saludo de las personas que lo rodean, y no, por el contrario, espera a ser saludado por ellas; no saluda solamente a dos personas de seis que hay en una mesa, sino que le da un apretón de mano a todos.
El político inteligente mantiene comunicación constante con sus simpatizantes, esforzándose por responder sus llamadas en la mayor medida posible. El buen político es accesible y campechano. No son suficientes los mensajes en los letreros, medios televisivos, radiales o de prensa escrita; el saludo personal y el apretón de manos son igual o más efectivos e igualmente necesarios. Desafortunadamente no son pocos los que olvidan que a las personas, sin excepción, les gusta que las saluden. Así de simple.