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En pos de un nuevo futuro para Haití


El Club de Golf de Petionville se extiende por una ladera desde la que se divisan Puerto Príncipe y el mar. Las otroras impecables calles del campo de golf acogen actualmente a cerca de 50,000 de los 1.2 millones de personas desplazadas a causa del terremoto, que se refugian, amontonados, en tiendas de campaña y bajo lonas facilitadas por las Naciones Unidas y los organismos internacionales de socorro.

Cuando lo visité hacía sol. Parecía que la vida seguía su curso: los niños jugaban y las madres lavaban la ropa en tinas al aire libre. Muchas personas habían montado puestos y mercados improvisados en los que vendían alimentos, carbón, fruta, zapatos, champú… Bajo un sol resplandeciente es fácil ver tal cosa como una señal de esperanza y vida entre las ruinas. El miércoles 31 de marzo, los líderes mundiales se reunieron en la Sede de las Naciones Unidas en Nueva York para celebrar una conferencia de donantes de suma importancia, una expresión tangible de solidaridad con el Gobierno y el pueblo de Haití. El Presidente René Préval afirma que se trató de una “cita con la historia”, un pacto para poner los cimientos del que denomina “un nuevo Haití”, un Haití transformado. La misión consistió en ofrecer esperanzas y hacerlas realidad.

Durante semanas, los expertos se han dedicado a evaluar las necesidades y los costos de la catástrofe del 12 de enero. En colaboración, el Presidente Préval y su gobierno han elaborado un plan de acción estratégico para orientar la recuperación y el desarrollo del país. Se trata, sin lugar a dudas, de un documento con visión de futuro.

Un alto funcionario haitiano que recorría la devastada capital del país con el Enviado Especial de las Naciones Unidas, el ex Presidente Bill Clinton, señaló las ruinas del edificio del Parlamento nacional y del Palacio Presidencial. “No queremos restaurarlos”, dijo, refiriéndose a los históricos edificios coloniales derruidos. Habló de sustituirlos por algo totalmente nuevo, moderno y más acorde con las aspiraciones de Haití a ser una nación en desarrollo autosuficiente, con la esperanza genuina de tener ante sí un nuevo comienzo y un futuro próspero.

Tal fue nuestro reto en Nueva York: no reconstruir, sino “volver a construir mejor”, para crear, literalmente, un nuevo Haití. El plan prevé el establecimiento de una nueva comisión provisional para la reconstrucción de Haití, que canalizará casi 4,000 millones hacia proyectos y programas específicos en los próximos 18 meses. Los recursos necesarios para la reconstrucción de Haití en los próximos 10 años se estiman en 11,500 millones de dólares.

Este contrato social tiene que empoderar a las mujeres, como jefes de familia y sustento del hogar, como nuevas empresarias, como defensoras de los vulnerables, con plenos derechos como encargadas de adoptar decisiones en incipientes instituciones democráticas y organizaciones de acción ciudadana. Tiene que ofrecer nuevas oportunidades de adelanto económico y, sobre todo, empleo. El programa de dinero por trabajo de las Naciones Unidas debería servir de modelo. A fin de cuentas, solo los haitianos pueden reconstruir Haití, más bien, construirlo de nuevo mejor.

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