En problemas la sede de ALCA
El Viceministro de Comercio Exterior, Roberto Henríquez, ha dado la voz de alarma: hay signos evidentes que indican que se encuentra en marcha un movimiento para despojar a Panamá de la sede de la Asociación de Libre Comercio de las Américas (ALCA).
En efecto, según este alto funcionario, en Miami personas dedicadas a una campaña bien organizada de promoción publicitaria, señalando con mucha insistencia que Miami no debe dejar de ser la sede de la organización. Expresan que las cosas han funcionado correctamente y que no hay razones suficientes que obliguen el cambio de sede para la ciudad de Panamá.
Desde luego, a todos nos interesa que Panamá pueda conservar la designación como sede futura de este nuevo mecanismo internacional vinculado al comercio. Las ventajas en términos de solidificación del prestigio nacional, así como el flujo de visitantes que se generará con motivo de las distintas y constantes reuniones de distinta naturaleza, indican que a nuestro país le resulta claramente conveniente esta función, que se corresponde perfectamente con la función de tránsito que proviene de nuestra posición geográfica. En este sentido, todos debemos de trabajar para esa finalidad nacional que de estar por encima de los partidos y de las pasiones de carácter político, tal como lo entendió el gobierno que presidió el Dr. Pérez Balladares, que fue, precisamente, el que logró la sede de ALCA para Panamá.
¿Dónde radica el problema? En que la aspiración nacional puede verse debilitada por las políticas adoptadas por el gobierno actual. En efecto, ALCA es una expresión inequívoca de las nuevas tendencias en torno a la economía mundial, aplicadas al continente americano. Implica, ni más ni menos, el reconocimiento de que las barreras que con tanta rigidez se aplicaron en el pasado, creyendo que así se lograba algún grado de desarrollo, ya no cumplen ninguna tarea en beneficio del crecimiento de las economías. La política de fijar impuestos altísimos de importación a todos los productos ya no tiene cabida en los tiempos que corren y lo que procede es aplicar nuevas políticas que estimulen la libertad de comercializar, a fin de lograr más bajo nivel de precios para el pueblo consumidor.
Entonces, ¿cómo puede extrañarnos que haya dudas sobre la conveniencia de que Panamá sea sede de ALCA? En menos de un mes, el nuevo gobierno de Panamá anuncia políticas que van a contrapelo de lo que es ALCA. Sin escuchar razones que aconsejan lo contrario, se ha empezado por imponer alza de aranceles, volviendo al viejo método de protección conservadora que todo el mundo está descartando por ineficiente. Introducir la demagogia y la politiquería en el manejo de los temas económicos es un error garrafal que necesariamente va a perjudicar a Panamá, y, en especial, a la gente que depende de precios estables y bajos para poder subsistir. El nuevo gobierno parece no haber entendido o no querer entender que subir aranceles significa subir precios y que lo único que le queda a los productores nacionales en esta etapa es afinar su sentido de la eficiencia y competir en un mundo en donde ya no cabe ningún paternalismo.
En esas condiciones ¿cómo puede pretender el Viceministro de Comercio Exterior que se le atiendan sus preocupaciones si su gobierno niega, en esencia, todo lo que ALCA representa en la actualidad? Y si Panamá pierde la sede, en quién más radicará la culpa sino en un gobierno que demuestra tan poca consistencia y que va por un camino que ya nadie en este mundo quiere recorrer.
En efecto, según este alto funcionario, en Miami personas dedicadas a una campaña bien organizada de promoción publicitaria, señalando con mucha insistencia que Miami no debe dejar de ser la sede de la organización. Expresan que las cosas han funcionado correctamente y que no hay razones suficientes que obliguen el cambio de sede para la ciudad de Panamá.
Desde luego, a todos nos interesa que Panamá pueda conservar la designación como sede futura de este nuevo mecanismo internacional vinculado al comercio. Las ventajas en términos de solidificación del prestigio nacional, así como el flujo de visitantes que se generará con motivo de las distintas y constantes reuniones de distinta naturaleza, indican que a nuestro país le resulta claramente conveniente esta función, que se corresponde perfectamente con la función de tránsito que proviene de nuestra posición geográfica. En este sentido, todos debemos de trabajar para esa finalidad nacional que de estar por encima de los partidos y de las pasiones de carácter político, tal como lo entendió el gobierno que presidió el Dr. Pérez Balladares, que fue, precisamente, el que logró la sede de ALCA para Panamá.
¿Dónde radica el problema? En que la aspiración nacional puede verse debilitada por las políticas adoptadas por el gobierno actual. En efecto, ALCA es una expresión inequívoca de las nuevas tendencias en torno a la economía mundial, aplicadas al continente americano. Implica, ni más ni menos, el reconocimiento de que las barreras que con tanta rigidez se aplicaron en el pasado, creyendo que así se lograba algún grado de desarrollo, ya no cumplen ninguna tarea en beneficio del crecimiento de las economías. La política de fijar impuestos altísimos de importación a todos los productos ya no tiene cabida en los tiempos que corren y lo que procede es aplicar nuevas políticas que estimulen la libertad de comercializar, a fin de lograr más bajo nivel de precios para el pueblo consumidor.
Entonces, ¿cómo puede extrañarnos que haya dudas sobre la conveniencia de que Panamá sea sede de ALCA? En menos de un mes, el nuevo gobierno de Panamá anuncia políticas que van a contrapelo de lo que es ALCA. Sin escuchar razones que aconsejan lo contrario, se ha empezado por imponer alza de aranceles, volviendo al viejo método de protección conservadora que todo el mundo está descartando por ineficiente. Introducir la demagogia y la politiquería en el manejo de los temas económicos es un error garrafal que necesariamente va a perjudicar a Panamá, y, en especial, a la gente que depende de precios estables y bajos para poder subsistir. El nuevo gobierno parece no haber entendido o no querer entender que subir aranceles significa subir precios y que lo único que le queda a los productores nacionales en esta etapa es afinar su sentido de la eficiencia y competir en un mundo en donde ya no cabe ningún paternalismo.
En esas condiciones ¿cómo puede pretender el Viceministro de Comercio Exterior que se le atiendan sus preocupaciones si su gobierno niega, en esencia, todo lo que ALCA representa en la actualidad? Y si Panamá pierde la sede, en quién más radicará la culpa sino en un gobierno que demuestra tan poca consistencia y que va por un camino que ya nadie en este mundo quiere recorrer.