EN SOCIEDAD El “balâozinho” brasileiro
La ciudad de Porto Alegre en Brasil, donde me gradué de médico, tiene mucho más gente, carros y educación vial que nuestra querida ciudad. No recuerdo haber oído a alguien tocando el claxon. Pitar es algo extremadamente urgente, como sería usar la sirena de una ambulancia. A nadie se le ocurre dirigirse al carro vecino con ruidos. Lo mejor de todo es su organización vial.
Siendo que el tiempo es parte de la economía, todo es más productivo cuando el tránsito es fluido. Allá se puede circular por la ciudad sin tranques. No hay secretos, hay organización.
Hay semáforos coordinados, Fuerza Pública en suficiente cantidad vigilando las calles (no solamente a personalidades).
Las calles no se usan como estacionamientos que reducen la cantidad de paños.
Inspectores civiles en áreas críticas libreta (de boleta) en mano.
Puntos para taxi al margen de las calles (evita la paradera en plena calle y el desgaste de combustible).
Movilización rápida fuera de la corriente de vehículos involucrados en accidentes sin lesiones corporales. Y se utiliza mucho el "balâozinho" (o "vueltita de la bola". Todo lo que se hace con sabor a fútbol es agradable.
Esa sencilla maniobra consiste en prohibir todos los giros a la izquierda (en lugares donde hay dos vías y no hay pasos elevados), dando un tránsito fluido y disciplinado a las avenidas. Para doblar a la izquierda se tiene que entrar a la derecha y girar alrededor de una cuadra hasta llegar a un semáforo que controla el cruce de la vía.
Estas "sinaleiras" son puestas en distancias largas de manera que no se interrumpa el tránsito con mucha frecuencia.
Tal medida, exclusivamente, haría de nuestra ciudad una gran vía fluida y sin el aspecto de que "faltan calles o sobran carros".