En sociedad El grito de los excluidos (II)
José García Fajardo
Es un error considerar que el voluntariado social que ejercitamos en nuestras comunidades no está íntimamente ligado a la suerte de los más pobres del mundo. Se pierde de vista la auténtica naturaleza del voluntariado social y corremos peligro de reducirlo a una beneficencia que perpetua y se convierte en cómplice de las estructuras de injusticia que padece nuestra sociedad. Esas estructuras son la causa del subdesarrollo, que no es una etapa en el camino hacia el desarrollo sino un subproducto del mismo basado en una sociedad consumista, opulenta y despilfarradora a costa de la explotación de los pueblos empobrecidos del Sur.
Urge extender este movimiento de solidaridad a todos los hombres, comenzando por los más cercanos, por los que están a la vuelta de la esquina, por los que viven a nuestro lado sin que nos hayamos dado cuenta de su indigencia, de su tristeza y de su aislamiento mientras permanecemos ciegos a las manos que se extienden hacia nosotros y nos llaman. Más que enviados, debemos considerarnos llamados a un quehacer solidario. Al fin y al cabo, la libertad no nos la puede dar nadie sino que se conquista cada día.