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En torno al sistema sanitario panameño


El país está frente a uno de sus más grandes retos: reformar el sector público de salud.
1. La organización de un sistema sanitario que responda a las demandas sociales es, sin duda alguna, un problema político y técnico altamente sensitivo en cualquier parte del mundo. No comprender la dimensión estratégica que tiene la salud como una responsabilidad indeclinable de un Estado moderno, significa desconocer la naturaleza de un problema complejo que requiere de soluciones igualmente complejas, que van más allá de una simple polémica sobre el cual es el ente estatal que debe encargarse de la atención directa de ese servicio público.
2. El mercado más importante, desde el punto de vista económico, es el de salud y si le sumamos la asimetría de la información, fácilmente podemos cometer errores que no sólo se reflejarán en la popularidad de un gobierno; sino que a largo plazo, y esto es lo socialmente relevante, se proyectará negativamente en el índice de bienestar de la población.
3. Si no se coloca la salud pública en una agenda de Estado en la que se defina con precisión un conjunto estratégico de políticas de salud coherentes con la realidad nacional, nos abocaremos a una crisis que pondrá en peligro la gobernabilidad de la sociedad nacional.
4. La salud de una comunidad o población está determinada por varios factores que van más allá de las causas de enfermedades tradicionalmente entendidas. Las variables determinantes clásicas de la salud, a parte de la constitución biológica y genética de las personas, incluyen factores que afectan las opciones de estilo de vida, factores que afectan los marcos ambientales, sicológicos y económicos en los que viven las personas y factores que afectan los servicios de salud disponibles para la gente. La salud pública incluye tradicionalmente el control, evaluación y planificación de una variedad de programas y actividades destinadas a las necesidades identificadas de la población y el sector de salud pública debe tener la capacidad de llevar adelante esas funciones eficazmente para mejorar la salud de la comunidad.
5. La institución más grande del Estado, la Caja de Seguro Social (CSS), se ha visto inmersa en los últimos meses en situaciones muy difíciles por las cuales la sociedad panameña la ha juzgado muy duramente, desconociendo todos los servicios que la misma a lo largo de más de 60 años le ha brindado en materia de salud y de prestaciones económicas. Los panameños y panameñas debemos hacer un alto y no seguir destruyendo con críticas demoledoras las instituciones públicas de salud, por fallas que más que de individuos son propias del sistema del cual reconocemos requiere de profundas transformaciones para hacerle frente a los retos del presente y del futuro. Endilgarle a los regentes del sistema sanitario toda la responsabilidad no es correcto, porque históricamente los presupuestos destinados a la atención de las personas han sido exiguos y las instalaciones de salud han transitado por una secular postergación en el tiempo en temas como infraestructuras, equipamiento, mantenimiento y adecuación de procesos, entre otros.
6. Si no cambiamos el concepto que los problemas de salud sólo se resuelven en los establecimientos de salud y no en las comunidades con la participación de la gente, estamos destinados al fracaso como país, por lo que se hace imperativo la participación del Estado en su conjunto, a través del concepto de la intersectorialidad para verdaderamente mitigar la pobreza que se traduce en un núcleo irreducible de analfabetismo, exclusión social, menores ingresos y de una creciente baja calidad de vida. 
7. La CSS, con reformas internas profundas que aseguren a la comunidad la calidad, oportunidad y calidez de su servicio, debe seguir funcionando como tal. Como estructura hecha por el hombre está sujeta a fallas, no existen organizaciones perfectas en las que no se cometan errores. Resulta injusto que ahora no reconozcamos las vidas, que con la participación de sus profesionales, ha salvado la CSS. Generar una polémica entorno a individuos nos desvía de la verdadera solución del problema, en cuyo caso es fortalecer el sistema sanitario.
8. Cualquier reforma en el seno de los proveedores públicos de servicios de salud pasa por el obligado examen de las conductas egoístas respecto al deber sagrado de servir y de ser servidores públicos. Ya es tiempo que unos y otros entiendan que debe acabarse la doble moral y los discursos engañosos y comprometerse con brindar servicios humanizados a quienes se sirve.
9. Reformular el diseño organizacional de nuestro sistema sanitario, sin debilitar su institucionalidad, requiere de los actores sociales involucrados un compromiso con la sociedad nacional: hacer de lado cualquier interés personal, gremial o político; de lo contrario, insistimos, nuestra gobernabilidad a muy corto plazo estará seriamente comprometida. Lamentablemente, salvo a algunas excepciones, esto último no parece ser percibido por una fracción significativa de participantes de la Mesa de la Concertación Nacional.

(*Decano de la Facultad de Administración Pública de la Universidad de Panamá.)

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