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En torno a la “causa norteamericana”


“Debemos tomar algún tiempo para reflexionar sobre estas cosas. Son decisiones importantes”. Con esta cita del secretario de Defensa Donald Rumsfeld, el Financial Times de Londres ironiza el tono y la substancia de cómo el gobierno de Estados Unidos (EU) presenta sus opciones si ir a la guerra con Irak. Por las declaraciones de Rumsfeld y el vicepresidente Dick Cheney, los tambores de guerra han entrado en un ritmo de “crescendo”. Bush, tras una reunión con un líder saudita en su rancho en Crawford, Texas, declaró que aún no ha decidido si atacar a Irak. No obstante, la mayoría de los observadores europeos ven con inquietud lo que consideran es el apoyo del mandatario a las declaraciones de su vicepresidente y Secretario de Defensa en favor de una guerra preventiva. Algunos interpretan las declaraciones oficiales como parte de una guerra de nervios. Otros temen que es el anuncio de la apertura de un nuevo frente bélico, lo que está creando alarma en el Congreso que considera que debe ser consultado en caso de que se desplacen fuerzas armadas de EU a un frente de batalla.
En el curso de la semana pasada podría decirse que Bush y los halcones de su administración - Cheney, Rumsfeld, Condoleeza Rice, Paul Wolfowitz, Richard Perle y tantos otros- han conseguido forjar en el mundo la mayor alianza jamás vista en contra de sí mismos cuando no se ha cumplido aún el primer aniversario del 9/11. La característica respuesta de Washington fue designar a Charlotte Beers, conocida como la “reina de las marcas publicitarias” en el mundillo de las relaciones públicas, subsecretaria de Estado para Asuntos Públicos y Diplomáticos. Su tarea es explicar y vender la política exterior de Bush, particularmente su guerra contra el terrorismo. El problema referido a “por qué nos odian” fue expresado, en la jerga publicitaria, con otra frase: “Cómo reposicionamos nuestra marca”.
Para ganarle a la Jihad una parte del mercado, la ex directora de la agencia publicitaria J. Walter Thompson Worldwide recibió hace poco una asignación presupuestaria del Congreso de 520 millones de dólares para concentrarse en “poblaciones descontentas”, particularmente en Medio Oriente y en el sur de Asia. Según expresó Beers, “una mala percepción de EU conduce a la inestabilidad, y la inestabilidad ha demostrado ser una amenaza para nuestra seguridad, tanto en el plano interno como en el externo”. Los esfuerzos de Beers para organizar la mayor campaña de relaciones públicas de la historia de la política exterior norteamericana comenzarán con una investigación de mercado y grupos, para conectarse con irritados jóvenes musulmanes y para aleccionar a los legisladores a que reactiven y promuevan la causa norteamericana en la opinión pública mundial. Entre los proyectos especiales figurará la producción de videos sobre norteamericanos de origen musulmán, para demostrar que Estados Unidos es una sociedad abierta y tolerante, y la instalación de una red de noticias vía satélite transmitidas en árabe las 24 horas del día.
Uno de los obstáculos es que existen muchos mensajes que contrastan entre sí y que provienen de otras tantas fuentes. Otro es que los mensajes publicitarios tienen poca penetración. Son como vías de una sola mano. En cambio, un eficaz intercambio cultural depende de comprometer a otros al diálogo. La publicidad, cuando está desconectada de intercambios culturales más sustanciales, corre un doble riesgo: o es considerada otro ruido de fondo e ignorada o es citada como otro ejemplo de la abrumadora presencia de Estados Unidos en el exterior, por lo cual ya es criticado. En el fondo, la publicidad sólo será tan buena como el producto que trate de vender. Pero si la publicidad es una potente arma en manos del Poder Ejecutivo, el sistema político de EU cuenta con sus propios antídotos, el Legislativo y el Judicial. Ya dos jueces federales dictaminaron que el gobierno de Bush amenaza con restringir los derechos civiles con su política de mantener en secreto a los detenidos en Guantánamo.
En estos días una de las voces más respetadas del Congreso, la de John Warner, el senador republicano de mayor rango en la Comisión de las Fuerzas Armadas, ha hecho público su incomodidad por la premura para iniciar una guerra contra Irak, y pidió que Rumsfeld, presente los argumentos de la administración de Bush sobre una acción militar contra Bagdad, cuando el Congreso regrese esta semana de su receso veraniego de un mes. “La Constitución es clara: el Presidente tiene el derecho a actuar con o sin el Congreso’’, manifestó Warner, al referirse a los poderes del mandatario como comandante en jefe de las fuerzas militares. “Pero espero que el Congreso tome una acción formal para que podamos compartir la responsabilidad con el Presidente por las consecuencias de cualquier acción militar’’, añadió.
El senador Carl Levin, el presidente demócrata de la Comisión de Defensa, que por lo general coincide con su colega Warner, emitió una declaración en la que dijo que aún no ha decidido si se realizarán audiencias sobre Irak. Gran parte del escepticismo en el Capitolio sobre una posible invasión a Irak procede no sólo de los demócratas que ahora dominan el senado, sino también de influyentes voces republicanas. Sin duda, algunas de las opiniones disidentes proceden de ex asesores de alto rango del ex mandatario George Bush, entre los que están Brent Scowcroft, ex asesor en Seguridad Nacional, y James Baker, ex secretario de Estado. Scowcroft advirtió que atacar a Irak ahora pondría en peligro la guerra global contra el terrorismo al incomodar a los aliados. Tanto Scowcroft como Baker pidieron que Bush trabaje en su lugar con las Naciones Unidas para enviar nuevos inspectores de armas a Irak. ‘’Existe un consenso virtual en el mundo en contra de un ataque a Irak en este momento’’, observó Scowcroft en un artículo de opinión en The Wall Street Journal.
El destino me reservó el 1 de octubre de 1984, que me tocara como Presidente de la Nación panameña, recibir en su nombre tierras e instalaciones que en esa fecha se reintegraron al patrimonio físico, cultural y político de nuestra patria, a la vez que me permitió asumir la responsabilidad histórica de decretar el cierre de la Escuela de Las Américas. Manifesté ese día que la bandera de Estados Unidos le cedía sin violencia su sitial de honor a la bandera panameña. Es una fecha luminosa en el calendario de la descolonización programada en el Tratado de 1977, y que se realizó en un marco de relaciones armónicas entre los dos países.
Guiado por su sentido de soberanía, de dignidad y de manejo psicológico, Torrijos alcanzó el milagro de la firma de los nuevos Tratados del Canal y demostró cómo se pueden situar en el más elevado plano las relaciones entre un país pequeño como Panamá y una superpotencia como Estados Unidos, armonizando sus intereses contrapuestos en un escenario de franco entendimiento, como el derivado de la relación tan humana y amistosa establecida entre el Presidente Carter y el propio Omar Torrijos.
La dignificación de la imagen de la nación panameña como Estado soberano, la exaltó Torrijos en su peregrinaje por los países y gobiernos más influyentes del mundo desarrollado y en desarrollo. “Mi objetivo inmediato -decía- es seguir patrullando todos los puestos de avanzada de la dignidad mundial. Necesitamos que avalen a un mandatario que, independientemente del país que dirige, representa una moral firme. Y Jimmy Carter necesita que todas las opiniones de significativa jerarquía disparen en dirección al Congreso. Este es el cuerpo legislativo que determinará el precio de nuestra liberación”.
Los Tratados Torrijos-Carter nos liberaron del yugo colonial y fueron, por eso, un indudable instrumento de fortalecimiento de la fraternidad panameña. Esa fraternidad nos impulsa a dedicarle un recuerdo y una reflexión profundos a los que cayeron en esta lucha de generaciones, a los que cayeron en el camino luchando por nuestras reivindicaciones.
El 7 de Septiembre es una fecha de celebración y de recordación. El 7 de Septiembre es una fecha en la cual la fraternización entre los panameños encuentra su argamasa, su fuerza, su consistencia en el reconocimiento de que los Tratados Torrijos-Carter le ofrecen a nuestro pueblo los atributos para juntar esfuerzos dirigidos a elevar el honor, la dignidad y el prestigio de la nación panameña.
El 7 de Septiembre es una fecha que le da a los símbolos patrios, -nuestra bandera y nuestro himno-, un sentido pleno. El 7 de Septiembre es una fecha auspiciosa para que hagamos una reflexión profunda sobre la condición histórica y política del destino de nuestro país frente a los problemas de nuestro tiempo.

101 años de Panamá América

 
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