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En vez de "honoris causa, laboris causa"


El cardenal Carlo María Martini, ex arzobispo de Milán, quien después de 22 años de servicio pastoral, ajustada la edad recomendada, ha cedido la responsabilidad de la Arquidiócesis de Milán al Cardenal Dionigi Tettamanzi, el cual algunas revistas lo mencionan como "papabile", entre otros.
Dada sus ejecutorias como educador y hombre de libros, ya que fue rector de la Universidad Gregoriana de donde fue promovido al Episcopado y luego la carrera subsiguiente, dado su temperamento sobrio, en más de una ocasión rehusó varias distinciones "Honoris causa" de parte de diversas organizaciones mundiales. Sin embargo, aceptó al final de su gestión eclesial un reconocimiento en la Ciencia de la Educación de parte de la Universidad Católica de Milán. Sonriendo ha bromeado al recibir la distinción diciendo que hubiera preferido una condecoración "Laboris causa". En atención al trabajo efectuado.
Su santidad Juan Pablo II lo había consagrado Obispo con otros dos candidatos el 6 de enero de 1980, y en esa ocasión inspirado en el tema de la Epifanía dijo: "Hoy vinieron a Belén los tres magos de Oriente, guiados por la estrella de la fe. El Episcopado se puede decir que es un sacramento del camino. Ustedes reciban este sacramento para encontrarse en el camino tantos hombres y mujeres, a los cuales los manda el Señor, para emprender con ellos esa jornada, caminando, como los magos dirigidos por la estrella"... Así enviando a tres nuevos obispos para anunciar el Evangelio, el Papá les confió el símbolo de la Misión, la estrella y el camino.
Y la estrella del cardenal Martini ha sido la Palabra de Dios. No la ha perdido de vista. Bajo su luz ha caminado y con ella ha invitado a caminar a cuantos ha encontrado en el camino, creyentes y no creyentes. Son miles de jóvenes los que con él han seguido la estrella a través de la "Escuela de la Palabra", innumerables han encontrado la luz interior del discernimiento a través de los ejercicios espirituales o la "Cátedra del no creyente". El mismo Juan Pablo II, 22 años después, lo reconoció en la carta enviada al Cardenal Martini con ocasión de los 50 años de sacerdocio y en la conclusión de su misión en Milán: "Todos sabemos -escribía el Papa- con cuánto celo pastoral ha querido Ud. comunicar la Palabra de Dios a través de la catequesis escrita y oral, y también las enseñanzas espirituales con un alto nivel científico. Y las múltiples enseñanzas ofrecidas en la predicación de los ejercicios espirituales han servido de gran ayuda tanto al creyente como al no creyente. Por largo tiempo durará el recuerdo, dentro y fuera de los confines de la arquidiócesis de Milán, de aquella iniciativa bien conocida bajo el nombre de la "Cátedra del no creyente". En todo este esfuerzo, tu fecunda actividad pastoral siempre tuvo el preeminente lugar de Sagrada Escritura. Esa es la estrella del obispo misionero.
Ahora bien, existe el camino. Si la estrella es la Palabra de Dios, el camino del Cardenal Martini ha sido el diálogo con todos: con las culturas diversas y con las otras confesiones religiosas, con los intelectuales y con los sencillos, con los que cuentan y con los excluidos. El ha mostrado con los hechos que el "misionero" siguiendo la estrella, no debe temer andar aunque sea por caminos nuevos y desconocidos. "Jesús dejada Nazaret, vino a habitar en Cafarnaum" Mt.4, 13. Al evangelista -comentaba- no les interesa tanto señalar un simple cambio de domicilio, cuanto traer a la luz el sentido profundo de esa precisa decisión de Jesús. De hecho, "qué cosa era Nazaret" Una aldea insignificante de Galilea. Un paraje de tranquilidad campesina, de simplicidad aldeana, sitio de pequeñas envidias y de horizontes estrechos "Lo que diríamos nosotros hoy "pueblo chiquito, infierno grande". En comparación, Cafarnaum aparece como la ciudad abierta y compleja, paraje de trabajo y del comercio, del trueque del comercio y del tráfico. Trasladarse a Cafarnaum quería decir pues, Jesús salir de lo habitual, de lo previsto, para afrontar el cambio, el encuentro, lo que nosotros hoy llamaríamos afrontar la modernidad, complejidad, el pluralismo. Esta y no otra, es la ruta, el camino, el sendero, del Obispo misionero".
De la mano del cardenal Martini la responsabilidad misionera pasa al cardenal Tettamanzi, pero estamos siempre de la mano de Cristo, porque El es la estrella y el camino, es la Misión. Cada obispo es un misionero enviado por El.
El legado del Cardenal Martíni es el de un apostolado con un fuerte sabor ecuménico. Como biblista y como pastor de la Iglesia ambrosiana, no tenía sino un solo objetivo: la unidad de los cristianos.
El cardenal Martini, después de 22 años, cesó de ser el arzobispo de Milán. Los medios de comunicación social tan preocupados por la figura del Cardenal nos han subrayado las características del estudioso y del pastor. Practicó el ecumenismo de la caridad en el contacto personal. No desistió jamás en su empeño ecuménico y siempre participó en todo encuentro interreligioso. Invito a Milán al Patriarca Ecuménico de Constantinopla Bartolomeo I. Innumerables serán las personas que el Cardenal recordará en su retiro proyectado en Jerusalén. "Pienso -decía- que en la hora del silencio, y del paseo, meditaré sobre una serie de personas, rostros, amigos y así haré una síntesis contemplativa".

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