Encubrimiento
Encubrir a un delincuente tiene para el encubridor la consecuencia de convertirlo a él también en encubridor.
Hemos venido haciéndonos eco del clamor popular, que por cierto ya va en ascenso, de que es indispensable descorrer el velo y se haga conocer públicamente quiénes son los propietarios del transporte público, especialmente de los "Diablos Rojos", y cuántas unidades tiene cada uno registradas a su nombre. Ese negocio, que para algunos es muy fructífero, para muchos constituye derramamiento de sangre, dolor y luto por la muerte de un ser querido y para los vivos un violento ataque a su sistema auditivo, razón por la cual se han ganado el repudio del pueblo. Ese negocio, hoy por hoy, constituye piedra de escándalo.
Es obvio que muchos conductores que nada respetan y burlan la ley son meros peones de poderosos, poderosísimos individuos a cuyo servicio están y eso les garantiza impunidad para la comisión de sus fechorías. Esos propietarios innegablemente han mandado hasta hoy a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre; de lo contrario no habría sido tan patente la existencia de miles de boletas emitidas a los conductores por infracciones del tránsito vehicular para que comparecieran ante la autoridad competente a responder cargos. Peor aún, no se hubieran declarado esas boletas canceladas y en consecuencia no se hubiera producido la condonación de las multas que debieron entrar a los fondos públicos. Eso constituyó un abuso de autoridad por parte de quien las condonó, porque ningún funcionario tiene facultad para administrar justicia y usurparle sus funciones a los jueces.
Creemos en las buenas intenciones del nuevo jefe de la ATTT. Mientras no se sepa quiénes manejan el transporte público en el país, jamás habrá limpieza. Seguirán ocurriendo tragedias y proliferarán los muertos y el temor con que cada usuario tenga que usarlo.
Hemos venido haciéndonos eco del clamor popular, que por cierto ya va en ascenso, de que es indispensable descorrer el velo y se haga conocer públicamente quiénes son los propietarios del transporte público, especialmente de los "Diablos Rojos", y cuántas unidades tiene cada uno registradas a su nombre. Ese negocio, que para algunos es muy fructífero, para muchos constituye derramamiento de sangre, dolor y luto por la muerte de un ser querido y para los vivos un violento ataque a su sistema auditivo, razón por la cual se han ganado el repudio del pueblo. Ese negocio, hoy por hoy, constituye piedra de escándalo.
Es obvio que muchos conductores que nada respetan y burlan la ley son meros peones de poderosos, poderosísimos individuos a cuyo servicio están y eso les garantiza impunidad para la comisión de sus fechorías. Esos propietarios innegablemente han mandado hasta hoy a la Autoridad del Tránsito y Transporte Terrestre; de lo contrario no habría sido tan patente la existencia de miles de boletas emitidas a los conductores por infracciones del tránsito vehicular para que comparecieran ante la autoridad competente a responder cargos. Peor aún, no se hubieran declarado esas boletas canceladas y en consecuencia no se hubiera producido la condonación de las multas que debieron entrar a los fondos públicos. Eso constituyó un abuso de autoridad por parte de quien las condonó, porque ningún funcionario tiene facultad para administrar justicia y usurparle sus funciones a los jueces.
Creemos en las buenas intenciones del nuevo jefe de la ATTT. Mientras no se sepa quiénes manejan el transporte público en el país, jamás habrá limpieza. Seguirán ocurriendo tragedias y proliferarán los muertos y el temor con que cada usuario tenga que usarlo.