Encuentro de presidentes en Panamá
La cita en Panamá de presidentes y jefes de Estado en ocasión de la ceremonia de cambio de gobierno, más allá del protocolo, representa reposesionar al país en la escena internacional. Es, además, un espaldarazo a la transición democrática panameña. Los contactos iniciales del presidente electo, Martín Torrijos, priorizaron, como corresponde, las relaciones con los gobernantes de Colombia y Costa Rica, naciones limítrofes que ameritan un trato privilegiado.
Luego, Torrijos se entrevistó con otros líderes latinoamericanos y europeos, con el propósito de establecer las bases para la construcción de relaciones a partir de las cuales avanzar en iniciativas de interés común y de moldear un internacionalismo práctico en política exterior.
El nuevo gobierno está recuperando las oportunidades perdidas en el escenario mundial, en el cual la administración saliente tuvo un papel anodino.
El proceso de reinserción se está produciendo de manera rápida y vigorosa. En ese desarrollo juega un papel importante el legado internacional de Omar Torrijos. Gobiernos latinoamericanos y de otras latitudes, han expresado públicamente el reconocimiento a su figura como el líder continental que promovió el respeto del derecho internacional, abogó por la paz mundial, defendió la soberanía nacional, la equidad social y la cooperación intrarregional.
La presencia en Panamá de la numerosa representación de gobernantes y delegaciones de América y de otros continentes, es una señal auspiciosa del interés de esas naciones por acompañar y respaldar las tareas que se ha propuesto la nueva administración Torrijos.
El nivel de expectativas generadas entre los panameños, es similar a la producida en el exterior. El encuentro en Panamá puede contribuir a dar forma a iniciativas de interés continental. La lista de temas podría incluir, entre otros, programas solidarios para erradicar la pobreza, iniciativas para impulsar una estrategia energética regional, junto con proyectos de infraestructura, de comunicaciones, de seguridad marítima e involucrar a la comunidad internacional en el gran desafío de este siglo: la ampliación del Canal de Panamá.
Además de la modernización de la vía acuática, podría sumarse también a la comunidad internacional en la expansión del transporte marítimo y la actividad portuaria, teniendo el Canal como eje y elemento determinante en la estrategia marítima nacional.
Eso fortalecería los nexos como socios comerciales con gobiernos y el sector privado de otros países y colocaría el tema de la neutralidad del canal como medida de defensa y protección.
Esa neutralidad es la única defensa frente a quienes pretenden convertir el Canal en objetivo del terrorismo internacional. Este es el momento para que Panamá reafirme su liderazgo ante la comunidad internacional como potencia marítima de primer orden y se encamine a convertirse en el principal centro logístico del hemisferio occidental. Su posición geográfica es un recurso natural incomparable al servicio de la región y del mundo.
La rápida recuperación de su espacio en el sistema internacional, logrado por las nuevas autoridades panameñas, vinculando los temas de la integración y el comercio, aportará la coherencia que demandan las actuales relaciones exteriores.
Un canal neutral requiere, al mismo tiempo, de un trabajo recíproco y de equilibrio con todos los bloques y naciones.
La vocación internacionalista de Panamá debe conducir sus relaciones exteriores por el camino del multilateralismo, con claras definiciones en los foros mundiales y ante los mecanismos de consulta y concertación regionales. Eso obliga a reestructurar el servicio exterior como una prolongación de las políticas internas y transformarlo en un instrumento del desarrollo económico nacional.
Las relaciones exteriores de Panamá, sin duda, saldrán fortalecidas con la próxima cita presidencial en ocasión del cambio de gobierno. Una política exterior de amistad y cooperación, afianzada en la dignidad nacional, es lo que se valora y respeta en un mundo cada vez más interdependiente.
Por eso, en las relaciones internacionales deben ponderarse los aspectos sociales, políticos, económicos y de seguridad, bajo el imperativo de la convivencia y el respeto mutuo.
El encuentro de mandatarios en Panamá es una oportunidad invalorable para imprimirle un nuevo rumbo a las relaciones exteriores que involucren la defensa de los intereses nacionales, a toda la sociedad y al Estado, y dejen de lado esa forma de mirar al mundo desde la óptica de las preferencias personales y de las coyunturas políticas.
Luego, Torrijos se entrevistó con otros líderes latinoamericanos y europeos, con el propósito de establecer las bases para la construcción de relaciones a partir de las cuales avanzar en iniciativas de interés común y de moldear un internacionalismo práctico en política exterior.
El nuevo gobierno está recuperando las oportunidades perdidas en el escenario mundial, en el cual la administración saliente tuvo un papel anodino.
El proceso de reinserción se está produciendo de manera rápida y vigorosa. En ese desarrollo juega un papel importante el legado internacional de Omar Torrijos. Gobiernos latinoamericanos y de otras latitudes, han expresado públicamente el reconocimiento a su figura como el líder continental que promovió el respeto del derecho internacional, abogó por la paz mundial, defendió la soberanía nacional, la equidad social y la cooperación intrarregional.
La presencia en Panamá de la numerosa representación de gobernantes y delegaciones de América y de otros continentes, es una señal auspiciosa del interés de esas naciones por acompañar y respaldar las tareas que se ha propuesto la nueva administración Torrijos.
El nivel de expectativas generadas entre los panameños, es similar a la producida en el exterior. El encuentro en Panamá puede contribuir a dar forma a iniciativas de interés continental. La lista de temas podría incluir, entre otros, programas solidarios para erradicar la pobreza, iniciativas para impulsar una estrategia energética regional, junto con proyectos de infraestructura, de comunicaciones, de seguridad marítima e involucrar a la comunidad internacional en el gran desafío de este siglo: la ampliación del Canal de Panamá.
Además de la modernización de la vía acuática, podría sumarse también a la comunidad internacional en la expansión del transporte marítimo y la actividad portuaria, teniendo el Canal como eje y elemento determinante en la estrategia marítima nacional.
Eso fortalecería los nexos como socios comerciales con gobiernos y el sector privado de otros países y colocaría el tema de la neutralidad del canal como medida de defensa y protección.
Esa neutralidad es la única defensa frente a quienes pretenden convertir el Canal en objetivo del terrorismo internacional. Este es el momento para que Panamá reafirme su liderazgo ante la comunidad internacional como potencia marítima de primer orden y se encamine a convertirse en el principal centro logístico del hemisferio occidental. Su posición geográfica es un recurso natural incomparable al servicio de la región y del mundo.
La rápida recuperación de su espacio en el sistema internacional, logrado por las nuevas autoridades panameñas, vinculando los temas de la integración y el comercio, aportará la coherencia que demandan las actuales relaciones exteriores.
Un canal neutral requiere, al mismo tiempo, de un trabajo recíproco y de equilibrio con todos los bloques y naciones.
La vocación internacionalista de Panamá debe conducir sus relaciones exteriores por el camino del multilateralismo, con claras definiciones en los foros mundiales y ante los mecanismos de consulta y concertación regionales. Eso obliga a reestructurar el servicio exterior como una prolongación de las políticas internas y transformarlo en un instrumento del desarrollo económico nacional.
Las relaciones exteriores de Panamá, sin duda, saldrán fortalecidas con la próxima cita presidencial en ocasión del cambio de gobierno. Una política exterior de amistad y cooperación, afianzada en la dignidad nacional, es lo que se valora y respeta en un mundo cada vez más interdependiente.
Por eso, en las relaciones internacionales deben ponderarse los aspectos sociales, políticos, económicos y de seguridad, bajo el imperativo de la convivencia y el respeto mutuo.
El encuentro de mandatarios en Panamá es una oportunidad invalorable para imprimirle un nuevo rumbo a las relaciones exteriores que involucren la defensa de los intereses nacionales, a toda la sociedad y al Estado, y dejen de lado esa forma de mirar al mundo desde la óptica de las preferencias personales y de las coyunturas políticas.