Encuestas de percepción
NO HAY ningún hecho social que esté desvinculado de las condiciones imperantes, favorables o desfavorables, en el medio general del país en que tal hecho se produce. En ocasiones, perdemos de vista esa base real de las situaciones en que estamos pensando, cualesquiera sean las características del tema que es objeto de nuestra meditación. Dicha dependencia, que es casi el descubrimiento del agua tibia, no siempre guía el pensamiento de muchas personas.
Nuestro medio general no se distingue por la sabiduría de la mayor parte de sus habitantes, y más bien resulta proverbial y alarmante el bajo nivel de conocimientos de nuestra población. Tal circunstancia se hace más notoria cuando examinamos el funcionamiento de organismos públicos y sociales privados, porque en muchas esferas se palpan fácilmente las limitaciones culturales y de conocimiento, de que padecemos.
Los dos párrafos antecedentes resultan un introito fácil de captar, y los redactamos como una especie de ingreso al tema que nos sirve de carne y hueso de este artículo. Es sabido que el resultado de las encuestas depende, en mucho, del contenido y de la intención implícitos en la pregunta que se formula a las personas seleccionadas como muestra anónima. No es lo mismo preguntar "¿quiere Ud. que los soldados norteamericanos regresen a Panamá a pisotear el suelo patrio?", que formular el interrogante "¿quiere usted que los soldados norteamericanos se establezcan nuevamente en Panamá a defendernos del terrorismo internacional?". Por tal razón y otras adicionales, sobre todo las encuestas de percepción fácilmente pueden ser manipuladas y tener el rostro que cualquiera pinta con las preguntas a que se quiere respondan los encuestados, con mucha facilidad y con el propósito poco oculto de obtener el resultado al cual se le hace después la propaganda de conveniencia.
Hace poco, encuestas superdirigidas y prefabricadas utilizaron "Los cien días napoleínicos" para hace propaganda simplemente parcial. Y hasta se empleó la modalidad conocida de hacer un simulacro de votaciones, solicitándoles a los desprevenidos y satisfechos ciudadanos, hombres y mujeres, que por conducto del micrófono televisor contestaran con el sufragio "sí o no". La modalidad parece que alegró a los susodichos votantes. En esta última palabra no podemos ser "feministas" y usar el femenino "votantas", ya que el idioma no se presta, "en más de una ocasión", para esas maniobras que se creen muy femeninas. Pero allí estaba la batería de preguntas teledirigidas, ya que utilizando un poco dosis de cultura, ya se conoce el riesgo de que la persona (entre paréntesis, esta palabra tampoco tiene género) encuestada no puede saber a menudo qué se le está inquiriendo. Así, los autores de tan geniales recursos pueden mostrar sus resultados preconcebidos y cumplir la original y patriótica misión.
Conviene señalar, un poco de paso, que el panorama de estos días iniciales del quinto año de la nueva centuria no se muestra muy halagüeño para el destino nacional, porque nos acosan muy serios y graves problemas colectivos, para los cuales se comienza a destinar el método de las rápidas, enjundiosas y elocuentes sesiones extraordinarias, en las cuales habrá incógnitas desorientadoras que ubicar y resolver en artículos de leyes, mediante acertadas posiciones de curtidos y nuevos diputados (así cambió su denominación la última y taumatúrgica reforma constitucional), cuya holgada mayoría les permitirá cumplir el papel de hábiles prestigiditadores, que rápidamente sabrán poner toda esa problemática en su justo lugar. Algunos ejemplos: el derrumbe financiero de la Caja de Seguro; la archiconocida corrupción, vieja y nueva; los cambios personales e institucionales en el Organo Judicial; el déficit fiscal y la sed pecuniaria de la Patria Nueva; pero mejor es no seguir la enumeración, que termina en las nuevas esclusas canaleras, etc.
Regresando a nuestro tema de hoy. No somos enemigos de nadie que, en última instancia, lo que hace es ganarse honradamente a veces muchos y a veces pocos dólares, moneda cuyo centenario panameño acaba de pasar. Como el tema hoy seleccionado se volvió un poco escabroso, creemos que no habrá mucha oportunidad de reincidir en su tratamiento, ya que no tenemos más propósito que el de señalar, la mayor parte de las veces, los caracteres más psicodélicos de la realidad nacional.
¡Feliz Año Nuevo!
Nuestro medio general no se distingue por la sabiduría de la mayor parte de sus habitantes, y más bien resulta proverbial y alarmante el bajo nivel de conocimientos de nuestra población. Tal circunstancia se hace más notoria cuando examinamos el funcionamiento de organismos públicos y sociales privados, porque en muchas esferas se palpan fácilmente las limitaciones culturales y de conocimiento, de que padecemos.
Los dos párrafos antecedentes resultan un introito fácil de captar, y los redactamos como una especie de ingreso al tema que nos sirve de carne y hueso de este artículo. Es sabido que el resultado de las encuestas depende, en mucho, del contenido y de la intención implícitos en la pregunta que se formula a las personas seleccionadas como muestra anónima. No es lo mismo preguntar "¿quiere Ud. que los soldados norteamericanos regresen a Panamá a pisotear el suelo patrio?", que formular el interrogante "¿quiere usted que los soldados norteamericanos se establezcan nuevamente en Panamá a defendernos del terrorismo internacional?". Por tal razón y otras adicionales, sobre todo las encuestas de percepción fácilmente pueden ser manipuladas y tener el rostro que cualquiera pinta con las preguntas a que se quiere respondan los encuestados, con mucha facilidad y con el propósito poco oculto de obtener el resultado al cual se le hace después la propaganda de conveniencia.
Hace poco, encuestas superdirigidas y prefabricadas utilizaron "Los cien días napoleínicos" para hace propaganda simplemente parcial. Y hasta se empleó la modalidad conocida de hacer un simulacro de votaciones, solicitándoles a los desprevenidos y satisfechos ciudadanos, hombres y mujeres, que por conducto del micrófono televisor contestaran con el sufragio "sí o no". La modalidad parece que alegró a los susodichos votantes. En esta última palabra no podemos ser "feministas" y usar el femenino "votantas", ya que el idioma no se presta, "en más de una ocasión", para esas maniobras que se creen muy femeninas. Pero allí estaba la batería de preguntas teledirigidas, ya que utilizando un poco dosis de cultura, ya se conoce el riesgo de que la persona (entre paréntesis, esta palabra tampoco tiene género) encuestada no puede saber a menudo qué se le está inquiriendo. Así, los autores de tan geniales recursos pueden mostrar sus resultados preconcebidos y cumplir la original y patriótica misión.
Conviene señalar, un poco de paso, que el panorama de estos días iniciales del quinto año de la nueva centuria no se muestra muy halagüeño para el destino nacional, porque nos acosan muy serios y graves problemas colectivos, para los cuales se comienza a destinar el método de las rápidas, enjundiosas y elocuentes sesiones extraordinarias, en las cuales habrá incógnitas desorientadoras que ubicar y resolver en artículos de leyes, mediante acertadas posiciones de curtidos y nuevos diputados (así cambió su denominación la última y taumatúrgica reforma constitucional), cuya holgada mayoría les permitirá cumplir el papel de hábiles prestigiditadores, que rápidamente sabrán poner toda esa problemática en su justo lugar. Algunos ejemplos: el derrumbe financiero de la Caja de Seguro; la archiconocida corrupción, vieja y nueva; los cambios personales e institucionales en el Organo Judicial; el déficit fiscal y la sed pecuniaria de la Patria Nueva; pero mejor es no seguir la enumeración, que termina en las nuevas esclusas canaleras, etc.
Regresando a nuestro tema de hoy. No somos enemigos de nadie que, en última instancia, lo que hace es ganarse honradamente a veces muchos y a veces pocos dólares, moneda cuyo centenario panameño acaba de pasar. Como el tema hoy seleccionado se volvió un poco escabroso, creemos que no habrá mucha oportunidad de reincidir en su tratamiento, ya que no tenemos más propósito que el de señalar, la mayor parte de las veces, los caracteres más psicodélicos de la realidad nacional.
¡Feliz Año Nuevo!