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¿Encuestas verdaderas?


Con el advenimiento de la campaña política proliferan, durante ese lapso, las publicaciones de presuntas encuestas que supuestamente miden o auscultan las predilecciones o proclividades de los potenciales votantes para respaldar a una candidatura y/o a un partido político. Tales encuestas, no obstante, han resultado tan disparatadas e inverosímiles que cada vez que las publican más despiertan incredulidad dentro de un segmento creciente de conscientes observadores.
Es más, muchas personas las han desacreditado hasta el punto de manifestar que son el producto de la invención de quienes las fabrican, interesada y engañosamente, para influir en la decisión del votante que al momento del sufragio, y hasta un tiempo anterior, se encuentre indeciso. Otras, con una apreciación más severa y posiblemente más atinada, señalan que las encuestas de marras sólo reflejan las cifras y porcentajes de preferencias de quien al pagar por ellas desea que así se presenten, también con el avieso propósito de desanimar a muchos electores a votar por quienes les simpatizan y, en cambio, inducirlos a votar por otros que los encuestadores acomodadamente muestran con mayor opción de triunfo. Con esa maniobra, desvían una intención de voto al lograr que los votantes, sorprendidos, la cambien para no botar su voto. Además, persiguen desmoralizar a los benefactores, promotores y activistas de las candidaturas ficticiamente disminuidas, para que abandonen o reduzcan drásticamente sus ayudas y esfuerzos porque, según las encuestas, el continuarlos sería en balde. En Estados Unidos, país en que la forma de realizar encuestas se ha elevado a nivel de ciencia, en donde la investigación de los favoritismos o las necesidades, reales o inventadas, del potencial comprador se ejecuta, mide y computa con la mayor seriedad y eficiencia, y no se duda que hayan sido realizadas, han ocurrido ocasiones en que las famosas encuestas electorales -utilizadas análogamente a como se determina la aceptación de un producto en el mercado -han fallado estrepitosamente con ejemplos tan recientes como el de las votaciones en las juntas vecinales del Partido Demócrata en el estado de Iowa. En Panamá, los observadores se han percatado que difieren abismalmente con los resultados de las últimas votaciones acontecidas en 1994 y 1999. Ello ha dado como consecuencia que una gran mayoría las descalifique y se remitan a las de "carne y hueso". Simultáneamente, algunos candidatos ya han anunciado que con sus seguidores están haciendo, o van hacer, sus propias encuestas privadas que serían más creíbles. En efecto, según las más recientes encuestas supuestamente conducidas por más de una encuestadora, el candidato de la alianza oficialista sólo recibirá el apoyo de un porcentaje de votantes inferior al obtenido por el MOLIRENA en las últimas elecciones (1994 y 1999), que es sólo uno de los tres partidos tradicionales que actualmente lo respaldan sin ser el mayoritario de ellos; es más, es menos de la mitad del Arnulfista, que es el que lo es. El caudal básico (promedio de las votaciones para legisladores y representantes, y en casos hasta para presidente) del MOLIRENA fue de 10.7% y 9.3% para el "94 y el "99, respectivamente; mientras que fue de 13.7% y 20.4% para el Arnulfista. De igual modo fue de 2.5% y 6.3% para el Liberal Nacional, que es el tercer componente de la alianza encabezada por el Dr. José Miguel Alemán. Como mínimo, esa alianza debe alcanzar el 31.4%, sin tomar en cuenta los reacomodos de líderes regionales y comunales que al traspasarse de un partido a otro arrastran consigo cierta cantidad de votos cautivos, lo que hace variar ligeramente los caudales de cada candidatura. Tal 31.4% se obtiene al promediar las últimas dos votaciones; pero, resultan un 36% si sólo se toma en cuenta la última elección (1999) y 38.2% si se analizan por métodos estadísticos: el incremento, la tendencia y la ponderación entre ambas votaciones.
Las cifras expuestas revelan lo irreales de los porcentajes dizque arrojados por las encuestas. Ello es así porque los simpatizantes de un partido tradicional, con al menos 20 años de existencia y de ejercicio electoral, no se cambian de la noche a la mañana por candidaturas de otros partidos. En el fondo siempre subsisten las lealtades al símbolo y en casos específicos, a la doctrina, que limita el porcentaje de cambio a no más del 30% y eso en casos extraordinarios.
Tal ha sido el patrón en las elecciones, con excepciones a la regla como la de aquel partido nuevo que de la misma manera que se infló en una elección se desinfló en la siguiente. Por ello, resulta inconcebible que a alguien se le ocurra exponer en cifras que el candidato Alemán sólo recibirá los votos del MOLIRENA y nada del Arnulfista ni del Liberal Nacional; o que sólo cuente con la mitad del Arnulfista y nada del MOLIRENA ni del Liberal Nacional; o que por él sólo votarían las terceras partes de los simpatizantes y militantes de cada partido de su alianza; etc.
Algo parecido acaece con el candidato de Cambio Democrático quien, si bien es cierto es el abanderado de un partido relativamente nuevo, no es menos cierto que el colectivo ya alcanzó un 5.0% en la última votación sin tener candidato a la presidencia, por lo que ahora teniéndolo, y con talante combativo, es de esperarse un incremento y no una disminución en su captación de votos. Similar, pero a la inversa, es el caso del PRD que obtuvo un 24.6% en el "94, un 35.0% en el referéndum del "98 y 31.1% en el "99, promediando 30.2%. Por lo que si a este por ciento se le suma el pequeño que le añada su único aliado (ex PDC) -partido inflado artificialmente en el "99 por la candidatura presidencial de una figura ajena a ese colectivo y por el aporte brindado por disidentes arnulfistas (saltamontes) ya casi todos de regreso su alma mater, y también menguado por sufrir en su resto una honda división- es asaz improbable que iguale o rebase la votación por el candidato oficial en alguno de los escenarios posibles. Ello resulta particularmente evidente si a los guarismos de las candidaturas analizadas y contendoras del PRD se incluye los de la nómina Endara-Ford-Posse que, aunque prohijada por un pequeño partido, se percibe como depositaria tanto de los caudales de partidos extintos, como de una porción de los existentes que los respaldaron en la elección del "89 en su desafío o la dictadura policial, como del reducido porcentaje de los de simpatía que responden a motivaciones extrapartidarias.
En resumen, queda para el PRD y su aliado un porcentaje de la votación muy parecido al analizado por el otro camino. Por lo expuesto, e igual a lo ocurrido en el "99, las cifras de las vaporosas encuestas se muestran muy distantes de las que se determinen por el método analítico. En aquella oportunidad, en un artículo publicado dos semanas antes de las elecciones, se vaticinaba, por ese método, que la candidatura presidencial del PRD, en competencia entre tres, no llegaría a obtener el 38% de los votos y obtuvo el 37.82%, desmintiendo las encuestas que la proyectaba como ahora cerca del 42%. En la actual coyuntura, el pronóstico presenta un techo de 33.5%, en contienda entre cuatro.

101 años de Panamá América

 
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