Encuestas y la realidad panameña
Los amaneceres panameños me son diferentes desde hace un tiempo. La algarabía de los pájaros y el sol mañanero siguen presentes, mas se perciben rastros de una presencia ajena a la brisa, una pesadez... una incertidumbre omnisciente que se levanta diariamente de nuestro lecho e invade nuestros pensamientos al transcurrir el día: La esperanza en el nuevo lustro al parecer se esfuma entre protestas, intrigas y encuestas...
Dentro de pocos meses se cumple el primer año de gobierno y tenemos de nuestro lado unas cuantas promesas y una serie de leyes que nacieron para la política y no para el bien común. En la actualidad se ha ahogado en politiquería la estrategia financiera: la discusión contenciosa poco a poco se está convirtiendo en una pugna de poderes y nombramientos; y recientemente hacen noticia unas encuestas que la oposición usa para legitimar sus verdades sui generis y que el gobierno trata de desestimar. Este es el panorama que el panameño promedio obtiene cuando se levanta a desayunar: boletines informativos que se dan gusto ordeñando esta dicotomía cansona de oficialismo y oposición. De trasfondo tenemos los eventos que están sucediendo en Perú, en Venezuela y en el remoto paraíso de Fiji: antes cautivador de turistas, ahora cautivo a manos de insurgentes.
Aquella modorra que se apoderó de nosotros hace casi un año y que nos hizo presa de una inercia fiel a la esperanza se está esfumando. Temo por el orden social cuando veo la apatía cambiar de manos: en un principio al pueblo hizo presa de sus encantos, ahora es la elite de poder -estén a favor o en contra del gobierno- que inocentemente se engaña, con apacible desdén, ante la situación actual. Es un grave error embaucar al prójimo pero es una equivocación garrafal engañarse. Si las encuestas muestran un declive significativo en la opinión del público, debe ser por una razón en particular; es un indicio que debe captar la atención de los regentes para cambiar el rumbo de sus ideas y de sus actos. Olvidemos los matices políticos por un momento, pues el meollo del asunto es sencillo...es como en la escuela: Si uno sacaba mala nota en un examen, uno se esforzaba para aprobar con creces el siguiente; uno no seguía fracasando hasta ser expulsado del plantel.
El gobierno no debe temerle a la supuesta ventaja de la oposición, pues esa información no va ocasionar un cambio inmediato en las riendas del Estado. Sin embargo, la incredulidad del gobierno es peligrosa ante la volatilidad del panorama local y mundial. Seria una buena idea escuchar, ya que el estar en desventaja no es del todo malo, el estar perdiendo te da más voluntad de triunfo cuando tu rival se encuentra adormecido por una victoria aparente.
Dentro de pocos meses se cumple el primer año de gobierno y tenemos de nuestro lado unas cuantas promesas y una serie de leyes que nacieron para la política y no para el bien común. En la actualidad se ha ahogado en politiquería la estrategia financiera: la discusión contenciosa poco a poco se está convirtiendo en una pugna de poderes y nombramientos; y recientemente hacen noticia unas encuestas que la oposición usa para legitimar sus verdades sui generis y que el gobierno trata de desestimar. Este es el panorama que el panameño promedio obtiene cuando se levanta a desayunar: boletines informativos que se dan gusto ordeñando esta dicotomía cansona de oficialismo y oposición. De trasfondo tenemos los eventos que están sucediendo en Perú, en Venezuela y en el remoto paraíso de Fiji: antes cautivador de turistas, ahora cautivo a manos de insurgentes.
Aquella modorra que se apoderó de nosotros hace casi un año y que nos hizo presa de una inercia fiel a la esperanza se está esfumando. Temo por el orden social cuando veo la apatía cambiar de manos: en un principio al pueblo hizo presa de sus encantos, ahora es la elite de poder -estén a favor o en contra del gobierno- que inocentemente se engaña, con apacible desdén, ante la situación actual. Es un grave error embaucar al prójimo pero es una equivocación garrafal engañarse. Si las encuestas muestran un declive significativo en la opinión del público, debe ser por una razón en particular; es un indicio que debe captar la atención de los regentes para cambiar el rumbo de sus ideas y de sus actos. Olvidemos los matices políticos por un momento, pues el meollo del asunto es sencillo...es como en la escuela: Si uno sacaba mala nota en un examen, uno se esforzaba para aprobar con creces el siguiente; uno no seguía fracasando hasta ser expulsado del plantel.
El gobierno no debe temerle a la supuesta ventaja de la oposición, pues esa información no va ocasionar un cambio inmediato en las riendas del Estado. Sin embargo, la incredulidad del gobierno es peligrosa ante la volatilidad del panorama local y mundial. Seria una buena idea escuchar, ya que el estar en desventaja no es del todo malo, el estar perdiendo te da más voluntad de triunfo cuando tu rival se encuentra adormecido por una victoria aparente.