Endara en Chiriquí
El 5 de julio, en el Hotel Puerta del Sol de David, Chiriquí, pronuncié el siguiente discurso: Cuando hace algunos meses Guillermo Endara entró en el tinglado político, publiqué un artículo titulado: “Votemos por Endara”. ¿Por qué hice una declaración tan terminante? Porque creemos en él, porque demostró que es un patriota incorruptible, porque es un hombre que piensa y actúa como un estadista responsable y capaz.
El poder significa para Guillermo Endara un reto y una esperanza. Confucio dijo, hace más de dos mil años, que gobernar es rectificar. Y Endara tendrá mucho que rectificar. Tendrá que ver con lupa lo que movió a eximir del pago de más de mil millones de dólares de impuestos a la empresa Panama Ports. Y cuál fue la mano siniestra que movió los hilos para que se aprobara el CEMIS a tambor batiente. Y cómo quedaron integrados en la Corte Suprema de Justicia elementos que sólo exhibían como idoneidad el amiguismo y el compadrazgo. Y mucho tendrá que hacer para resolver la catástrofe que impera en el Seguro Social y tantas otras entidades oficiales.
Endara dijo, y ha repetido, que la administración de justicia “sería liberada del secuestro”, enviando a la cárcel a funcionarios delincuentes “de saco y corbata, para que no puedan pasearse orondos frente a nuestras narices o escapar al extranjero a disfrutar el producto de lo ilícito”. Sí, tendrá que acabar con la idea generalizada de que en Panamá sólo van presos los pobres.
Tendrá que mandar a los corruptos a la cárcel, aunque sean millonarios, o pobres enriquecidos a las sombras del poder. A los nuevos ricos tramposos tampoco les vendría mal una bonita celda en las cárceles de la República.
Endara sabe bien que no le espera un lecho de rosas.
El desempleo, la delincuencia y la corrupción se han hecho males endémicos en el país.
La economía, la salud, la educación y la justicia están en baja. Si en 1989 heredó un basurero, ahora tendrá que hacer un esfuerzo heroico para salir de otro. Tendrá que barrer toda la basura. Si la palabra revolución no estuviera tan desprestigiada, diría que le espera una verdadera revolución.
La historia le está ofreciendo otro momento estelar de reivindicación nacional. La historia ya ha empezado a señalarlo como a uno de los mejores estadistas que ha tenido la República.
Endara fue el que sacó al país del profundo pozo maloliente en que había caído. Y ahora tendrá que repetir otro esfuerzo enorme para salvar a la Nación.
Esencialmente hablando, Endara es un hombre honrado. Cuando terminó su mandato no quiso aceptar el puesto que le correspondía en el PARLACEN, y así huir de sus responsabilidades presidenciales con una inmunidad sospechosa. No, durante los cinco años posteriores a su mandato no salió ni un solo día del país, esperando que alguien lo acusara de algún hecho de corrupción que se hubiera producido en su gobierno, ¡y nadie se atrevió a denunciarlo!
También se le reconoció que hubiera rechazado las cuentas secretas millonarias de las que hubiera podido hacer uso como Presidente. Igualmente, se le elogió mucho que hubiera nombrado a ciudadanos intachables como guardianes de las finanzas estatales.
Nunca podremos olvidar a un Chinchorro Carles, a un Lucho Moreno, a un Mario Galindo, a un Guillermo Ford, a un Billy Quijano, y a muchos otros, que brillaron por su integridad moral y su extraordinaria competencia. También recordamos a Endara, porque realizó unas elecciones ejemplares en la historia de la República.
Con la entrada de Endara al escenario político, vemos con recuperada esperanza que un hombre honrado vuelva por los fueros presidenciales.
Cuando Guillermo Endara repitió en mi programa radial, hace algunos meses, que rebajaría los sueldos altísimos del presidente, los ministros y los otros altos dignatarios del Estado, porque no estaba de acuerdo con el criterio infeliz de que había que subírselos para evitar que robaran, se ganó la entera voluntad del pueblo chiricano. Y no era un decir, dio múltiples ejemplos durante su mandato.
En 1951, no sólo los colombianos sino todo el continente miraban con zozobra y ansiedad la tragedia política que desgarraba al país hermano.En ese momento, desde Panamá, uno de los hombres más ilustres que ha tenido la República, José Isaac Fábrega, publicó un ensayo vibrante y enérgico que tituló: “O Lleras Camargo, o el caos”. Y así fue, Lleras Camargo sacó de la tragedia al pueblo colombiano.
Hoy quiero terminar, parafraseando a José Isaac Fábrega: ¡O Guillermo Endara, o el caos. ¡Sí señores!
El poder significa para Guillermo Endara un reto y una esperanza. Confucio dijo, hace más de dos mil años, que gobernar es rectificar. Y Endara tendrá mucho que rectificar. Tendrá que ver con lupa lo que movió a eximir del pago de más de mil millones de dólares de impuestos a la empresa Panama Ports. Y cuál fue la mano siniestra que movió los hilos para que se aprobara el CEMIS a tambor batiente. Y cómo quedaron integrados en la Corte Suprema de Justicia elementos que sólo exhibían como idoneidad el amiguismo y el compadrazgo. Y mucho tendrá que hacer para resolver la catástrofe que impera en el Seguro Social y tantas otras entidades oficiales.
Endara dijo, y ha repetido, que la administración de justicia “sería liberada del secuestro”, enviando a la cárcel a funcionarios delincuentes “de saco y corbata, para que no puedan pasearse orondos frente a nuestras narices o escapar al extranjero a disfrutar el producto de lo ilícito”. Sí, tendrá que acabar con la idea generalizada de que en Panamá sólo van presos los pobres.
Tendrá que mandar a los corruptos a la cárcel, aunque sean millonarios, o pobres enriquecidos a las sombras del poder. A los nuevos ricos tramposos tampoco les vendría mal una bonita celda en las cárceles de la República.
Endara sabe bien que no le espera un lecho de rosas.
El desempleo, la delincuencia y la corrupción se han hecho males endémicos en el país.
La economía, la salud, la educación y la justicia están en baja. Si en 1989 heredó un basurero, ahora tendrá que hacer un esfuerzo heroico para salir de otro. Tendrá que barrer toda la basura. Si la palabra revolución no estuviera tan desprestigiada, diría que le espera una verdadera revolución.
La historia le está ofreciendo otro momento estelar de reivindicación nacional. La historia ya ha empezado a señalarlo como a uno de los mejores estadistas que ha tenido la República.
Endara fue el que sacó al país del profundo pozo maloliente en que había caído. Y ahora tendrá que repetir otro esfuerzo enorme para salvar a la Nación.
Esencialmente hablando, Endara es un hombre honrado. Cuando terminó su mandato no quiso aceptar el puesto que le correspondía en el PARLACEN, y así huir de sus responsabilidades presidenciales con una inmunidad sospechosa. No, durante los cinco años posteriores a su mandato no salió ni un solo día del país, esperando que alguien lo acusara de algún hecho de corrupción que se hubiera producido en su gobierno, ¡y nadie se atrevió a denunciarlo!
También se le reconoció que hubiera rechazado las cuentas secretas millonarias de las que hubiera podido hacer uso como Presidente. Igualmente, se le elogió mucho que hubiera nombrado a ciudadanos intachables como guardianes de las finanzas estatales.
Nunca podremos olvidar a un Chinchorro Carles, a un Lucho Moreno, a un Mario Galindo, a un Guillermo Ford, a un Billy Quijano, y a muchos otros, que brillaron por su integridad moral y su extraordinaria competencia. También recordamos a Endara, porque realizó unas elecciones ejemplares en la historia de la República.
Con la entrada de Endara al escenario político, vemos con recuperada esperanza que un hombre honrado vuelva por los fueros presidenciales.
Cuando Guillermo Endara repitió en mi programa radial, hace algunos meses, que rebajaría los sueldos altísimos del presidente, los ministros y los otros altos dignatarios del Estado, porque no estaba de acuerdo con el criterio infeliz de que había que subírselos para evitar que robaran, se ganó la entera voluntad del pueblo chiricano. Y no era un decir, dio múltiples ejemplos durante su mandato.
En 1951, no sólo los colombianos sino todo el continente miraban con zozobra y ansiedad la tragedia política que desgarraba al país hermano.En ese momento, desde Panamá, uno de los hombres más ilustres que ha tenido la República, José Isaac Fábrega, publicó un ensayo vibrante y enérgico que tituló: “O Lleras Camargo, o el caos”. Y así fue, Lleras Camargo sacó de la tragedia al pueblo colombiano.
Hoy quiero terminar, parafraseando a José Isaac Fábrega: ¡O Guillermo Endara, o el caos. ¡Sí señores!