Endara y la coyuntura actual
La vida da muchas vueltas y en política, agrego yo, muchas vueltas más. La salida del escenario electoral de Alberto Vallarino traería, como consecuencia lógica, la inserción en el mismo de nuevas alternativas. Guillermo Endara sale a la palestra pública y manifiesta que acepta el reto de intentar un segundo período de gobierno. Permítanme algunas consideraciones. Viví al lado de Guillermo Endara momentos duros y difíciles de la lucha contra la dictadura militar y conozco bien su determinación.
Fui Viceministro y Ministro de Estado durante su gobierno, lo que me permite conocer su forma de conducir un gobierno, sobre todo en las duras e incomprendidas circunstancias en las que le tocó gobernar y dar los primeros pasos para consolidar la democracia representativa en el país luego de la debacle norieguista y reactivar su economía. Puedo decir que es tolerante, pero no puedo decir que carece de carácter.
En la adversidad se crece y cuando toma una decisión, es duro sacarle su revocatoria. Lo vi ser amigo, pero también lo vi ser enérgico cuando, a pesar de la amistad, debía imponer una decisión de gobierno. Fue, para los propósitos que nos ocupan, un hombre honesto y gobernó con honestidad y austeridad. Cosa rara en estos tiempos.
No obstante lo anterior, las características positivas que sin duda emergen de la personalidad de Endara, no son suficientes para enfrentarse al reto que ha aceptado.
El momento actual, si bien es cierto que existe un gran desánimo y falta de esperanza en un amplio sector de los electores que vimos en Alberto Vallarino una sólida y real opción de verdaderos cambios, no es menos cierto que aún faltan motivos para atraerlos a otro movimiento que signifique para ellos algo similar.
Además, el caudal político de Alberto no lo tiene Endara, en estos momentos, aunque sí sobrepasa el de muchos otros aspirantes. Cualquiera sea el camino que se escoja para impulsar su candidatura, pasará por los mismos o peores obstáculos que impidieron una candidatura de Alberto. Sin embargo, si logra cautivar ese gran descontento nacional contra el tradicionalismo político, cuidado con un hijo macho, como dice el refrán.
Los tiempos son otros y las generaciones han cambiado. Comparto el criterio de que esta elección hubiera sido la indicada para marcar un cambio generacional en el liderazgo político.
Endara está al tanto de esto y lo ha manifestado así, pero su candidatura vuelve a ser hoy, como en 1989, un medio para lograr el necesitado cambio y no un fin político por sí misma. Si así se entiende, se comienza a caminar bien. Espero y confío que a él no lo asalten en el camino las pequeñeces y las gulas que asaltaron el tramo final de Alberto y que, mucho menos, sea víctima de las maleanterías que frustraron el otro proyecto.
Nada es seguro, lo único que Endara necesita es amplitud de maniobra para estructurar un proyecto político que le sirva de plataforma coherente para ofrecerlo electoralmente y que el país vea en él una propuesta seria y no una politiquera y oportunista.
No se puede avanzar sin un programa de gobierno que refleje el compromiso claro de qué se hará en función de gobierno. Aunque su candidatura, si avanza, capitalizará mucho el sentimiento de la gente, no todo es corazón y el momento que vive el país demanda compromisos serios para con el futuro en función de detener la realidad económica imperante y darle paso a mejores días, alejados de la improvisación y de la repartidera política. Se requiere entender el entorno mundial y, con énfasis, el regional, al cual Panamá se encuentra inexorablemente vinculada. No se trata de rehacer o de completar lo que no se hizo del "89 al "94. Se trata, en suma, de darle al país la dirección correcta para encaminar su desarrollo, rescatando el norte perdido, procurando buscar trabajar bajo un gran manto de sincera unidad nacional. Para atraer a mucha gente, se necesita mucha seriedad en el proyecto, preparándose bien para debatirlo y sustentarlo en el momento oportuno, como señal inequívoca de compromiso personal.
La organización y la disciplina serán fundamentales, ya que de los caminos hacia el poder, a Endara le tocará el más difícil, teniendo que enfrentar la mala fe oficialista y la innegable organización política del PRD, el otro eslabón del bipartidismo tradicional. Lo que está en juego no es relajo ni tampoco se puede fraguar desde El Prado.
222 Las consecuencias de la improvisación, del populismo, de la arrogancia política la hemos pagado caro todos, aunque algunos aún no se hayan dado cuenta.
El país demanda compromiso, sacrificio, dedicación y objetivos claros. Las consecuencias de la improvisación, del populismo, de la arrogancia política la hemos pagado caro todos, aunque algunos aún no se hayan dado cuenta. A éstos, ya se encargará el país de recordárselo y pedirles cuentas claras. En este momento, Endara debe dar paso a sus dotes de estadista y comenzar a sumar apoyos importantes de tanta gente buena que se puede inspirar en su honestidad, para ayudarlo a construir su proyecto político de rescate nacional. Si esta nueva etapa no se entiende clara, todo lo demás sale sobrando.
Por obvias razones, su entorno personal y político se nutre de las opiniones de amigos de una generación que ya es pasado-algunos viven en él- y que no tienen por qué entender la realidad actual.
La experiencia de éstos es de gran valía, pero cuidado con prestarle atención a los viejos métodos, cuando hay una juventud que vota, mucha de la cual no recuerda a Endara, que hay que atraer en función del futuro y de las oportunidades para ellos en ese escenario. En los últimos años hemos dedicado mucho tiempo a pensar y diseñar el tipo de país que un gobierno de Alberto Vallarino le hubiera ofrecido a la Nación.
Muchos sectores contribuyeron desinteresadamente en ello y los resultados están allí para nutrir un proyecto político con igual o similar visión nacional. Guillermo Endara, reitero, aporta honestidad y experiencia política.
Los demás complementos, una vez se comprenda bien que no estamos en 1989, se le pueden adicionar e intentar salvar al país del marasmo en que se encuentra, devolviéndole la fe perdida a todos los que creemos que nos merecemos mejor suerte como electores.
Si esa visión se llega a plasmar como proyecto y el país comprende lo que nos estamos jugando, Guillermo Endara, puede volver a ser Presidente de una transición distinta, la de la renovación del liderazgo político con visión y sentido de Patria. Una gran tarea por delante, mi apreciado Presidente.
Fui Viceministro y Ministro de Estado durante su gobierno, lo que me permite conocer su forma de conducir un gobierno, sobre todo en las duras e incomprendidas circunstancias en las que le tocó gobernar y dar los primeros pasos para consolidar la democracia representativa en el país luego de la debacle norieguista y reactivar su economía. Puedo decir que es tolerante, pero no puedo decir que carece de carácter.
En la adversidad se crece y cuando toma una decisión, es duro sacarle su revocatoria. Lo vi ser amigo, pero también lo vi ser enérgico cuando, a pesar de la amistad, debía imponer una decisión de gobierno. Fue, para los propósitos que nos ocupan, un hombre honesto y gobernó con honestidad y austeridad. Cosa rara en estos tiempos.
No obstante lo anterior, las características positivas que sin duda emergen de la personalidad de Endara, no son suficientes para enfrentarse al reto que ha aceptado.
El momento actual, si bien es cierto que existe un gran desánimo y falta de esperanza en un amplio sector de los electores que vimos en Alberto Vallarino una sólida y real opción de verdaderos cambios, no es menos cierto que aún faltan motivos para atraerlos a otro movimiento que signifique para ellos algo similar.
Además, el caudal político de Alberto no lo tiene Endara, en estos momentos, aunque sí sobrepasa el de muchos otros aspirantes. Cualquiera sea el camino que se escoja para impulsar su candidatura, pasará por los mismos o peores obstáculos que impidieron una candidatura de Alberto. Sin embargo, si logra cautivar ese gran descontento nacional contra el tradicionalismo político, cuidado con un hijo macho, como dice el refrán.
Los tiempos son otros y las generaciones han cambiado. Comparto el criterio de que esta elección hubiera sido la indicada para marcar un cambio generacional en el liderazgo político.
Endara está al tanto de esto y lo ha manifestado así, pero su candidatura vuelve a ser hoy, como en 1989, un medio para lograr el necesitado cambio y no un fin político por sí misma. Si así se entiende, se comienza a caminar bien. Espero y confío que a él no lo asalten en el camino las pequeñeces y las gulas que asaltaron el tramo final de Alberto y que, mucho menos, sea víctima de las maleanterías que frustraron el otro proyecto.
Nada es seguro, lo único que Endara necesita es amplitud de maniobra para estructurar un proyecto político que le sirva de plataforma coherente para ofrecerlo electoralmente y que el país vea en él una propuesta seria y no una politiquera y oportunista.
No se puede avanzar sin un programa de gobierno que refleje el compromiso claro de qué se hará en función de gobierno. Aunque su candidatura, si avanza, capitalizará mucho el sentimiento de la gente, no todo es corazón y el momento que vive el país demanda compromisos serios para con el futuro en función de detener la realidad económica imperante y darle paso a mejores días, alejados de la improvisación y de la repartidera política. Se requiere entender el entorno mundial y, con énfasis, el regional, al cual Panamá se encuentra inexorablemente vinculada. No se trata de rehacer o de completar lo que no se hizo del "89 al "94. Se trata, en suma, de darle al país la dirección correcta para encaminar su desarrollo, rescatando el norte perdido, procurando buscar trabajar bajo un gran manto de sincera unidad nacional. Para atraer a mucha gente, se necesita mucha seriedad en el proyecto, preparándose bien para debatirlo y sustentarlo en el momento oportuno, como señal inequívoca de compromiso personal.
La organización y la disciplina serán fundamentales, ya que de los caminos hacia el poder, a Endara le tocará el más difícil, teniendo que enfrentar la mala fe oficialista y la innegable organización política del PRD, el otro eslabón del bipartidismo tradicional. Lo que está en juego no es relajo ni tampoco se puede fraguar desde El Prado.
222 Las consecuencias de la improvisación, del populismo, de la arrogancia política la hemos pagado caro todos, aunque algunos aún no se hayan dado cuenta.
El país demanda compromiso, sacrificio, dedicación y objetivos claros. Las consecuencias de la improvisación, del populismo, de la arrogancia política la hemos pagado caro todos, aunque algunos aún no se hayan dado cuenta. A éstos, ya se encargará el país de recordárselo y pedirles cuentas claras. En este momento, Endara debe dar paso a sus dotes de estadista y comenzar a sumar apoyos importantes de tanta gente buena que se puede inspirar en su honestidad, para ayudarlo a construir su proyecto político de rescate nacional. Si esta nueva etapa no se entiende clara, todo lo demás sale sobrando.
Por obvias razones, su entorno personal y político se nutre de las opiniones de amigos de una generación que ya es pasado-algunos viven en él- y que no tienen por qué entender la realidad actual.
La experiencia de éstos es de gran valía, pero cuidado con prestarle atención a los viejos métodos, cuando hay una juventud que vota, mucha de la cual no recuerda a Endara, que hay que atraer en función del futuro y de las oportunidades para ellos en ese escenario. En los últimos años hemos dedicado mucho tiempo a pensar y diseñar el tipo de país que un gobierno de Alberto Vallarino le hubiera ofrecido a la Nación.
Muchos sectores contribuyeron desinteresadamente en ello y los resultados están allí para nutrir un proyecto político con igual o similar visión nacional. Guillermo Endara, reitero, aporta honestidad y experiencia política.
Los demás complementos, una vez se comprenda bien que no estamos en 1989, se le pueden adicionar e intentar salvar al país del marasmo en que se encuentra, devolviéndole la fe perdida a todos los que creemos que nos merecemos mejor suerte como electores.
Si esa visión se llega a plasmar como proyecto y el país comprende lo que nos estamos jugando, Guillermo Endara, puede volver a ser Presidente de una transición distinta, la de la renovación del liderazgo político con visión y sentido de Patria. Una gran tarea por delante, mi apreciado Presidente.