Endara y los cristianos
Reflexionaban los Obispos de Panamá en su Carta Pastoral “sobre el momento político actual” en el año 1984: “La Iglesia debe acompañar a los hombres en las situaciones concretas de la vida individual y social. Su misión es iluminar las exigencias del Reino de Dios y promover las actitudes de conversión y honestidad en personas y grupos” (Carta Pastoral de la Conferencia Episcopal Panameña, No.28). Motivado por esta idea-fuerza, respondo a este requerimiento de concienciar e iluminar a los cristianos en su responsabilidad política teniendo como referencia de ética y moral política a Guillermo Endara.
Si algo quedó claro en la memoria histórica de los cristianos a la conclusión del mandato presidencial de Endara el 1ro. de septiembre de 1994, fue que se combatió con firmeza y vehemencia la corrupción política, lo que sacó al país del colapso financiero, fomentó el crecimiento económico, promovió el desarrollo social y moral dentro del marco de un régimen honestamente democrático, de vigencia a los derechos humanos, elecciones libres, apego a la ley y subordinación de la Fuerza Pública. Indiscutiblemente es un gigante moral que dignificó y ennobleció el difícil arte de la política; nos enseñó que la política tiene una dimensión moral al crear las condiciones para que panameños y panameñas tuviésemos mejores oportunidades para asumir nuestra responsabilidad y desarrollarnos plena e integralmente. Fundamentó su praxis política sobre la base de principios éticos demostrando que la verdadera política debe ser consubstancial con la ética.
Los cristianos debemos recordar que Guillermo Endara, en la inauguración del II Congreso Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, el 11 de junio de 1993, reflexionó y practicó lo siguiente: “A título de ejemplo, que en 1991 expedí un decreto ejecutivo estableciendo los principios éticos que deben normar la conducta oficial de todos los funcionarios públicos de mi administración”. Además, como estadista probado y honrado, con visión de futuro, nos enseñó que “...es de fundamental importancia que el proceso electoral que se avecina sea un ejercicio cívico del pueblo panameño que contribuya a consolidar la democracia en nuestro país. Constituye más que una obligación cívica, un imperativo ético y moral de todos los componentes de la nación panameña”. En lenguaje de Diego Domínguez Caballero es la imperiosa necesidad de que el panameño adopte una actitud o talante ético en la solución de sus problemas políticos, económicos y sociales, y que no podremos sobrevivir como nación sin ética que guíe y de sentido a nuestra existencia.
Al renunciar Endara a la inmunidad que acuerdos internacionales le conferían de 1994 a 1999, comprobó la transparencia y honestidad de su gestión pública; renunció a la remuneración que dicho tratado les reserva a los ex presidentes en el PARLACEN, a pesar de que la incorporación de Panamá al Sistema de la Integración Centroamericana había sido obra de su gobierno.
Ante el fracaso de la gestión de la presidenta Mireya Moscoso, que dicho sea de paso es antidemocrática (concentrados los poderes en una sola autoridad) y antipopular por su gravísima responsabilidad de la crisis económica, social y fiscal que afecta al país, tenemos la obligación moral y cívica de resolver el siguiente dilema dentro del marco de la civilidad y la democracia que representan las elecciones libres: votar por los candidatos del bipartidismo político (Mireyista-PRD) o apoyar al candidato Endara de la llamada nueva fuerza democrática. Los cristianos estamos en medio del mundo para cumplir una misión profética: ser fermento para nuestra sociedad. Este es el dilema que se nos plantea y ésta la decisión que se nos pide hoy. Votar por Guillermo Endara es la única oportunidad histórica para que juntos, sepultemos el bipartidismo político Mireyista-PRD, consolidemos la democracia, así como reactivar el progreso.
El compatriota Endara posee una vida ejemplar que encarna sencillez, humildad y servicio al estilo de Jesús. El resume la esperanza de todo un pueblo, los deseos de los hombres y mujeres de vocación y corazón democrático, y la confianza de hombres y mujeres honestos y decentes de este país que votarán por la propuesta de la decencia y la anticorrupción.
Es nuestra única oportunidad para fortalecer los valores cívicos y morales con un ex presidente probado y honrado, que sin las limitaciones y los escollos de 1989 nuevamente fumigará la corrupción, fomentará la inversión, instaurará la seguridad jurídica, el crecimiento y el desarrollo en beneficio de nacionales y extranjeros que vivan a lo largo y ancho de nuestra geografía, pero con una clarísima opción preferencial por los pobres y marginados. Para que estos frutos se produzcan, se requiere humildad, disponibilidad, entrega y conocimiento de la realidad. El también tiene un compromiso de ponerse por entero en las manos del pueblo, escucharlo y servirle nuevamente con transparencia y honestidad, cuando hoy están en juego las opciones cristianas fundamentales y la consolidación de la democracia.
En una sociedad marcada por lo religioso, la ruptura con el bipartidismo político Mireyista-PRD, es una exigencia evangélica de deslegitimación de dos visiones políticas anacrónicas y obsoletas que son un freno a la consolidación política democrática y a la vivencia de los valores del Reino de Dios, como también a la vivencia de valores cívicos y morales.
Es importante que los cristianos de vocación democrática, anhelantes de una gestión pública eficiente, transparente y honesta, votemos por los candidatos que respalden y apoyen el programa de salvación nacional de nuestro gigante moral Guillermo Endara.
Si algo quedó claro en la memoria histórica de los cristianos a la conclusión del mandato presidencial de Endara el 1ro. de septiembre de 1994, fue que se combatió con firmeza y vehemencia la corrupción política, lo que sacó al país del colapso financiero, fomentó el crecimiento económico, promovió el desarrollo social y moral dentro del marco de un régimen honestamente democrático, de vigencia a los derechos humanos, elecciones libres, apego a la ley y subordinación de la Fuerza Pública. Indiscutiblemente es un gigante moral que dignificó y ennobleció el difícil arte de la política; nos enseñó que la política tiene una dimensión moral al crear las condiciones para que panameños y panameñas tuviésemos mejores oportunidades para asumir nuestra responsabilidad y desarrollarnos plena e integralmente. Fundamentó su praxis política sobre la base de principios éticos demostrando que la verdadera política debe ser consubstancial con la ética.
Los cristianos debemos recordar que Guillermo Endara, en la inauguración del II Congreso Nacional Pro Valores Cívicos y Morales, el 11 de junio de 1993, reflexionó y practicó lo siguiente: “A título de ejemplo, que en 1991 expedí un decreto ejecutivo estableciendo los principios éticos que deben normar la conducta oficial de todos los funcionarios públicos de mi administración”. Además, como estadista probado y honrado, con visión de futuro, nos enseñó que “...es de fundamental importancia que el proceso electoral que se avecina sea un ejercicio cívico del pueblo panameño que contribuya a consolidar la democracia en nuestro país. Constituye más que una obligación cívica, un imperativo ético y moral de todos los componentes de la nación panameña”. En lenguaje de Diego Domínguez Caballero es la imperiosa necesidad de que el panameño adopte una actitud o talante ético en la solución de sus problemas políticos, económicos y sociales, y que no podremos sobrevivir como nación sin ética que guíe y de sentido a nuestra existencia.
Al renunciar Endara a la inmunidad que acuerdos internacionales le conferían de 1994 a 1999, comprobó la transparencia y honestidad de su gestión pública; renunció a la remuneración que dicho tratado les reserva a los ex presidentes en el PARLACEN, a pesar de que la incorporación de Panamá al Sistema de la Integración Centroamericana había sido obra de su gobierno.
Ante el fracaso de la gestión de la presidenta Mireya Moscoso, que dicho sea de paso es antidemocrática (concentrados los poderes en una sola autoridad) y antipopular por su gravísima responsabilidad de la crisis económica, social y fiscal que afecta al país, tenemos la obligación moral y cívica de resolver el siguiente dilema dentro del marco de la civilidad y la democracia que representan las elecciones libres: votar por los candidatos del bipartidismo político (Mireyista-PRD) o apoyar al candidato Endara de la llamada nueva fuerza democrática. Los cristianos estamos en medio del mundo para cumplir una misión profética: ser fermento para nuestra sociedad. Este es el dilema que se nos plantea y ésta la decisión que se nos pide hoy. Votar por Guillermo Endara es la única oportunidad histórica para que juntos, sepultemos el bipartidismo político Mireyista-PRD, consolidemos la democracia, así como reactivar el progreso.
El compatriota Endara posee una vida ejemplar que encarna sencillez, humildad y servicio al estilo de Jesús. El resume la esperanza de todo un pueblo, los deseos de los hombres y mujeres de vocación y corazón democrático, y la confianza de hombres y mujeres honestos y decentes de este país que votarán por la propuesta de la decencia y la anticorrupción.
Es nuestra única oportunidad para fortalecer los valores cívicos y morales con un ex presidente probado y honrado, que sin las limitaciones y los escollos de 1989 nuevamente fumigará la corrupción, fomentará la inversión, instaurará la seguridad jurídica, el crecimiento y el desarrollo en beneficio de nacionales y extranjeros que vivan a lo largo y ancho de nuestra geografía, pero con una clarísima opción preferencial por los pobres y marginados. Para que estos frutos se produzcan, se requiere humildad, disponibilidad, entrega y conocimiento de la realidad. El también tiene un compromiso de ponerse por entero en las manos del pueblo, escucharlo y servirle nuevamente con transparencia y honestidad, cuando hoy están en juego las opciones cristianas fundamentales y la consolidación de la democracia.
En una sociedad marcada por lo religioso, la ruptura con el bipartidismo político Mireyista-PRD, es una exigencia evangélica de deslegitimación de dos visiones políticas anacrónicas y obsoletas que son un freno a la consolidación política democrática y a la vivencia de los valores del Reino de Dios, como también a la vivencia de valores cívicos y morales.
Es importante que los cristianos de vocación democrática, anhelantes de una gestión pública eficiente, transparente y honesta, votemos por los candidatos que respalden y apoyen el programa de salvación nacional de nuestro gigante moral Guillermo Endara.